No se puede generalizar y creer que la vida tiene un significado homogéneo y unívoco o, incluso, tenerlo a priori; por el contrario, cada uno decide tanto si tiene un significado o no.

Por David Lara Catalán

Louis Althusser murió el 22 de octubre de 1990, a la edad de 72 años. Junto con Gramsci representan, y tal vez sigan representando, una gran influencia del pensamiento marxista.
Los trabajos de Althusser resaltaron el papel de los aparatos ideológicos del Estado, un libro llamado Para Marx, una guía para leer el Capital, entre otras varias obras. Douglas Johnson, quien escribió la introducción a la autobiografía de Althusser titulada “The future lasts forever”. A memoir, señala que le dio una paliza a Sartre en un debate organizado en Paris. Althusser nació en Argelia, como Albert Camus o como Jacques Derrida o como el mismo San Agustín. La idea de estas líneas, sin embargo, no es para hablar de la obra filosófica de Althusser, sino más bien hablar de una cuestión que rodea a nuestra existencia humana, es decir, el significado de la vida.

Las preguntas del significado de la vida

Me parece que no se puede generalizar y creer que la vida tiene un significado homogéneo y unívoco o, incluso, tenerlo a priori; por el contrario, cada uno decide tanto si tiene un significado o no, así como en quién se deposita el cimiento de ese significado. Si somos un poco críticos con nosotros mismos, tal vez aceptemos que tenemos muchas preguntas acerca del significado de la vida, pero tal vez pocas o nulas respuestas. Casi siempre la pregunta sobre el significado de la vida aparece en momentos cruciales de nuestras vidas, cuando algo no funciona, cuando alguien cercano muere, o cuando la angustia existencial hace de las suyas, salvo estos casos, no es probable que nos preguntemos por el sentido o significado de la vida, insisto de modo crítico.

En noviembre de 1980, Althusser estranguló a Elena, su esposa, mientras le daba un masaje en el cuello. La vida de ambos no había sido cómoda. Ella no fue la hija que su madre deseaba, más bien deseaba un hijo; a la edad de 12 años inyectó a su madre la solución a su padecimiento de cáncer, algo que haría a los 13 años, pero ahora con su padre debido al mismo padecimiento. Desde luego, hubo un doctor que preparó todo para que ella ejecutara. Althusser fue prisionero de los alemanes por cuatro años y medio en el campo Schleswig-Holstein. Después de su liberación fue que estudió filosofía en la famosa escuela Normal de Paris. Fue prisionero también de la depresión y durante años recibió medicamentos e incluso descargas eléctricas.

Un hecho que opacó a Althusser

Respecto al asunto de la estrangulación, existen muchas versiones; sin duda algo que llama la atención es por qué Elena no intentó defenderse: un débil Althusser no habría soportado un empujón o un forcejeo, no se encontraron huellas de violencia. La explicación que se quiera dar es solamente una conjetura. ¿Había un deseo por la muerte? Conjetura nada más. Este hecho sin duda opacó las aportaciones de Althusser y suscitó un sinfín de comentarios en contra de los marxistas y de la filosofía. Una de las ideas de él que me gustaría subrayar es el de las figuras de la incongruencia como una constante en la vida humana. Hacemos lo que decimos que no haríamos, juzgamos a pesar de estar convencidos de que no es nuestro rol, acaso la hipocresía destaque como de las de mayor envergadura, en fin, existen tantos ejemplos.

Ser críticos

¿Cuál es el significado de la vida? ¿Qué se hace para tener una vida significativa, incluso en medio de tanta riqueza material o intelectual? ¿Buscar algo de congruencia dentro de nuestros pensamientos y acciones?
Desde luego que este es un asunto de reflexión y análisis. Al final cada uno decide si acepta la opción o no. Siempre existe un contexto histórico que nos invita a ser críticos con tal de poder interpretarlo de modo más certero. Al menos, atisbar nuestra fragilidad me parece que nos acerca a un modo de humildad de la que hoy no se ve mucho en nuestras sociedades, y que resulta tan necesaria para comprender al de enfrente.

P. D. Althusser solía pasearse en las calles del norte de Paris y gritaba: “Je suis le grand Althusser”. Je suis d’accord!

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