Por Hugo Alday Nieto

Los derechos de autor en el mundo tienen su sustento principal en el Convenio de Berna de 1886, que trata sobre la protección de las obras y los derechos de los autores como músicos, poetas, pintores y principalmente creadores de artes plásticas para regular quién usa sus obras, cómo las usa y que condiciones deben prevalecer, como derechos mínimos.

México se adhiere a este Convenio en 1967, pero además suscribe una gran diversidad de tratados multilaterales de protección a los derechos de autor como la Convención sobre la Propiedad Literaria y Artística, Convención Interamericana sobre Derechos de Autor, Convención Universal sobre los Derechos de Autor, Convenio de Roma, el acuerdo ADPIC, el Tratado OMPI sobre Derechos de Autor; así como diversos tratados bilaterales específicos sobre protección a derechos autorales con Estados Unidos, Francia, Alemania y Dinamarca, entre otros.

Sin embargo, México se adelantó tratándose de obras literarias desde la Constitución de 1824, en cuyo artículo 50 plasma dicha tutela, y posteriormente lo hará en el artículo 28 de las constituciones de 1857 y 1917, de las que es reglamentaria la Ley Federal del Derecho de Autor, de donde tenemos que rescatar que se sigue reconociendo la protección de las obras literarias por el simple hecho de plasmarse en un soporte material y sin necesidad de pasar por el proceso de registro.

En tal virtud vienen a mi memoria dos obras literarias que fueron parte fundamental del desarrollo político de México como “Regeneración”, fundado por Jesús y Ricardo Flores Magón, así como Antonio Horcasitas, cerca de 1900 y del cual participaron grandes pensadores y plumas con diversas obras literarias.

Otra obra de aquel movimiento fue “El Hijo del Ahuizote”, fundado por Daniel Cabrera, Manuel Pérez y Juan Sarabia, quienes fueron parte del grupo antipoirfirista sustento ideológico de la revolución mexicana, y que hace tiempo es explotada por un grupo de moneros.

A los derechos de autor, se les dice derechos en plural porque principalmente sustentan dos tipos de derechos en favor de los creadores de las obras y son los derechos patrimoniales a percibir regalías y que su obra ni se explote sin su autorización con una vigencia de toda la vida del autor y 100 años después de su muerte; y los derechos morales, que son inalienables, imprescriptibles e inembargables y que forman parte de la relación intrínseca entre el autor y su obra.

Curiosidades de la Ley Federal de Derechos de autor

Es así que releyendo en el nuevo Regeneración la vida de tan importantes personajes para nuestra historia, me percate que Ricardo Flores Magón falleció en 1922; que Jesús Flores Magón falleció en 1930; Daniel Cabrera en 1914; Manuel Pérez Bibbins en 1892, y Juan Sarabia en 1920, con lo que hace apenas poco más de un año que se cumplieron los 100 años después de la muerte de Ricardo Flores Magón para explotar sus obras sin pagar regalías y sin pedir autorización de sus causahabientes.

Lo mismo sucede con los padres de “El Hijo del Ahuizote”, que apenas en 2020 fue libre de explotarse con los 100 años de la muerte de Juan Sarabia; aún y cuando se ha explotado por más de una década.

Lo que me llama poderosamente la atención es que el artículo 29 de la Ley Federal del Derecho de Autor expresamente señala en su fracción segunda que: “Los derechos patrimoniales estarán vigentes durante: II.

Cuando la obra le pertenezca a varios coautores los cien años se contarán a partir de la muerte del último, y”; por lo tanto, la posibilidad de que los herederos de Jesús Flores Magón, puedan el algún momento prohibir el uso o demandar el pago de regalías por la explotación de “Regeneración”, ya que hasta el 2030 se cumplirían los 100 años después de su fallecimiento para explotarse sin autorización y sin pago e regalías, tal como lo señalan las leyes nacionales y los tratados internacionales esta allí. Esas son curiosidades que uno se encuentra cuando el insomnio acecha.

Otra curiosidad que está por convertirse en un excelente negocio en temas de derechos de autor son las campañas políticas, porque con ellas, aparece el uso y modificación no autorizados de música, con lo que parece que se pondrán interesantes los litigios en la materia.

No nos queda la menor duda de que el derecho autoral es una de las ramas fascinante del derecho, y con el uso de los medios digitales ya cubiertos a través de los tratados OMPI y las recientes reformas a la Ley Federal del Derecho de Autor, cada día es más accesible para los autores y sus causahabientes, hacer valer sus derechos en caso de requerirlo.

 

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