David Lara Catalán

 

 

A society without respect,
without the pathos of distance,
paves the way for the society of scandal.
Byung-Chul Han

 

 

La palabra respeto proviene del latín respectus y significa mirada atrás, atención intensa, consideración especial hacia uno. Cabría señalar que, si se habla de respeto por el otro, y no sólo de uno mismo, el respeto sería tener consideración especial por el otro, por el diferente, por aquel con el que no coincidimos ni intelectual ni afectivamente, y eso supone una tarea pedagógica titánica. Porque habría que decirlo para respetar y respetarnos hace falta estar educados no sólo escolarizados.
Me parece claro que buscamos ser respetados de mil maneras, y deseamos que el respeto hacia nosotros no sea sólo un acto de cortesía o cuestión de retórica, deseamos ser respetados de modo honesto ya sea por lo que hacemos, por lo que hemos logrado, por la manera en que pensamos, o ya sea que busquemos respeto por nuestras palabras, por nuestros discursos o por nuestros sentimientos, incluso por nuestro perfil racial. Es decir, nos gustaría contar con esa atención intensa por parte de quienes nos rodean, al menos. Ya si se puede ir un poco más allá de lo que nos rodea, pues bienvenido.

 

En busca del respeto propio y de los demás

Sí, sin duda que sí. Un individuo interesado en ser respetado busca construir un reconocimiento de su persona por todo lo ya citado y porque le ha dado un valor a su obra, a sus hechos; pone en juego -junto al respeto- también nociones como autoestima y un nivel de reconocimiento de sí mismo.

Sabe que lo realizado no ha sido por casualidad o de manera gratis. Mira atrás con atención lo que ha hecho y, precisamente por eso mismo, puede mirar hacia el presente y futuro con mucha mayor cautela. Puede, incluso, mirar a los demás -y respetarlos- desde este horizonte porque entiende la diferencia y la distancia que hay de por medio. Desde una situación de distancia es probable que encuentre sentido a lo realizado, lo comprenda mejor, con mucho más claridad y lucidez. La proximidad física o temporal, sin duda, podría neutralizar o bloquear esa visión de respeto.

 

Las nuevas reglas que trae internet

Esto último es justamente lo que hacen los medios electrónicos y las redes sociales, es decir, nos han acercado tanto entre nosotros que ya no percibimos, desde la ventaja que nos ofrece la objetivación, quién es quién, todos y todo resulta lo mismo y todo se convierte en la antítesis del respeto, me refiero al escándalo. Tal y como lo dice el texto que encabeza estas líneas.
Creo que hay que decirlo con todas sus letras, vivir del escándalo se ha convertido en toda una forma de vida, incluso es la añoranza de un rasgo ahora tan esencial en la vida humana, en muchos sectores, sin distinción de sexos ni edades. La cuestión que subyace a todo esto es: ¿cómo vivir con respeto en medio de la vorágine causada por una sociedad del escándalo? O, ¿debíamos ya renunciar por completo a la idea del respeto, incluso aquel que tiene que ver con nosotros mismos?

 

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

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