En Tulum, los edificios que se erigieron de la noche a la mañana en Bahía Soliman, una zona vulnerable, deberían ser demolidos. Grupo Pirámide ha dado a conocer las irregularidades en diversos artículos casi desde que comenzaron las obras en esa zona.

Pese a que en el noveno municipio proliferan las denuncias de fraudes y construcciones mal habidas, los responsables del gobierno municipal ahí siguen desde hace años en los mismos lugares.

Luciano Núñez

Hace unos años (cuando era estudiante) leí un artículo de opinión que me quedó grabado: “Las denuncias me tienen harto”. No recuerdo si la autoría era de Martín Caparrós o de Jorge Lanata. Dos popes del periodismo en el mundo latino.

Se trataba la reflexión de una profunda desesperanza ante la tendencia de los canales de televisión de exhibir, con cámara oculta, la corrupción que campeaba en los gobiernos de aquel entonces, encabezado por Carlos Saúl Menem.

Pasaron por la pantalla casos “difíciles de creer” y, la queja del periodista, se centraba en que el hilo se cortaba siempre por la zona más delgada, como suele pasar. Sin embargo, algo pasaba. Un detenido, un despedido, un preso. Aunque el tiempo terminó por darles la razón en cuanto al calado de la descomunal corrupción que serpenteaba por cada fibra de aquella gestión en Argentina.

Lo verdaderamente triste o desesperanzador es que la corrupción sea exhibida, sea constatada por la justicia, sea sentenciada y, en las estructuras de gobierno, no pase nada. Como si la virgen les hablara.

Casos de Tulum

Para ponerlo en concreto las irregularidades proliferan en Tulum: Primero fue el caso del llamado “cártel inmobiliario”, que involucró a varios funcionarios de gobierno; después, los hoteles estafas que se comercializan sólo con el “render” (noticia internacional en el portal Bloomberg) y, ahora, los edificios que se erigieron de la noche a la mañana en una zona vulnerable: en la bahía de Soliman, y que deberían ser demolidos, que sólo son una muestra de que todo es posible en Tulum. Todo. Todo y que no pase nada. Un personaje de este municipio asegura que la demolición nunca ocurrirá. “Está tanto en juego que difícilmente eso suceda”, me asegura.

Los funcionarios (ya hemos dado nombres: Habría que revisar dos años de trabajos especiales y opiniones) siguen ahí, quizás a la espera de otro cliente, de otro negocio, de otro despojo. Total no pasa nada. Hay viento a favor.

Da la sensación de que el bono de la 4T y a nula (o más bien bochornosa) oposición dan para todo, dan para más, incluso, para poner áreas clave en manos del legado político de Roberto Borge. Quizás, por ello, no me movió festejar el día del periodista: No hay mucho que festejar. Como dirían los periodistas citados: “me tienen harto las denuncias”.

Ingratitud

Dicen que la gratitud es de las vibraciones más hermosas del universo. Sin embargo, su práctica no es habitual en el maravilloso mundo de la política. Resulta que un grupo de actores políticos de la 4T, es decir, que forman parte del sistema, y que llegaron por la vía de las urnas que puso la misma 4T, están viendo peligrar su continuidad en el acogedor vientre de la aplanadora electoral y, bastante temprano, han salido a presionar buscando, desde luego, más espacios. Viven un mundo de caramelo que, desde luego, no quieren perder. Y el grado de desesperación los lleva a morder la mano que les dio de comer.

El caso más hilarante es el Isla Mujeres donde, el grupo beneficiado con dos presidencias municipales (un cacicazgo que lleva lustros y lustros), externó con twitazo su descontento por una falta de mención (incluso subsanada). Un despropósito que raya lo ridículo. No caben dudas de que el ego es un monstruo que devora rápidamente a quienes se suben al endeble ladrillo de la política. Además de los espacios quieren loas, loas y más loas. Como si la política fuera un escenario sólo para el aplauso. Esencialmente es servir. El arte de lo posible.

Impresentables

El problema que enfrenta el arco de la 4T es que, con la incorporación de figuras cuestionadísimas del PRI: La última (la fila es larga y abarcaría todo este espacio) es Paoly Perera, quien ingresó al TEC de Felipe Carrillo Puerto, seguramente, para suceder a Mary Hernández, cuyo mandato ha estado cerca del glamour, el escándalo, las fiestas y lejos de la productividad y las buenas prácticas.

¿No tienen Morena o el Partido Verde (PT ya no es parte de esta ecuación) a cuadros que puedan tomar los espacios de gobierno? O, realmente poco preocupa lo que digan el periodismo, las asociaciones, la justicia o incluso la propia ciudadanía? ¿Son tantos más eficientes estos personajes? ¿Más discretos? ¿Saben más trucos de gobierno?

La inercia de los perfiles cuestionados, sea en Tulum, en Carrillo Puerto o en cualquier área de gobierno, terminará revelando la esencia de quienes traen una genética imborrable y que ya conocimos. Mucha de esa genética irá a parar al Poder Judicial, que será controlado por la coalición dominante en otro paso hacia el control total.

Por ello, no hay mucho que festejar. Graves denuncias en el ámbito federal no han prosperado. Tampoco vemos que en ámbito local haya castigo ni mano dura. ¿Hay anestesia?

Días atrás los colegas de Chetumal honraron a los periodistas que se nos adelantaron. Me conmovió ver a nombres de profesionales que conocí y pensé: ¿Qué dirían de lo que pasa?: No encontré respuestas.

Por eso, hay días en los que siento que las denuncias no sirven para nada. Diría el título de un libro que homenajea a Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza.

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