Por Luciano Núñez

El gremio periodístico de Quintana Roo sigue de luto: además de los tres periodistas asesinados de manera violenta este año, esta semana se nos adelantó Rocío Villalobos, una joven periodista de actitud rebelde, como toda buena periodista y de gran capacidad de trabajo en todos los medios que transitó; y ayer, Héctor Valdez Hernández, fue amenazado e ingresó al Mecanismo de Protección Federal para Periodistas y Personas Defensoras de Derechos Humanos que suma a más de 700 en todo el país. En Quintana Roo ese número tristemente crece.

Desunión

Desde que ejerzo el periodismo en este Estado no había visto un año tan nefasto para el gremio. Intimidaciones, agresiones, muertes, censuras y, lo más grave, el retorno a la desunión. Si acaso algo positivo logró Roberto Borge tras su salida, fue la unión de periodistas. Unos nos agrupamos en torno a  abolir la ley local de periodistas; y otros, para retomar lo positivo que traía en su conformación. La discusión fue álgida, sana y de altura. Ese momento ha pasado y lo que nos queda hoy es que muchos compañeros mueren sin atención médica adecuada y sin seguro de vida para sus familiares, algo que debería ser normado por las instituciones que rigen los derechos laborales. Nunca lo harán. No quisiera recordar aquí las dolorosas escenas que me han tocado vivir cuando un compañero se enferma y pierde la capacidad de reportear y escribir lo que observa en la realidad. No han sido pocos y sería injusto y triste nombrarlos.

Cuando el corazón no alcanza

La solidaridad siempre aflora del noble corazón de los camaradas, pero eso no es suficiente ni lo digno. A veces el corazón no alcanza. Es gente que –con todo y errores- ha aportado al estado donde decidió echar raíces y ha puesto a trabajar su intelectualidad al servicio de empresas, que han prosperado gracias a esta capacidad y no todas han respondido con reciprocidad.

Ahora bien, ningún gobierno ni institución nos dará soluciones: la idea en torno a esto siempre ha sido que el gremio permanezca desunido. Todo sindicato o asociación es peligrosa para el sistema, pero ha sido la única forma que la historia reconoce para todas las conquistas sociales. Nadie ha ganado una batalla solo. Después de un año tan negro para el gremio, sería bueno parar la pelota y detenernos a sacar algo en limpio. Las soluciones nunca han venido desde afuera y deben enfocarse en objetivos muy básicos, como enfrentar una enfermedad con la dignidad que todo trabajador merece, morir con la seguridad de dejar algo a los familiares, en pocas palabras: Descansar en paz. Es hora de mirar al futuro y no quedarse anclados en el pasado que sigue generando números rojos y negros para los trabajadores de prensa.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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Luciano Núñez
Desertor de las oficinas, Luciano Núñez (Tucumán, Argentina, 1976) es un escritor, periodista y editor que nació en Juan Bautista Alberdi, Tucumán, Argentina, y está radicado en Cancún, Quintana Roo, México.  Ha escrito los libros Voces que vuelven (periodismo cultural), Tan lejos y otra vez en casa (poesía), la novela Magnificens Cancún (Editorial MAPorrúa), el poemario Genuinos son los lunes y Crónicas desde Cuba. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, UNCA, trabajó en varios medios de comunicación de Argentina y México, además de la agencia internacional EFE.  Fue servidor público en Cancún y Playa del Carmen, donde se desempeñó como director de Comunicación Social.  Tenista y melómano, es director y fundador del portal Grupo Pirámide y la página cultural Vértice.