Por Luciano Núñez

No queda otra. Cuando uno quiere expresar algo sublime debe inevitablemente acudir a los maestros. El escritor uruguayo Eduardo Galeano, que ha iluminado a varias generaciones, acude cuando se trata de defender la belleza misma, como lo es el mirador Playa Delfines. Este poema sin dudas refleja lo que sentimos los cancunenses cuando queremos agasajar a un invitado con esa parcela de belleza ante la que todos quedamos inmóviles…

El mar

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!

Más de una década de lucha

Cadena humana para defender la «Ventana al Mar de Cancún».

Hace poco más de 10 años se suscitó en Cancún la misma lucha: defender Playa Defines ante la codicia de unos pocos, sean funcionarios municipales, federales, empresarios nacionales o extranjeros o, sean politiquillos que están viendo cómo rapiñar en poco tiempo lo que es patrimonio de todos.

“La última ventana al mar de Cancún” está de nuevo en el ojo del huracán porque han aparecido dudosos cambios de uso de suelo desde Desarrollo Urbano, sobredensificados según los especialistas, para avalar la contrucción de un hotel (Solaris) a toda costa: sea encima de nidos de tortugas, negándoles a los ciudadanos locales sus espacios y, a los del mundo, una vista que no tiene ningún precio.

Y mientras el área no sea declarada Patrimonio de la Humanidad o al menos Area Natural Protegida, Playa Delfines seguirá siendo acosada por la codicia de unos pocos que quieren más cuartos de hotel. En ese sentido, se ha hablado demasiado del tema: Cancún no necesita más cuartos, sino que la derrama económica sea mayor; en la carrera por los cuartos, debemos entender que nunca serán suficientes porque la población mundial crece, pero los espacios de inigualable belleza como lo es esta playa, son un verdadero oasis perdido entre tanto cemento y más cemento.

Verdes no tan verdes

Aunque Cancún es una ciudad con muchas carencias, su gente ha demostrado que puede empuñar una causa, una bandera, en este caso, una bandera verde que debería enarbolar primero al partido supuestamente ecológico que gobierna Benito Juárez, que acaba de miniminzar la muerte de tortugas y que ha mostrado debilidad para sancionar a empresas que hacen mal manejo del relleno sanitario o que arrasan con mangles y palmas.

Sólo la lucha sostenida que ha crecido por más de una década ha logrado que Playa Delfines sea intocable; además, que los feminicidios sean vistos, que el Malecón Cancún no sea arrasado sin que haya respuesta, y que tantas otras banderas, como el mismo cambio de color en el gobierno municipal, sean una realidad constante.

La sociedad cancunense tiene peso y, aunque nos falta mucho, hay fuerza, hay causa, hay bandera, porque todos seremos Playa Delfines para no dejar que la avaricia acabe con un lugar donde en directo se puede contemplar la belleza, como lo hizo Santiago Kovadloff, cuyo hijo quedó mudo de hermosura. Aquí, por el contrario, hay que levantar la voz para que la voz del pueblo sea la sentencia para esta incontenible voracidad que se cierne sobre lo poco que nos queda de aquel paraíso.

Luciano Núñez

(*) Es life coach, técnico y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún. Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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