Por Jaguar Negro

La tarea de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Quintana Roo, presidida por Omega Ponce, parece limitarse a verificar el estado de las cárceles, incluso ello de dudosa verosimilitud.

En el Estado suceden abusos en la Fiscalía, en las policías municipales y, sobre todo, en el Tribunal Superior de Justicia. Sin embargo, el organismo brilla por su extinción. Hay asuntos verdaderamente insólitos en los cuales la Comisión hace mutis, como que la virgen le habla.

En años anteriores, con la titularidad de Marco Antonio Toh, pareciera que hubo avances con recomendaciones a policías de varios municipios y organismos ante abusos de autoridad. Esto ha pasado a borrón y cuenta nueva. Hay abuelas que buscan justicias, madres que buscan hijos, padres que buscan hijas y miles de personas que claman por justicia, acaso el flanco más débil del estado de Quintana Roo. Omega está en otra galaxia.

Después de meses con interinato, la Comisión siguió en el mismo sendero de la invisibilidad. Otro retroceso que duele a la ciudadanía.

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