Los acuerdos dirigidos desde el centro del país, en aras de la unidad morenista, a los que se han sumado candidatos propios e infiltrados de otros partidos, han golpeado el liderazgo de Mara Lezama, su candidata, que tendría un congreso inmanejable.
Salvo los basamentos discursivos de la 4T, la narrativa de Morena se queda con reducidos elementos distintivos en una construcción que ha amalgamado a todos los partidos.
Por Luciano Núñez
La peor crisis Argentina de los últimos 30 años sucedió en 2001 tras un gobierno de coalición entre la UCR, de Fernando de la Rúa, que debió huir en un helicóptero tras la renuncia de su vicepresidente, Chacho Álvarez, que venía del Frepaso. El triste final del co-gobierno de Enrique Peña Nieto con aquel “Pacto por México”, entre el PRI, PAN Y PRD, acabó con casas blancas, una corrupción cancerígena y el trampolín para que Morena, sea hoy, la mayor fuerza política de América Latina.
Contraste: 4T vs. Conservadores

La construcción de Morena tiene que ver, fundamentalmente, con un discurso de contraste.
En el sexenio pasado la actual oposición ofreció reformas estructurales para el país que no condujeron más que a grandes negociados, abusos y fuegos por todos lados. Andrés Manuel López Obrador tomó esos elementos para elaborar una polarización que ha dado en llamar la “4T” contra lo que él mismo definió como Conservadores y Neoliberales.

Eso mismo ocurrió, de alguna manera, con la narrativa de contraste que planteó Carlos Joaquín contra el gobierno de Roberto Borge. Llamó por su nombre a la expropiación de tierras y de hoteles, el regalo de notarías como pagos políticos y, ya durante el primer tramo de gobierno, echó mano a las detenciones y a la exhibición de cuentas que no cuadraban: sobre todo en la empresa paraestatal de aviación. Con todas estas acciones respondió Joaquín a una ciudadanía que pedía un cambio, pero sobre todo, otra forma de hacer y entender la política, una respuesta contundente al voto de confianza que pidió un freno y castigo a los abusos que venía sucediéndose en el Estado.
La sucesión que viene: ganan los antihéroes

En el caso de la siguiente sucesión, los ideólogos del centro del país han mandatado unidad. Unidad pese a todo y por sobre todo.
Mientras Mara Lezama había logrado, en su camino a la candidatura, mantener una oferta política de soluciones prácticas: de atención directa, la inclusión y la construcción de una narrativa en torno a la ecología: la negativa a la venta de playas y freno a negociados con la recolección de basura, además de un liderazgo durante pandemia, desde el centro del país —eso es lo que dice el primer círculo— han ordenado que, en aras de la unidad, debía ceder casi todo el paquete a alianzas que, desde el punto de vista ideológico, práctico y discursivo, son aberrantes e impresentables con tal de sumar. Incluso, se han colado empresarios, medios de comunicación y líderes que encajan perfectamente en la antinomia de Morena: conservadores y neoliberales. La percepción es que los antihéroes de Morena se han salido con la suya.
Y queda claro que desde el centro han barrido de un manotazo con todo y el sabor local y «han hecho leña con todo y la palma», diría Silvio Rodríguez. Dicen que el artífice de este entuerto es el secretario Adán Augusto López y coincide con la salida de Julio Scherer del primer círculo de AMLO.
Un polvorín en el Congreso

¿A qué apunta concretamente este giro? A la concesión de espacios en diputaciones que harán de la próxima legislatura un polvorín de complejísima maniobra.
En ese nuevo mapa político local, en el afán de la unidad, la próxima gobernadora deberá contar con un sólido gabinete y operadores de primer nivel para sacar adelante la agenda de gobierno, que pasa inevitablemente por el Congreso del Estado.
El fuerte trascendido es que la senadora Marybel Villegas Canché tendría un año de la Jucopo, Junta de Coordinación Política, así como otros espacios de acólitos que llegarán a la legislatura: un candidato en zona sur y otro en zona norte, además de tener mano en la candidatura de Benito Juárez en la próxima elección.

A este escenario se suma el vuelco de políticos del PAN a la alianza de Morena-Partido Verde y PT, en el caso de Estefanía Mercado, en el PRD Julián Ricalde y Jesús Pool Mo e incluso Isaac Janix, de Fuerza por México, entre otros, que estaban hasta hace días en la banqueta del frente. Si este congreso estuvo plagado de voraces con iniciativa, pero manejables, el que viene se avizora como una pequeña alberca con tiburones.
Flaqueza discursiva

La otra flaqueza tiene que ver, netamente, con la falta de contraste discursivo, es decir, un político debe presentar y representar una oferta diferente a lo que hay. De lo más básico.
En teoría, se trataría de pasar de un cambio a un “cambio verdadero”. ¿Presentará Mara una plataforma que contraste de yerros del actual gobierno estatal, zonas de oportunidad o, la continuidad en algunas políticas que funcionaron?
Pareciera que no es necesario con la facilidad con la que ganaría la elección, pero la legitimidad de un gobierno, sobre todo la confianza, tiene que ver con la creencia en un proyecto político y quiénes lo encarnan. ¿Será con el reciclado y recalentado del frente que lo hará?
En conclusión:
Parecería que Morena en Quintana Roo es ya partido único, sin límites ni fronteras ideológicas, discursivas y ni siquiera prácticas. Todo va a parar a Morena, incluso, en la simulación de candidaturas que “van en serio”, como la de Laura Fernández Piña.
Habrá que ver que, antes de que comience el nuevo gobierno, cómo la líder del movimiento en Quintana Roo logra unificar a su equipo, trazar una línea para poder decirle de cara a la ciudadanía: “Esto represento y esto soy y con este equipo voy a gobernar».
Es decir: más allá de la narrativa 4T y la marca Morena, que podrá servir para ganar, pero para gobernar se requiere del dominio de palancas en áreas vitales y muy sensibles; pero sobre todo, de contrapesos y oposición.
Quienes no supieron verlo y hacerlo, como De la Rúa o Peña Nieto, han pasado a la historia como símbolos de la inutilidad y la corrupción, montados ambos en los co-gobiernos que no han sido más que un eufemismo de la complicidad.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.
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