El “marismo” parece haber integrado a todos los sectores a pocos meses de las elecciones, donde caben “neojoaquinistas”, “priístas” y morenistas díscolos.

Por Luciano Núñez
Andrés Manuel López Obrador entendió, después de la elección de 2012 y, sobre todo, del transcurso de los primeros años del “peñisto”, que debía romper con militantes cupulares del PRD para ganar en un próximo proceso electoral. Manlio Fabio Beltrones fue el ideólogo de aquel (mal) recordado Pacto por México que dejó entrever en su libro de 2011, La vida y la política: orden, desarrollo y bienestar en la democracia, cuyo eje era el cogobierno. Eso fue lo que vimos durante el gobierno federal entrante y cómo acabó.
La historia es conocida: AMLO fundó Morena después de 2012 y emprendió una cruzada al estilo de Luis Ignacio Lula Da Silva para ser presidente de México. Es decir, entendió que debía dar un golpe de timón para generar un discurso nuevo, una nueva plataforma con otro nombre y dar señales de que, lo que venía diciendo, se iba cumpliendo con la puntualidad de una profecía. Había que hacer algo diferente ante el caos en el que terminó Enrique Peña Nieto y el cogobierno del PRI-PAN-PRD.
Sin diferendos, todos en el mismo proyecto
Da la sensación de que en el proyecto gubernamental de Mara Lezama está revuelto. Para empezar los políticos crean una marca, es decir, una imagen con el valor agregado de su trayectoria (hasta ahí viene todo bien), pero sobre todo, la diferenciación. Ese paso tan necesario para sostener una oferta política de construcción de poder y de Estado. Y ahí es donde se ven frentes poco o nada claros. Si bien todas las encuestas dicen que Mara será gobernadora, la pregunta obligada es: ¿con quién gobernará?
Hasta ahora las señales son de cercanía con el gobierno de Carlos Joaquín, a quien López Obrador ha dispensado elogios cada vez que pisa este Estado, pero presenta serios negativos en el sur, algo que quedó en evidencia en los procesos electorales.
Varios grupos del PAN y PRD marcharon en el registro de la alcaldesa, como el ex líder del partido azul en Benito Juárez, Eduardo Pacho. Y ni se diga de priístas (felixistas y borgistas) que llegaron a granel y a los que se han sumado los marybelistas de última hora, esto, en aras de la Unidad.
Ahora otra pregunta: ¿se trata de una unidad sugerida desde el centro del país que no hace mucha gracia a las bases del partido y a los mismos electores? Es pregunta.
Bajo ese mismo orden de ideas, ¿tendremos un co-gobierno con el pasado y lo más cuestionado del morenismo?
Lo cierto es que no caben dudas de que Lezama ha sabido capotear tormentas: basura, pandemia y guerras intestinas de Morena que terminaron con muchos heridos y deberá sopesar, qué tipo de compromisos hará para blindar su futuro gobierno.
Lecciones del pasado

Volviendo a la historia de AMLO, muchos de los actuales incendios que atraviesa el gobierno federal pasan por el reciclado de actores políticos que han hecho aguas. Manuel Bartlett (PRI) o Alejandro Encinas (PRD), este último, de la borrasca reciclada del sol azteca que jamás pudo darle al gobierno un cambio a la agenda de Derechos Humanos, protección a periodistas y asuntos de grupos feministas.
Son temas que han aportado a la frágil gestión de la crisis de la “casa gris” y su política hostil hacia los comunicadores. Son todo ello, sin dudas, problemas serios de diseño antes de gobernar que han comenzado a horadar la credibilidad que tanto le costó construir a AMLO, que aún goza de altos niveles de aceptación ante una oposición que no tiene argumentos y mueve las mismas piezas en este ajedrez político. Un periodista es el jefe de la oposición para dimensionar el nivel de baja propuesta política, además, un periodista sumamente cuestionado en su labor de comunicar montajes en gobiernos pasados.
Los personajes

Volviendo al morenismo local, otra pregunta obligada: ¿tendrán Jorge Parra, Issac Janix y otros actores sumamente cuestionados, como la misma diputada Judith Rodríguez Villanueva, injerencia directa en el nuevo gobierno?
¿Gobernará —como dicen Rafa Marín y José Luis Pech— el Niño Verde y sus allegados?
Desde el mismo sector del cuadrilátero electoral, los otros candidatos parecen ir a cumplir un rol más que a una elección. Laura Fernández Piña, José Luis Pech y Nivardo Mena han pasado por tantas banderas que sus seguidores no saben cuál llevarán a los eventos. Todavía está caliente la camiseta Verde con la que Laura Fernández Piña hizo campaña por Mara Lezama en el proceso electoral pasado, incluso, acudió al arranque. No hay margen para ningún discurso. ¿Imaginan a Pech hablando contra Morena?
Desanima ver un proceso electoral tan chato en lo discursivo, en lo político y en lo revuelto.
La única ideología que supervive a todo ello es la que fundó un hombre que se animó a romper con parte de su pasado para fundar un presente al que se han montado todos en el ámbito local. En frente no ha quedado nadie. ¿Eso era Morena en Quintana Roo?
Lo ideólogos del morenismo central que dominan la escena local deberán tomar nota de lo que pasa en el gobierno federal a la luz del pasado y, analizar el costo beneficio de sumar con tal de ganar, lo que significaría un gobierno con tantos compromisos, con tantos frentes que quedan abiertos y con tanto co-gobierno. Una historia que acabamos de ver.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.
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