Anna Ajmátova
CUANDO ESCUCHES EL TRUENO
Cuando escuches el trueno,
me recordarás
y tal vez pienses que amaba la tormenta…
El rayado del cielo
se verá fuertemente carmesí
y el corazón,
como entonces,
estará en el fuego.
Esto sucederá un día en Moscú,
cuando abandone la ciudad para siempre
y me precipite
hacia el puerto deseado
dejando entre ustedes
apenas mi sombra.
CUANDO LA LUNA ES DE MELÓN
Cuando la luna es de melón,
una tajada en la ventana
y en redor la calina,
cerrada la puerta y la casa encantada
por las azules ramas de glicinas.
En la fuente de arcilla hay agua fría
y nieve,
y arde una bujía de cera.
Igual que en la niñez,
las mariposas zumban en la calma,
que no oye mi palabra y retumba.
Entonces,
de lo negro de rincones rembrandtianos,
algo se ovilla de pronto
y se esconde allí a mano,
pero no me estremezco,
ni me asusto siquiera…
La soledad en sus redes me hizo prisionera,
el gato negro el alma me mira,
como ojos centenarios,
y en el espejo
mi doble es tal vez mi contrario.
Voy a dormir dulcemente,
buenas noches,
noche.
ESTAMOS TAN INTOXICADOS UNO DEL OTRO
Estamos tan intoxicados uno del otro
que de improviso podríamos naufragar,
este paraíso incomparable
podría convertirse en terrible afección.
Todo se ha aproximado al crimen,
Dios nos ha de perdonar,
a pesar de la paciencia infinita.
Los caminos prohibidos se han cruzado,
llevamos el paraíso como una cadena bendita.
Miramos en él,
como en un aljibe insondable,
más profundo que los libros
que surgen de pronto y lo contienen todo.
Anna Ajmátova (Odesa 1889 – Domodédovo 1966). Destacada escritora. Junto con Nikolái Gumiliov y Ósip Mandelshtam, fue una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa. Son algunos de sus libros He leído que no mueren las almas, Réquiem y otros poemas, y Voy hacia nunca.
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