John Jairo Junieles

EL SIEMPRE ABRAZO

Hasta mi soledad llegan los amigos,

ellos saben dónde buscarme y encontrar.

 

Aunque no conocen con certeza lo que soy,

lo presienten –dicen—

no espero que puedan entender

por qué inútilmente debo ser Junieles,

por qué tomo a veces el teléfono, me llamo

y no me encuentro;

por qué pierdo tiempo enseñando lo que no se puede:

que una palabra es la distancia.

 

A ellos me une algo más que unos tragos

y una pila de libros mal leídos;

mi gente del converse y del enamore.

 

Pero la soledad estaba antes que ellos,

por eso no se ha ido y me reclama,

no es que la ame más pero sí por más tiempo.

 

Los amigos,

les digo adiós,

y enseguida lamento haberlo dicho.

POEMA DE MADRE

La vida es una mujer con sus dos manos para hacer lo que haga falta.

 

Un marcado aire de familia me une con esta modista que lleva

treinta años frente a una Singer,

que escucha radionovelas y que aún conserva en un armario

los tres ombligos de sus hijos.

 

¿De qué madera está hecha esta canoa que lleva medio río sin quejas,

y piensa que todo mal lleva al bien amarrado en la cola?

 

¿Cuántas muertes me faltan a mí para parecerme a ella?,

para decir como dice ella: “Si vives como si tuvieras fe,

la fe te será otorgada.”

 

Años antes de que yo naciera

madre colgó una estampa que aún pervive:

dos niños recogen flores a la orilla de un despeñadero

y un ángel de la guarda conjura el peligro con su presencia.

 

Dime madre con tus ojos el secreto,

dime cómo se llega alegre hasta el final,

a pesar de los abismos,

dímelo a mí, que soy la única pluma sucia de tus alas.

TEMERÉ POR MÍ AL FINAL DE ESTAS LÍNEAS

Sé que está solo,

no como el primer hombre,

sino como el último.

 

Sabe que cada noche será peor

y ya que no hay nada por hacer.

 

Sabe que las noches son más largas para él

que para cualquier otro hombre,

que no hay nada que pueda cambiar ese destino,

y ya no tendría el coraje.

 

Sabe que no hay hadas madrinas de este lado del sol,

que no hay frutas gratuitas,

que los mamíferos no se aman para siempre.

 

Donde quiera que se encuentre

habrá una parte suya que nunca estará con él.

 

Tal vez sus ojos llevan estrellas de otros cielos,

sus zapatos, polvo de otros caminos.

 

Sé que en su pecho se mueve con lástima

una cosa dura, y que cuando pienso en él,

como ahora frente al espejo,

está más solo todavía.

John Jairo Junieles (Sincé, Colombia 1970). Son algunos de sus libro Temeré por mí al final de estas líneas, Canciones de un barrio en la frontera y Barrio Blues. En 2008, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, convocado desde Chetumal, con Metafísica de los patios.

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