Uno de los escritores más sólidos de Cuba, junto con Leonardo Padura, y que será homenajeado este año en la Feria Internacional del Libro de La Habana, criticó el bloqueo de Estados Unidos durante la pandemia y habló de literatura, la revolución y sus lazos con Quintana Roo
Por Luciano Núñez
Esperas a alguien y tu mente te asegura que aparecerá por delante. Me tocan el hombro y es el escritor Francisco López Sacha quien me toma por asalto por el flanco izquierdo. Está más canoso que la última vez que lo vi en Cancún y con la sonrisa pícara incorruptible. Hablaremos de literatura, de la Revolución cubana, de El Che, de Camilo Cienfuegos y de la irrupción de la ultraderecha en América Latina.
Tiene una camisa oscura con la que podría dar una conferencia, como las que suele impartir a lo largo del mundo. Hace poco estuvo en Argentina, donde la literatura para él ha acabado con los grandes escritores del boom latinoamericano. Este hombre cansino y afable, que no usa teléfono móvil y todavía escribe a mano, será homenajeado en la Feria Internacional del Libro de La Habana (del 15 al 25 de febrero de 2024), debido a su extensa trayectoria como escritor de novelas, ensayos y cuentos.
Sacha y Quintana Roo
Periodista (P): Bueno, hoy es 11 de diciembre de 2023. Estoy en el hotel Iberostar, en La Habana, Cuba, con el maestro Francisco López Sacha: un escritor muy apreciado por los escritores de Quintana Roo. Es un gusto que nos conceda esta entrevista.
Sacha: El gusto es mío. Ya saben ustedes que yo tengo una vieja relación con el estado de Quintana Roo, pero no yo solo. También la tuvo de manera simbólica José María Heredia cuando fue amigo de Andrés Quintana Roo, el primer diputado que tuvo esa zona de México, quien era un gran amigo de José María Heredia. Heredia fue magistrado de la Corte Suprema de México y colaborador del presidente Santa Anna, vivió su exilio fundamental en México y fue el poeta que inauguró la literatura cubana. Esa amistad ha simbolizado siempre algo muy hermoso.
P: Sacha, ¿cuáles son sus pilares o referencias literarias?
Sacha: Mi primera referencia siempre ha sido Alejo Carpentier y la otra es Julio Cortázar. Le siguen Antón Chéjov y León Tolstoi. Esos son mis pilares históricos de cuando yo comencé a leer en serio y cuando comencé a hacer literatura en serio a los 27 años de edad. Después me he ido moviendo entre otros autores como Jorge Luis Borges y Haroldo Conti. Los cuentos de Conti son formidables y su novela Mascaró es una gran novela. El boom es otro referente: Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, así como los maestros norteamericanos Ernest Hemingway y Jerome David Salinger. Esas son referencias muy claras para mí como escritores, y hay que agregar la larga historia de la literatura que incluye a los poetas españoles del Siglo de Oro, Homero como padre de todo el mundo, la tradición europea y el inicio de la literatura en el continente latinoamericano. Creo que todo eso fue formando mi gusto artístico.
P: Citó a varios escritores argentinos, ¿ha leído escritores argentinos jóvenes?
S: Desde hace ya un tiempo no recibo novedades de la nueva literatura argentina. Yo me quedé en la generación de Borges, Leopoldo Marechal, Bioy Casares, que me parecen grandes escritores… hasta Osvaldo Soriano, ahí me quedé en el ámbito de las influencias. He leído otros textos argentinos más contemporáneos, pero no me influyeron, porque ya para entonces era yo un escritor hecho.
P: Maestro, ¿a qué hora escribe?
S: Desde las seis de la mañana hasta las nueve, diez u once. Escribo a esas horas porque me siento descansado tras haber dormido.
P: ¿Tiene manías para escribir?
S: No, no tengo manías como tal. Escribo a mano y a máquina. Después lo llevo a la computadora y alguien me lo transforma en versiones de PDF.
La cubanidad: “El Che era un escritor y murió como un verdadero revolucionario”
(De su bolso extrae su última novela publicada, El más suave de todos los veranos, para entregármela firmada, pero antes la mira como un niño que enseña un juegue nuevo. El día en La Habana es caluroso y a pocos metros está el asedio de los “jineteros” que todo lo comercian. Las maquetas de lo que fue una gran ciudad reposan afuera con una gruesa pátina de la decadencia. La pandemia ha empeorado la economía cubana y también la dramática reducción de turistas: Donald Trump cerró el paso a los cruceros y los números cayeron en picada. Con casas que de repente se desmoronan y hoteles nuevos, que poco a poco comienzan a poblar las calles céntricas, esta Cuba se parece más a cualquier metrópoli del mundo en eso de la gente asida a los celulares y las redes sociales, y en un conmovedor intento de subirse a los dictámenes de la moda capitalista.)
P: Hay gente que quiere mucho al Che y hay gente que lo defenestra.
S: Yo me cuento entre los que quiere al Che y creo que el Che fue un gran adalid del pensamiento revolucionario en América Latina y fue un hombre valiente que arriesgó su vida por un ideal. Pudo haber tenido defectos personales, no lo sé. Lo conocí cuando yo tenía nueve años. Mi padre me lo presentó en el gremio de los panaderos de Manzanillo. Fue la primera persona que me presentaron en la vida.
P: ¿Cree que lo ha marcado esa figura?
S: A mí me interesaba su libro Pasajes de la guerra revolucionaria. Es un libro importante. Es un libro de relatos de su época de guerrillero en la Sierra Maestra. El Diario del Che en Bolivia también me gusta. El Che era un escritor, al margen de que fuera un comandante, un médico, un guerrillero, un teórico de la guerra de guerrillas… Su libro de memorias basada en la guerra revolucionaria es un gran libro.
Tomó una decisión en el Congo, donde le fue muy difícil. El pueblo África no es el pueblo americano. La de Bolivia también fue una decisión difícil, hasta cierto punto lo dejaron aislado, pero murió como vivió: al límite. Murió como lo que era: un verdadero revolucionario. Era un hombre de valor, le dijo al soldado boliviano: “Dispara, no tengas miedo.” Se enfrentó a la muerte con dignidad y yo respeto eso.
Él tenía ideas sobre la cultura, la economía, la política. El Che era un pensador. En nueve tomos se publicó una edición de sus obras completas.
P: Hay un lado oscuro del Che: los fusilamientos
S: Yo no conozco el lado oscuro del Che. Debió tenerlo, creo que todo el mundo tiene un lado oscuro, pero el Che era un hombre muy diáfano. Mi padre lo conoció y trabajó con él y me lo dijo: “El Che no tenía doble fondo.” Era frontal y es muy difícil que un hombre frontal tenga un lado oscuro, porque no tiene nada que ocultar. La vida del Che es transparente.
Por supuesto, tuvo que tomar decisiones políticas y militares, porque era un comandante del Ejército Rebelde, dirigió la invasión a Las Villas, y luego tuvo la operación del Congo y la operación de Bolivia. Todo hombre que tiene responsabilidades políticas y militares, toma decisiones y pueden ser erróneas en algún momento o no.
P: Me interesa su opinión sobre otro personaje histórico de Cuba: Camilo Cienfuegos.
S: Maravilloso.
P: Hay una teoría que dice que lo mandaron a matar.
S: No, hombre. No, por favor. Ni me menciones eso. Eso me enciende la sangre. ¿Por qué razón? Camilo era el mejor amigo de Fidel Castro, ¿cómo lo iba a mandar a matar? Fue un accidente. Eso lo explicó muy bien Fidel, un doloroso accidente. Quería regresar a La Habana y había un mal tiempo. El director del aeropuerto de Camagüey se lo advirtió.
P: También era un hombre de mucha determinación.
S: Era muy querido y su muerte afectó profundamente al pueblo cubano.
P: Vemos que hay mucha migración cubana, pero también hay otros cubanos que ni a palos los sacas de aquí.
S: Uno es de donde es su infancia y mi infancia es cubana y yo soy cubano. Yo no quiero vivir fuera de Cuba. Viví un tiempo en Washington, Estados Unidos, pero Cuba es mi patria y fuera de la isla extraño el sonido del idioma cubano, cómo hablamos nosotros en la norma cubana del español. Tintán en su películas imitaba bien nuestra forma de hablar en sus parodias.

En cuba hay una apertura mayor y tenemos libertad de ejercer nuestro criterio
P: ¿Cómo hacer literatura crítica en Cuba?
S: En Cuba hay una apertura mayor y tenemos libertad de ejercer nuestro criterio a la hora de escribir. Yo nunca he tenido problemas con la censura, aunque sé que la censura existe, como existe en México y en el resto del mundo. Yo escribo lo que me da la gana, nunca me han vetado ningún libro, nunca me han vetado ningún texto.
P: ¿Cuáles son para ti los mejores escritores cubanos?
S: En la historia están José Martí, José María Heredia, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Virgilio Piñera y Alejo Carpentier; y de mi grupo generacional Leonardo Padura Fuentes, Arturo Arango y Senel Paz. Yo no me incluyo, que me incluyan los demás.
P: ¿Cómo es convivir con los personajes?
S: Chico, la verdad es que nunca me han hecho esa pregunta. A veces el personaje aparece. Yo me demoré mucho para escribir un cuento que está en el último de mis cinco libros de cuentos publicados. Un día vino la hija de un amigo mío a mi casa, se sentó, puso las manos en las rodillas y me miró y yo dije: “Ah, ese es mi personaje”, y a partir de ese retrato visual que hice yo de ella tracé el personaje del cuento. Salió del modelo real y lo convertí en un modelo literario.
Llega un momento en que el personaje crea autonomía y empieza a gobernarse él. Siempre me preguntan ¿y cómo?, yo no sé cómo. De buenas a primeras, el personaje empieza a crecer, se desarrolla y comienza a actuar como él quiere actuar. Yo simplemente lo voy guiando hasta que se realiza como personaje en determinado punto de la historia.
La derecha y la ultraderecha en América
P: Viene avanzando la derecha en algunos países del mundo, ¿qué opina al respecto?
S: Yo creo en la teoría del péndulo. El péndulo se está moviendo ahora a la derecha, tal vez por la crisis mundial, la crisis generada por la pandemia y la crisis general del mundo capitalista. Entonces, de buenas a primeras, países donde hay una fuerte tradición de izquierda cambian a la derecha, como es el caso de Argentina, Perú y Ecuador. En cambio, Colombia, que tenía una tradición tan derechista, volvió a la izquierda. Son los vaivenes de la política interna de cada país y también las relaciones que los países americanos tenemos con Estados Unidos, porque el que no cambia es Estados Unidos. Estados Unidos sigue siendo un país de derecha total. Se mantiene en la línea del control y la represión.
P: En ese sentido, ¿Cuba sigue siendo un faro del socialismo?
S: Sigue siendo al menos un ejemplo de que podemos vivir sin ellos. No vivimos bien, el bloqueo daña, le hace daño a Cuba, llega a ser de una crueldad inaudita. En la pandemia, se nos negó hasta la compra de oxígeno. Tenemos que seguirlo soportando, si queremos seguir siendo un país libre. Yo prefiero ser cubano y vivir en Cuba, que es un país libre, sin la presencia tan dominante y tan cruel que puede ejercer el gobierno norteamericano sobre los países que se le someten.
P: ¿Crees que también haya un sometimiento económico sobre la propia gente que vive en Estados Unidos?
S: Yo no puedo decir que sea un sometimiento, hay una manera de ser en la economía norteamericana. Un norteamericano promedio vive para trabajar. Tiene un espacio de libertad el fin de semana y 15 días de vacaciones.
P: ¿Y acá en Cuba cómo es?
S: Bueno, chico, en Cuba es otra cosa, que todavía yo no me he explicado. En Cuba todo el mundo trabaja y todo el mundo está de vacaciones al mismo tiempo. Es todo muy abierto.
P: Yo vivo en Cancún, pero también viví en Chetumal. Cuando me fui a Chetumal, mis amigos cuestionaron qué iba a hacer en una ciudad pequeña y les dije que era la única ciudad donde hay vida después del trabajo.
S: A mí sí me gusta Chetumal. Cuando mi amigo escritor Agustín Labrada vivía en Chetumal, yo lo visitaba y me sentía muy bien allí. Se vive una vida más relacionada con las personas, los amigos de Agustín se volvieron mis amigos. Tenían una existencia muy privada y holgada y siempre me hicieron sentirme bien en Chetumal.

Quintana Roo ha sido muy generoso conmigo, como con los cubanos que están allí
P: ¿Qué reflexión final nos dejaría?
S: Simplemente que sigan trabajando. Creo que nuestros pueblos merecen una mejor distribución de los libros y la esperanza cierta de una literatura importante, sobre todo cuando pienso en los pueblos de la península de Yucatán y el sureste de México, donde hay tanta tradición y donde se mezclan las tradiciones históricas de los mayas, de los españoles, en fin. Allí hay una gran y esforzada tarea para que exista una dinámica cultural más intensa y que esa dinámica modifique también el comportamiento social de la gente en Quintana Roo, que es casi otro país, otro México, otra mirada de México.
Siempre me he sentido agradecido con el estado de Quintana Roo, ha sido muy generoso conmigo, como ha sido generoso con los cubanos que están allí. Por lo tanto, tenemos un vínculo que no se puede romper, que es el vínculo de una identidad cultural y de ser hijo de una de nuestras dolorosas repúblicas de América. Pienso en José Martí, quien vivió en México y estuvo en Isla Mujeres y escribió sobre Isla Mujeres. Somos hijos de esa larga tradición y esa es para mí la tradición más hermosa, es a la que yo quiero rendir homenaje, es la tradición a la que yo pertenezco.
(Al final de la entrevista, Sacha me acompañará a un recorrido por la famosa arteria peatonal Obispo, donde está una librería, en las primeras esquinas, frente al monumento de José Martí. Se siente como en una juguetería ese niño que todavía vive dentro, y allí escogerá de entre todos los libros: Diario del Che en Bolivia. “Te recomiendo que lo leas, el Che era un escritor, chico”, me dice con ese tono inconfundible, en un país que vive en el pasado intentando alcanzar el futuro.
Luciano Núñez (Tucumán, Argentina, 1976). Vive en Cancún. Es autor del libro de periodismo cultural Voces que vuelven, el poemario Tan lejos y otra vez en casa y la novela Magnificens Cancún (Porrúa, 2022). Dirige los portales Grupo Pirámide y Vértice.
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