Carlos Zamora
Voy a sentarme en este parque y ya. Ni comer, ni ir al baño, ni nada; no voy a moverme de aquí. Me voy a sentar en un banco de esos que dicen obsequio de no sé quién y ya. Cuando la gente me pregunte, si me preguntan, no voy a decir nada. Nada. Voy a sentarme allí y el que me pregunte, ni carajo. No le voy a decir ni cojones. Que yo estoy muy jodío para que me estén preguntando. Me siento allí y puede llover, tronar, relampaguear, vaya, acabarse el mundo, que yo no me muevo. Y hay que matarme para sacarme de ahí. Yo no me meto con nadie. Yo no le digo nada a nadie. Yo soy un hombre tranquilo. Me siento, me pueden pasar por el lado, cada cual para lo suyo, que yo no le preguntaré nada a nadie ni nada. Yo ahí, sentado, tranquilo. Que yo estoy muy viejo para estas cosas. Yo, carajo, que nunca me meto con nadie. A mí, carajo, que me rompí el lomo por esto. Pero no hablo nada. Muertecito, muertecito estoy, sentado en el parque. Yo que era comecandela. Que la gente me oía, coño, porque tenía vergüenza para decirle cuatro cosas a cualquiera, más grande o más chiquito. Yo, carajo. Que había que pararme. Porque fui un hombre en todo y no comí miedo. Qué caña ni café ni movilización ni nada. Yo, carajo. Que no pedí ni las gracias. Porque no me hacía falta nada. Porque los hombres… pero no. Ni una palabra. Sentado aquí hasta que me salgan raíces, coño. Que yo nunca pedí nada en este país y lo que tengo me lo gané limpio, sin pedirlo, que los hombres de verdad no piden nada para ellos. Pero me van a oír. Pero no. No les voy a dar ese gusto. No voy a decir ni mierda. Y yo no soy ningún loco, cojones. Yo lo que estoy es muy jodío y muy resingao. Y no me importa que se rían o se burlen, o me miren con esa cara de no sé qué. Me voy a sentar en este banco y no quiero que me pregunten, ni me saluden, ni nada. Yo lo que quiero es que me dejen en paz. Fíjense, coño, que lo único que pido, yo, que me jodí la vida por esto, es que me dejen en paz. Ahí, tranquilito, en este banco. Sí. Ustedes, con sus noviecitos, con sus pitusitas y sus radios y sus bullas de mierda; y los viejos también, todo el mundo. Y yo aquí, en paz. Que a nadie le voy a preguntar nada ni un carajo. Solo. Que uno no sabe ya ni con quién se sienta, si con Dios o con el Diablo. Ni en la sombra de uno se puede confiar ya. Miren que hacerme a mí esa mierda, coño. Yo, que cuando había que donar sangre había que aguantarme, chico; yo doné más sangre aquí que… vaya. Para qué hablar de esa mierda. Ni una palabra me van a sacar. Que en boca cerrada no entran moscas, como dice… no, como dice nadie, que yo ya no creo ni en la madre que me parió. Qué cosa más grande. Compren, compren en la chopin, compren mierda de esas hasta que se empalaguen. Que yo no digo ni cojones. Yo nunca pedí. En la zafra me dieron botas porque les dio la gana porque yo no las pedí. Y ropa tampoco, que yo soy un hombre, coño. Sexto grado, peleón, revencú, pero fajao por esto toda la vida. Y todavía me fajo, coño, que yo nunca, nunca, me he rajao. Por nada. Me rajé una vez, porque mi mujer me parió una hembra, que eso es otra cosa, vaya, una hembrita… y hoy es maestra, y se casó señorita, y tiene un carné rojo en el bolsillo, para que nadie me diga aquí que mis hijos no son ejemplo, ni nada. Pero eso que me hicieron fue una mierda. Y me van a oír, coño, hasta Fidel Castro me va a oír. Para que él vea la mierda que me hicieron. Siquiátrico, mierda, yo lo que soy es un hombre, cojones. Y otros tiempos, ni un carajo. Yo al que tengo que cantársela se la canto, qué coño. Y el tipo es un mierda, un vivebien y un acomodao, y un tipo así no sirve. Y lo dije bien, y lo vuelvo a decir. Qué coño. Un descarao, un oportunista, sentado arriba de la mierda. Mandarme a callar a mí, cojones, hay que tener mucho para eso. Doce zafras. Viejo como estoy, soy más hombre que todos los muchachones esos. Pero no voy a decir más nada. Me voy a sentar aquí en el parque hasta que me muera, si total, todo es una mierda. Mandarme a callar a mí. Hay que verle la cara a ese tipo, verle la cara nada más para tú saber quién es. Palabras, palabritas nada más se vuelve. Yo conozco a la gente. He vivido mucho tiempo al lado de la gente de verdad para que vengan a darme gato por liebre. Yo no necesito tanto tiempo ni tantas cifras, ni tantos papelitos. Explotao yo. Está bien. Pero con razón, carajo. Que no hay tiempo para estar probando mierdas. Oportunidades ni un carajo. Siquiátrico yo. Viejo yo. Doce zafras. He dado más sangre aquí que vaya. Y había que aguantarme. Y el médico que no, que la salud. Y ni la medalla quise. Pero no voy a opinar nada. Más nunca. Me voy a sentar en el parque aquí hasta que reviente de… no sé… Para morirme de una vez, coño, que lo mejor que podía haberme pasado es morirme y no esta mierda. Mandarme a callar a mí, carajo, que tengo más moral que vaya. Y total, por gusto, porque ese tipo no dura. No dura porque no sirve. Pero me siento en este parque y no me voy para el barrio hasta que ese tipo se pierda del mapa. Y aquí ni médico ni mujer ni los hijos ni los nietos ni nadie; el cedeerre completo tiene que venir aquí. Que yo soy un hombre, coño. Y a mí no me mandan a callar. Me siento aquí, frente a la cola de la chopin, con los comemierdas peludos esos, comprando pulovitos y mierdas y como si me dan las mil y quinientas. Aquí me quedo, tres días, una semana; llueve, truene o relampaguee. De aquí no me muevo, coño. Que a mí hay que respetarme. Pero van a oírme. Deja que vuelvan a reunirse, van a oírme. Doce zafras. Y ni la medalla quise. Otros tiempos, ni cojones. Van a oírme. Deja que me vengan a buscar.
Carlos Zamora (Matanzas, Cuba, 1962. Entre sus libros figuran Estación de las sombras, En la mañana viva, Guantanamera, A Puerto Blanco no llegan las lluvias, Cada día la eternidad… En 2016, su poemario Bitácora obtuvo el Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres (México).
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