Enrique Saínz

(Tercera parte y final)

El poemario de 1974, En la aldea Munui, se abre a un diálogo más detenido, dilatado y minucioso con la realidad, acercamiento a realidades diversas desde una perspectiva que demanda un mayor aliento, poemas extensos en los que se entremezclan sensaciones múltiples y la manera de mirar de la tradición china y de la poesía directa, conversacional, en ocasiones antipoética.

Aunque en cierto sentido ese es un modo de escribir que tiene semejanzas con sus primeros libros, la diferencia fundamental entre ellos los separa de manera significativa. Los conflictos existenciales del poeta en el período en que da inicio a su obra, los últimos años de la década de 1950 y el lustro siguiente, imprimen a sus textos un color sombrío, con frecuentes alusiones a la noche, la muerte, el misterioso acontecer, en tanto que los poemas posteriores, durante la etapa en que su lírica se abre a los conflictos sociales y la vida política de la nación, observamos un vigoroso optimismo, un frecuente llamado al trabajo y a la participación del individuo frente a la historia, un reiterado cántico de alegría ante las posibilidades de transformar el suceder.

En los poemas de los años sesenta, es ostensible el sufrimiento interior en el diálogo íntimo del poeta con su soledad, como en esta memorable página: “El zumbido del insecto”, perteneciente al libro Sensibilidad desde la otra orilla, publicado en 1960, donde leemos:

Otoño tardío;

las hojas caen,

y las ramas quedan desnudas.

¿Fluye la corriente oscura bajo la tierra

en la estación?

Un fuerte clamor se precipita y me despierta

como inesperada corriente que borbotea;

luego ese clamor se desvanece, y en la profunda noche verde,

cuando intento dormir, lo percibo nuevamente,

no con mis oídos, sino con mis ojos.

¡El zumbido del insecto en mis ojos, que profundo su grito!

No hay oídos.

No hay sonidos.

¡Alba rota por la oscuridad de los ojos!

Detrás del entrecruzamiento de influencias diversas y de los cambios que van teniendo lugar en la cosmovisión de este poeta, transformaciones en las que intervienen y son determinantes múltiples factores, hay un hombre en continua indagación, en perenne búsqueda de sí mismo, siempre anhelante de una intelección más profunda de la realidad. Su obra se caracteriza, en líneas generales, por un incesante cuestionamiento de su vida, de sus relaciones con el mundo natural y con la sociedad, de la que se siente parte activa.

Meditación, reflexión y un ardoroso apasionamiento se alternan y se fusionan en su poesía hasta llegar a una escritura que rebasa las circunstancias específicas de las que emerge y alcanza plena universalidad.

Desde un paisaje y una historia concretos trasciende la lírica de Ko Un hasta nosotros, lectores de otra formación con problemáticas sociales diferentes, si bien al mismo tiempo semejantes a las suyas. Los temas y el estilo de esta poesía nos llegan como algo nuestro, por encima de las fronteras lingüísticas y cosmovisivas, sin dejar de ser auténticamente coreanas.

El poeta se ha propuesto revelarnos una verdad muy suya, pero que él sabe que es también nuestra en más de un sentido. Acaso lo sentimos más cercano cuando el poeta nos habla de la relación que él es capaz de establecer entre el objeto y el sujeto, cuando nos revela las posibilidades cognoscitivas que la múltiple realidad encierra.

En su obra, hallamos a un poeta militante a favor de los derechos humanos, pero no al representante de un partido político y ni siquiera de una ideología social estructurada a la manera de un pensador o de un sociólogo. Sus ideas, con una fuerte y sólida sustentación religiosa, giraban en torno a la persona y, en general, a la vida, tema central de sus libros a lo largo de los años.

Sed de universo, de totalidad, de verdad universal, encontramos en estas páginas de tan espléndido refinamiento y tanta intensidad y belleza.

Sung-Chul Suh, al definir esta poesía, apunta lo siguiente acerca de esto que venimos diciendo: “Su universo abarca todo, desde una frase trivial de la vida popular y el minúsculo movimiento de los insectos y las flores silvestres de la naturaleza, hasta el movimiento radical del pueblo en su época. Al mismo tiempo, sus poesías son una afirmación sobre el Uno y la totalidad orgánica del Universo. Por supuesto, en el centro de esta conciencia siempre está en pie la vida; parte de la creencia del poeta en la cual el fin está en el principio y el principio en el fin, y todo es el comienzo siempre.”

La obra de Ko Un nos sumerge en una riquísima tradición y nos abre al conocimiento de un poeta singular por la delicadeza y el vigor de sus percepciones, par la magistral fusión que realiza entre las maneras de la cultura clásica oriental y las ansias y reclamos de los tiempos actuales, por la viva pasión de su vida y el trabajo constante e inclaudicable en favor de los otros y de la sociedad.

La lectura de sus textos nos acerca más a una cultura que hasta no hace mucho nos era totalmente inaccesible, aunque no ajena. La experiencia del diálogo con su poesía nos enriquece y nos permite comprender la dimensión de una literatura como la coreana, y al mismo tiempo nos permite imaginar y desear que podamos continuar adentrándonos en un mundo tan prodigiosamente rico y sustancioso como el del antiguo Oriente, hoy modernizado por las tecnologías y la globalización.

En ese sentido, han venido trabajando algunos sinólogos de habla hispana, entre ellos la magnífica traductora Marcela de Juan, autora de una antología de poesía china que hace algunos años publicó las ediciones Revista de Occidente y más tarde Alianza Editorial, así como traductores de japonés, coreano, vietnamita, que han contribuido en una mayor o menor medida a difundir obras importantes de esas literaturas.

La obra de Ko Un, merecedora de una lectura detenida y reiterada, nos ayuda a mirar más adentro en la deseable espesura de la poesía de su país y de todas las latitudes y épocas.

Enrique Saínz (La Habana, Cuba, 1941-2022). Autor de, entre otros libros fundamentales de ensayos críticos: Diálogos con la poesía, La obra poética de Cintio Vitier, Indagaciones, La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación, Silvestre de Balboa y la literatura cubana, La literatura cubana de 1700 a 1790, y Trayectoria poética y crítica de Regino Boti.

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