Enrique Saínz
(Tercera parte y final)
También Aldo Pellegrini acota: “Tampoco podría ser definido el cristianismo de Trakl como una experiencia mística, como ha pretendido alguien. Si se considera a la experiencia mística como una exaltada búsqueda de la unidad personal con Dios, no es este el caso de Trakl; la idea de Dios no lo exalta, aunque la frecuente.
“Más que como motivo de una experiencia mística, Dios surge en la poesía de Trakl como un fenómeno natural, o mejor: como un símbolo natural, que se impone con la evidencia de los otros fenómenos (o símbolos) naturales. En lugar de mística, la de Trakl aparece como una experiencia metafísica, entendiendo por ella toda visión centrada en el mundo del espíritu. Sería una contemplación metafísica del universo y sus símbolos.”
Imposibilitados de detenernos –como sí ha podido hacerlo la abundantísima bibliografía pasiva con que cuenta nuestro poeta desde los inicios mismos de su creación–, en tan breves reflexiones, en el esclarecimiento de la pertenencia del poeta al simbolismo y el expresionismo; en la significación dentro de su poesía y de su teatro de personajes como Sebastián, Helian, Elis, el Nonato, los Nietos, los ángeles, Kaspar Hauser, el Solitario, el Muerto, Don Juan, Barrabás; en la simbología de los colores y del atardecer, la noche y la luz, así como de otros elementos naturales que se reiteran en diferentes textos, e igualmente imposibilitados de ahondar en ninguna de las múltiples problemáticas de esta obra, entre ellas la ruptura y la continuidad que representa con relación a la tradición occidental, y en particular la coetaneidad del poeta con el modernismo hispanoamericano y sus semejanzas y diferencias con autores como Rubén Darío o José Asunción Silva, por ejemplo, con quienes tiene más de un rasgo común, hemos intentado en estas páginas aproximarnos, siquiera sea de un modo fugaz, a la delicadísima palabra de esta poesía de tan intenso y auténtico sufrimiento y nihilismo desesperanzado, escéptica y triste, de paisajes sombríos y cantos de muerte y dolor, de culpa irredenta y de imágenes inapresables, y sin embargo capaces de iluminarnos la realidad y despertar en nosotros la avidez por la vida del espíritu, tan vilipendiada hoy por las fuerzas fanáticas y desestructuradoras de la sociedad contemporánea.
Toda experiencia íntima con la gran poesía habrá de traernos siempre, cualesquiera que sean los presupuestos teóricos y las vivencias del autor, la posibilidad de rehacer nuestras vidas en una dimensión más alta y más plena.
Para terminar, leamos el poema “Canción de Occidente”, pletórico de una extraordinaria fuerza en la rememoración de la Historia y del entorno natural en su belleza vivificante, ejemplo de la más genuina poesía:
CANCIÓN DE OCCIDENTE
Oh aleteo nocturno del alma:
nosotros, pastores, un día marchábamos
a lo largo de bosques ensombrecidos,
y nos seguían el rojo venado, la flor verde
y el murmurante manantial
humildemente.
Oh los antiquísimos sones del grillo,
la sangre que florecía en la piedra de los sacrificios,
y el grito del ave solitaria
sobre la calma verde del estanque.
Oh Cruzadas y ardientes tormentos de la carne,
la caída de los frutos purpúreos
en el jardín crepuscular,
por donde otrora pasaron los piadosos discípulos,
ahora guerreros,
que despiertan de heridas y de sueños siderales.
Oh el tierno manojo de ancianos de la noche.
Oh edades de calma y de otoños dorados,
cuando nosotros, monjes pacíficos,
prensábamos la uva purpúrea,
y resplandecían a nuestro alrededor
la colina y el bosque.
Oh cacerías y castillos;
la paz del anochecer,
cuando el hombre meditaba en su aposento
sobre lo que es justo,
y en muda oración luchaba
por alcanzar el semblante vivo de Dios.
Oh la amarga hora de la declinación,
cuando contemplamos
un rostro de piedra en negras aguas.
Pero radiosos abren los amantes
sus párpados de plata;
un solo sexo.
El incienso mana de cojines rosados
y el dulce cántico de los resucitados.
Enrique Saínz (La Habana, Cuba, 1941-1921). Autor de numerosos libros de ensayos, entre los que figuran Trayectoria poética y crítica de Regino Boti, Ensayos críticos, La obra poética de Cintio Vitier, Indagaciones y La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación.
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