Disertación sobre asuntos polémicos entre el escritor argentino Jorge Luis Borges y el escritor español José Ortega y Gasset.

Por Carlos Torres

En una nota periodística titulada “El espejo trasatlántico”, decía yo hace años que Jorge Luis Borges padeció antipatía hacia José Ortega y Gasset, porque el argentino se veía reflejado en el hispano, en el sentido de que ambos habían regresado a sus países natales, luego de haberse ilustrado en Suiza y Alemania, respectivamente, para redimir a sus paisanos de algunos vicios de sentimiento, pensamiento y acción, producidos por la ignorancia.

Específicamente, Borges opinó que “el buen pensamiento de José Ortega y Gasset queda obstruido por sus laboriosas y adventicias metáforas. Ortega puede razonar, bien o mal, pero no imaginar. Debió contratar como amanuense a un buen hombre de letras, un ‘negro’ que escribiera sus libros”.

A su vez, Adolfo Bioy Casares recuerda en uno de sus libros: “Borges me dice que pueden distinguirse dos maneras de escribir mal. Una, por descuido, que no tiene mayor importancia; por ejemplo, el modo en que están escritos muchos libros de filosofía y de tema científico. Otra, por una perversión del gusto del autor; por ejemplo, cuando Ortega y Gasset llama a las mujeres de los tribunales de amor provenzales ‘hembras civilizadoras’. Borges: ‘¿Por qué hembras? ¿Por qué civilizadoras? Quería exhibir sus conocimientos etimológicos’. Baroja dice que Ortega está bien, pero que lo de Gasset es demasiado catalán y que desconfía de los productos de la firma Ortega y Gasset.”

El caso es que, según argumentaba yo en el escrito referido al principio de esta nota, Borges, que se permitió jugar con el idioma castellano precisamente porque lo conoció a fondo, también se permite criticar la célebre retórica de Ortega, la cual es uno de los puntos más socorridos por los apologistas de este. Acotaba yo entonces que a un estilista como Borges le molestaba el estilo manierista, veteado de erudición, de Ortega y Gasset.

Pero hoy, sin que me desdiga del todo sobre el contenido de “El espejo trasatlántico”, debo apuntar que, leyendo La deshumanización del arte e ideas sobre la novela / Velázquez / Goya, de Ortega y Gasset, me parece poco importante hablar de estilos literarios cuando lo que está en juego es la dialéctica.

Ortega y Gasset.

Antes de aclarar esto último, séame permitido citar un párrafo del prólogo-sueño-poema de El hacedor, libro de Borges en el que este imagina que está dialogando con Leopoldo Lugones, ya muerto este:

“El hecho de que un maestro de la palabra perfecta como Borges se permita esta falaz autocrítica, pone en relieve justamente el valor de la dialéctica o sana teoría. Y en La deshumanización del arte e ideas sobre la novela, a pesar de mi reiterada admiración hacia Ortega y Gasset (o quizá por esto mismo), transito por una prosa abrupta, unas veces irritado por los errores dialécticos del ibérico, otras entusiasmado por sus brillantes ideas.”

Veamos algunos ejemplos de lo primero, en la edición de Porrúa (1992):

“Como en la batalla el vencedor lo es siempre a costa de haber dado muerte a sus enemigos, en arte el triunfo es cruel, y al conseguirlo una obra, aniquila automáticamente legiones de obras que antes gozaban de estimación.”

Jorge Luis Borges.

No vamos a discutir el segundo postulado de esta párrafo infausto, porque caeríamos exactamente en una especie de bizantinismo artístico*, pero sí es necesario escandalizarnos por esa afirmación a propósito de la batalla, sobre todo si recordamos que la filosofía china postula como el mejor guerrero al que vence sin luchar, y que muchas batallas militares (por no mencionar las otras muchas) se ganan sin derramar una gota de sangre. En este aspecto, cabe señalar que Ortega y Gasset, a diferencia de Borges, padece de espíritu de seriedad y que cuando suelta una humorada no despierta siquiera un esbozo de sonrisa.

“El que una cosa sea necesaria para otra no implica que sea por sí misma admirable. Para descubrir el crimen hace falta el delator, mas no por eso estimamos la delación.”

Otra vez el demonio de la generalización apresurada, que deja sin trabajo a personajes como Sherlock Holmes y Auguste Dupin, entre otros muchos detectives que prescinden del delator.

Sin embargo, en otros párrafos del libro citado el genio de Ortega y Gasset brilla con intensidad. Así, cuando habla de pintura dice: “Tal vez en la más abstracta línea ornamental vibra larvada una tenaz reminiscencia de formas naturales.” Y cuando versa sobre la novela dice: “Al gran público le irrita que le** engañen y no sabe complacerse en el delicioso fraude el arte, tanto más exquisito cuanto mejor manifieste su textura fraudulenta.”

Y ya en sus terrenos más familiares, los de la filosofía, escribe Ortega con extrema lucidez:

“La historia se mueve según grandes ritmos biológicos. Sus mutaciones máximas no pueden originarse en causas secundarias y de detalle, sino en factores muy elementales, en fuerzas primarias de carácter cósmico.”

Al finalizar la parte denominada La deshumanización del arte, en el capítulo “Conclusión”, Ortega intuye que se ha internado en ámbitos de difícil discusión, por ello, precavidamente, acota:

“Es, pues, sobremanera probable que este ensayo de filiar el arte nuevo no contenga sino errores. Al terminarlo (…) brotan ahora en mí curiosidad y esperanza de que tras él se hagan otros más certeros. (…) Pero sería duplicar mi error si se pretendiese corregirlo destacando sólo algún rasgo parcial no incluido en esta anatomía.”

Eso es tal vez lo que he perpetrado al señalar algunas de las deficiencias dialécticas del reiterado libro de Ortega, por lo cual debo aclarar que como es un escritor que aprecio, he escrito con esa libertad de señalar errores que se permiten los amigos verdaderos. Y hablando de amigos, también es oportuno destacar que las querellas entre Borges y Ortega me irritan, de la misma forma en que nos desconsuela ver a dos amigos de uno, pero que no lo son entre ellos, pelearse entre sí.

Sin embargo, esta querella entre Borges y Ortega tiene mucho mar de fondo, pues se trata nada menos que de una querella entre Ortega y la República Argentina; o si se quiere, entre los intelectuales liberales argentinos y los intelectuales “de derecha”, tanto argentinos como españoles.

***

Notas

* Bizantinismo: Afición a mantener discusiones complicadas y sin utilidad por ser demasiado sutiles.

** Con suma ironía, Borges dijo alguna vez que los españoles no saben hablar el español, pues confunden el dativo con el acusativo, como se observa en esta línea de Ortega.

Carlos Torres (San Andrés Tuxtla, 1949- Chetumal, 2020). Participó durante tres décadas en el movimiento literario quintanarroense. Publicó el poemario Canción de la luz para tus ojos, el conjunto de relatos Los arrebatados cuentos mutuos, el libro de ensayos Nueve voces y el libro de periodismo cultural La siega.

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