Frank Rojas

El borde nuevamente. El límite de la plataforma. La música que sale de las enormes bocinas incitándome al salto. Los rostros sudorosos y sus melenas. La muchacha rubia con argollas en la piel encima de los ojos y en la nariz. La muchacha rubia, que no me ha dicho aún su nombre, pero que debe llamarse Leonore, debajo, entre la gente. Y los gritos y el olor a alcohol impregnado en los pullóveres.

Diecisiete años, el pelo hasta los hombros. Yo. Metallica y el rock que cubre las paredes. Led Zeppelin que invade la noche. Edgar Allan Poe cuando me habla y su voz es ese golpe suave en mi puerta y su voz es tal vez la palabra interminable de un cuervo… Yo. El dedo acusador de la madre, las arrugas del padre y el enfado. Yo. En el borde del escenario dispuesto a volar otra vez, al menos en un instante inmenso, sobre la multitud que me espera con gritos y los brazos extendidos. Así es el ritual, han de sostenerme en la caída. También yo les sostuve con mis brazos escuálidos. Así es el ritual.

El borde nuevamente. Diecisiete años, demencialmente diecisiete. Demencialmente yo y Metallica y Poe y el cuervo. El tiempo es la música infinita y Leonore me observa. Sus argollas, curiosas formas para el equilibrio. No hay dedo acusador ni arrugas. El ritual. Un íntimo olor a alcohol en los pullóveres. No hay rostros. Sólo brazos extendidos. Otra vez el límite de la plataforma. Otra vez el instante inmenso.

Frank Rojas (Holguín, Cuba, 1974). Especialista en lengua y literatura inglesas. Vive en Tampa. Cuentos, poemas, artículos y ensayos suyos han visto la luz en publicaciones de Cuba, México y Estados Unidos.

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1 comentario

  1. Que maravilloso dejar en líneas escritas nuestra manera de ver la vida, sus instantes que perduran y nuestras decisiones. Hermoso escrito Frank

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