René Fuentes

Leí por primera vez La insoportable levedad del ser en La Habana de 1994. No era el libro impreso, sino una fotocopia de otra fotocopia, muy usada y con aires de libro reciente y prohibido. Pero, en verdad, la novela había sido publicada por primera vez diez años antes: en 1984. Y 1984 es también el título de otra novela de George Orwell, otro escritor que leía del mismo modo entonces: con urgencia, con la certeza de que estaba conociendo la otra cara de esos tulipanes rojos y sus mecanismos de censura… En fin, todo eso que en La Habana de 1994 ya era insoportable, pero recién yo empezaba a comprenderlo y a escribirlo en Las trampas del paraíso.

El año pasado, estuve en Praga y luego escribí algo sobre Praga. Todavía no es el momento de hacerlo saber. Sí quiero y ahora puedo decir que es o me pareció una ciudad bellamente triste, como pocas. Y allí extrañé a Kundera, incluso lo extrañé más que a Kafka, aunque estuve en el barrio donde nació Kafka. Kundera estaba en el aire de Praga, algo así como una cicatriz transparente.

Sobre todas las cosas, Kundera me permitió comprender y tratar de lograr que el argumento de las novelas no quede atrapado en acciones y en situaciones de valor anecdótico. Sus novelas narran; también ensayan, invitan y ayudan a pensar. Liberan con la imaginación; también con la reflexión y con la agudeza de los pensamientos.

Kundera también en uno de sus ensayos (“Sesenta y siete palabras”) me enseñó, o eso sigo creyendo, la importancia de tener un “diccionario particular”, es decir, un diccionario con palabras de significados propios, de raíces propias, de resonancias culturales y contextuales propias… En fin, todo eso que a la buena escritura no la destruyen el olvido, la censura ni los malos traductores.

Desde hace más de dos décadas, en mis cursos de Escrituras Creativas trabajo con obras de Milan Kundera. Los alumnos siempre me preguntan si todavía vive. Y todos los años, hasta este semestre que recién terminó, he respondido que sí. Luego, si volvieran con la pregunta, respondería lo mismo, aunque, desde ahora, él vivirá de otro modo.

Por ejemplo, ahora en Montevideo llueve, es invierno y oscurece. Y Praga y La Habana se juntan en la misma levedad insoportable de tantos y tantos desmemoriados.

Así, con 94 años, exiliado (desde 1975) y nacionalizado en Francia (desde 1981), Milan Kundera ha muerto este 11 de julio de 2023. En una fecha precisa. En un día preciso. Es decir, lo olvidable.

Lo imborrable es que la literatura, madre paciente y transparente, ahora lo arropa y lo deja dormir. Ha terminado la vida de uno de los escritores más memorables del siglo XX.

Gracias, maestro.

René Fuentes (Bayamo, Cuba, 1969). Docente, poeta, narrador y dramaturgo. Entre sus libros se encuentran Los gallinazos, La bufanda, Las trampas del paraíso, La ida por la vuelta, Una oscura pradera va pasando, Postales que nadie pedía, El mar escrito, Silbidos dispersos, Noveno círculo. Vive en Montevideo, Uruguay.

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