(En torno al libro de cuentos del escritor argentino Manuel Ernesto Rivas La fuente de Medusa.)

Nancy Olivera

Cuando unas ideas locas viborean en la mente, los escritores locos por escribir, empiezan a divagar, les dan vuelta para un lado y para otro, las ponen al derecho y al revés; luego, las dejan salir “de punta en blanco” vestidas de palabras. Ya está. Se convirtieron en poemas, cuentos, novelas, y otras muchas divertidas, emotivas o sesudas escrituras que tal vez, con suerte, perduren por siempre jamás en la mente de los también locos lectores que se arriesguen a leerlas. De ese modo, creo, salieron de la cabeza de Manuel Ernesto Rivas estos cuentos de La fuente de Medusa. Su cabeza, una medusa pura de creatividad; sus cuentos, las historias que, desde hace mucho tiempo, le viborean en sus ideas, sus sueños, sus anhelos, su imaginación, sus asombrosas ganas de escribir.

En este libro se reúnen unos “mechones” de cuentos donde se plantean los temas más variados que se puedan imaginar. Sin transgredir, ni por un instante, su estilo, Manuel Ernesto Rivas nos ofrece un popurrí tópico, tal como lo hizo con su libro anterior Los guantes amarillos, pero, a diferencia del mencionado, el hilo conductor en esta “Medusa” con cabellera de historias no es el amor, sino su magistral estilo de escritura.

Intentaré, espero lograrlo, brindarles en pocas palabras un acercamiento a lo que más me impactó durante la lectura, dejando los significados más profundos que se ocultan en cada cuento para que ustedes, lectores amigos, los develen, mientras disfruten el placer de dar vuelta a las páginas.

El primer elemento constitutivo del libro, uno de los pilares de las historias narradas, es la intertextualidad, recurso del cual el autor hace gala en “Fuego en el océano”, por ejemplo. La recreación del asesinato de Moreno en alta mar —que evidentemente alude a nuestra historia revolucionaria patriótica— está construida a partir de la palabra del héroe traicionado por tener ideas contrarias o, mejor dicho, por contrariar con sus ideas. El narrador omnisciente nos presenta, a través de una mirada intimista, cómo el condenado a morir descubre la traición. Al modo de Andrés Rivera en su magistral La revolución es un sueño eterno, Manuel Rivas hace escuchar la voz de Moreno y muestra cómo el patriota sufre más la traición que la certeza de la muerte inminente. El Mariano Moreno de Manuel Rivas, al igual que el Juan José Castelli de Andrés Rivera, se hace escuchar desde una perspectiva individual. Su nombre nunca se evidencia, pero la maestría en el uso de las estrategias narrativas da a conocer a los lectores los contubernios de nuestra historia contados por uno de sus protagonistas. La mirada íntima desnuda la historia argentina, las verdades acalladas.

Hay más alusiones a lo histórico, que se hallan en el cuento “La gloria en quince minutos”, que nos remonta a la escena trascendental del tres de febrero de 1813, en las cercanías del convento de San Lorenzo Borromeo, situado en San Fe. Los quince minutos se refieren al preciso momento del combate; la gloria, al instante en que un valiente, un zambo heroico, el sargento Juan Bautista Cabral, da su vida por el hombre que libertará la patria. El cuento es un homenaje a esos soldados sufridos y sufrientes, que dieron todo por el ideal de libertad.

En los cuentos “La fuente de Medusa” y “La búsqueda”, las alusiones no se limitan a la historia argentina, nos trasladan a la mitología griega. Podemos encontrar, en estos dos cuentos que componen el libro analogías con los personajes protagónicos de la Odisea y del mito de Perseo. En el cuento “La búsqueda”, se juega con los caracteres de los personajes clásicos griegos, Ulises, Telémaco, y el narrador los hace actuar en las batallas de los conflictos contemporáneos referidos a la búsqueda interior.

La alusión a la literatura clásica va mucho más lejos, nos lleva a la India. “Furia en la represa” alude a los libros hindúes Vedas. Vishnu, el ser supremo creador y destructor del Universo, toma el cuerpo de un ingeniero para garantizar la preservación del agua y, en consecuencia, de la vida humana. Este cuento interpela a la razón, nos golpea la conciencia en pro de la protección de la naturaleza.

Adentrándonos un poco más por los caminos de este poeta del amor, como considero lo es Manuel Ernesto Rivas, en el cuento “Ellos y nosotros”, un par de opuestos, mejor dicho, contrapuestos en todos los aspectos posibles, se ponen a tiro de la pasión. En el último párrafo, la sentencia nerudiana, da el cierre con la magia del poema veinte, la cita textual aflora espontánea: “Nosotros, los entonces, ya no somos los mismos.

Me es imposible dejar de destacar la calidad del escritor y del lector que se manifiesta en cada cuento. Digo esto porque, en otro gran ejemplo, el cuento “Los verdaderos asesinos”, el narrador inicia su relato diciéndonos: “Yo no quise matarla. ¿Cómo iba a asesinar a la persona más importante de mi vida? Ni que fuera Juan Pablo Castel, que eligió seguir en ese túnel oscuro y solitario en el que se pudrirá por el crimen de María Iribarne.” La alusión a El túnel, de Ernesto Sábato, es más que evidente.

Podría seguir dando ejemplos de la intertextualidad tan lograda que fui descubriendo a lo largo de mi camino de lectura por estos veintitrés cuentos, pero dejo esa tarea a quienes se interesen por este pequeño y tremendo libro.

Es el momento de referirme al otro elemento constitutivo de la esencia de La fuente de la Medusa, es decir, sus metáforas. Ellas están por doquier. Por donde el lector astuto y perspicaz desee encontrarlas. Aparecen en los títulos, en los inicios, en los finales, en el corazón mismo de cada historia. Extraje algunos títulos. En “La cerradura invisible”, la metáfora sólo se puede interpretar a plenitud al llegar al final del cuento. La exquisitez de la historia narrada está construida en el racconto de un sueño, durante una siesta. La calidad no sólo está lograda por el enigma de la metáfora, sino también por las acciones que invitan a reflexionar en aquel famoso interrogante de Calderón de Barca: “¿La vida es sueño?” El cuento moviliza, motiva. ¿Memoria perdida? ¿Vida soñada? ¿Sueño vivido?

“El velo del silencio” y “El secreto” hacen honor al romanticismo contemporáneo que toca las fibras más delicadas del hombre, y que dista mucho de la cursilería. Sin embargo, los mencionados cuentos no sólo hablan de amor, también tienen magia. La voz y la mirada del narrador hacen pasear al lector por lo desconocido, lo maravilloso a través de una amena y bien lograda escritura. Los cuentos que integran esta selección, que su autor nos muestra, pueden llegar a divertirnos, sorprendernos, hacer pensar, volver a enamorarnos, asombrarnos…

He dejado para el final mi referencia al cuento que presta su título al libro: “La fuente de Medusa”, no sólo porque es merecedor de elogio, sino también porque refleja a Manuel Ernesto Rivas como un arquitecto ingenioso de estructuras literarias, las cuales, a modo de rascacielos vidriados, reflejan paisajes y escenas admirables. Con el asombro a flor de piel, se leen las líneas de este cuento. Las palabras son imanes que obligan a llegar, con urgencia, al sorprendente final.

No digo más. Los dejo, mis queridos lectores, para que se introduzcan en las redes de esta medusa.

Nancy Olivera (Santiago del Estero, Argentina, 1961). Es autora de los poemarios Etapas en el año y Cuestión de vida, y de los libros de cuentos Tuka y Cuentos de selva urbana. Textos aparecen en varias antologías. Se ha desempeñado laboralmente como profesora de Lengua y Literatura. Vive en la ciudad de Libertador General San Martín.

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1 comentario

  1. Extremadamente agradecida por esta publicación. La fuente de la Medusa es un libro imperdible.

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