Ernesto Olivera

ELLA NO ES UNA METÁFORA, PERO ME SALVA DE LA SUTIL AGONÍA

Desnuda eres inagotable

que salgan los tigres de la oscuridad de tu rostro

tu rostro de Bengala

 

Quiero vivir bajo el sol, quemado por tu boca

más que adolescente

tu boca que se come el mundo

y me sentencia al silencio

 

Dame poder ahora que soy viril

en la vejez no hay ninguna recompensa

sé que al final rechazare premios              homenajes

y todas esas cosas bufas porque no estarás conmigo

 

Apenas seremos lo que callamos juntos

Tú eras Mar abierto mío

dame poder

abre las puertas       aplaca este dulce rumor

el estigma de la vida teatral

de la que nadie escapa

 

Desnuda eres inagotable

con esos tigres fuera del poema

alucinados en la colonia Roma

 

Nadie como tú para doblegar mi alma

este poema a duras penas

donde el espíritu no duerme

y espuma es la verdad

 

El resto es fetiche

 

Solo el claroscuro de la selva que se desborda en ti

en tu rostro como una ruleta rusa

hace temblar mi hombría / pone nervioso a mis demonios

porque no entiendo si no estás conmigo

y porque inevitable será el salto al vacío

la caída libre.

VI

a Pilar Ternera

Tócame, traza un círculo de tiza sin dejar nada baldío, sin perder a los únicos saciadores del pueblo. Vuélvete de humo, todo acontece en una oportunidad que el viento amenaza, necesito estar entre las libertades de su pecho y pobreza. Tomad de estos vinillos endemoniados, traspasa una de las puertas para saber si es el trueno de la soledad o la ansiedad brutal. Ojalá duren los latidos en cualquier parte del cuerpo, su pescado limpio debajo del corazón, aunque espantes las palomas, y lleguen otras guerras. Húndase por mí al tocarla los otros (he intentado quemar las páginas en que estas con Aureliano, para estar contigo).

As de soledades, la herida en la mano, el segregar de la cerveza encabritada, el transcurrir de las begonias en tus ojos de hembra, no permanezca en este hombre simulador, sálvate de sus fastidios.

FRAGMENTOS DEL CANTO XVIII

Padre nuestro que no estás en el cielo

Sería fatal que estuvieras tan lejos

Predicar en las alturas

Nos abre las heridas

 

Santificado sea tu nombre

Los que mueren sin saberlo

Y los que todavía sufren

 

Siento caer en los pozos ciegos

Multiplicar los peces no basta

Si abren las puertas al abuso de confianza

El temor es ambiguo como cambiar

Y el tiempo destruye cualquier indulgencia

¿De qué sirve el libre albedrío

Incapaz de retener

Las demoras de la memoria?

 

¿Quién puede perdonar mis deudas?

Ignoro algún reino prometido

Más no mates ese don de acumular errores…

 

Padre nuestro

No me dejes caer en la tentación

De poseer la rosa sólo por vanidad

 

Líbrame del esfuerzo decisivo rompe de huesos

Destructor de sueños

 

Borra las fronteras

Acaba con el SIDA

El Ébola

El cáncer que se robó a mi padre

(Sin terminar las discusiones de sobremesa)

O de golpe caemos todos en tu reino

 

Para burlar la censura

Construiré el papalote que nunca tuve de niño

Y echaré a volar sin cuchillas…

¡Ah! Bendita sea la Isla que me parió

 

Dios mío

limpia suavemente las fracturas de este corazón

De su malasangre

Para no traicionar a un hombre más sobre la tierra

Amén

Ernesto Olivera Castro (La Habana, Cuba, 1962). Actualmente es director de Los cínicos editorial. Entre sus libros de poesía y narrativa figuran Donde crece el vacío y Los impublicables. Vive en Mérida, Yucatán. Su obra ha merecido premios en México y Cuba.

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1 comentario

  1. Carlos Ramos Quintero

    Cómo los peces en un mar de misterio,y elegante verso así es mi caro amigo Ernesto.necesario cómo el más humilde de los poetas.sin simulacros,quien como el para tocar el alma.

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