Marcia Dumont
El caos, la oscuridad, la noche oscura o la consciencia.
¿Se hacía Bruno las preguntas correctas? Luciano nos presenta un protagonista dormido cuya vida es manejada por los antojos de un cruel destino. Sus precarias circunstancias le conducen a la búsqueda de una vida segura, un poco de dinero, sobrevivir en un destino paradisíaco, seguir el canto de la sirena, huyendo de un túnel que no presentaba salidas dignas.
Se aparece entonces una vía, una opción que le presenta la vida. ¿Era su intención correcta, sabiendo que nada es correcto o incorrecto, según el objetivo al cual se dirige? Son estas las cuestiones por las que nos transita el personaje. Luego de recrearnos el ambiente y las circunstancias de su Tucumán natal, el buen Bruno emprende su viaje con el debido entusiasmo.
El lector se vuelve un observador estratégico que presume con certeza los resultados de las decisiones, vistas desde un ángulo superior y, mientras dejé de lado el libro por momentos, comprendí que Bruno Marín somos todos.
Todos hemos iniciado un viaje que nos ha conducido a explorar nuestro caos, y habitando allí decimos, como Neo en la película Matrix: “¿Por qué me pasa esto a mí, si yo no soy nadie?”
Hay dos formas de dirigirse al propósito, por el dolor o por consciencia. De esta elección de Bruno se trata la historia: un recorrido lleno de personajes singulares con sucesos inesperados, decisiones llenas de aventura y peligros, aunque el protagonista se considera a sí mismo monótono y aburrido, aunado al sentimiento de vivir entre dos ciudades, dos nacionalidades.
Es inevitable sentir afinidad con el personaje que resulta carismático y talentoso para la escritura y la búsqueda noticiosa, al igual que para ganarse el corazón de sus amigos. En eso se reconocen el mérito y la habilidad del autor, pero con una torpeza absoluta para otros asuntos. Es una especie de Pinocchio que lo hace víctima de las vicisitudes del destino.
En estas vicisitudes, ocurre el llamado de nuestro héroe. Su propósito se hace más fuerte en su tránsito por la sombra. El destino no le da tregua.
La pluma de Núñez no le concedió ni siquiera el favor de tenerlo en un limbo por un merecido momento de descanso. Este hubiera sido un lugar donde ver su interior, donde se va asomando la verdad, y reconocer su potencialidad.
Su corta visita a Tucumán se asemeja un poco a ese limbo, un viaje desalentador que no condujo a nada, a sentir que ya no pertenecía allí. Mientras tanto, el Universo se adecuaba para golpearlo, revolcarlo y darle una estocada que lo dejara sin oxígeno. Cada relación, cada contacto o amistad, tenía una inevitable consecuencia.
Aunque se atisba una búsqueda, Bruno no tenía definido a dónde dirigirse, prestaba poca atención a sus emociones, sólo se dejaba llevar sin acudir, en muchos casos, a su brújula interior.
Esta historia resulta fantástica para ejemplificar el propósito a través de la oscuridad, cuando aún falta discernimiento.
Surgen muchas preguntas: ¿A dónde se dirige? ¿Bruno tendrá la capacidad de aplicar alguna sabiduría que lo saque a flote? ¿Alguien lo rescatará de la torre incendiada, como princesa de cuentos de hadas? ¿Este recorrido le habrá concedido las respuestas que buscaba: el amor, la amistad, la rectitud, el amor propio? ¿Será que despierte y notará que todo era ilusión?
Una vez el escritor anotó: “Las infinitas posibilidades de un pentagrama”, pero es obvio que nuestro Bruno no ha alcanzado esta sabiduría ni sospecha del asombroso poder que reside en él.
Por momentos, queremos intervenir en la historia y susurrarle qué decisión tomar, pero dejemos que el discernimiento, la intuición y el buen juicio se apoderen de él y entonces nuestro periodista Bruno Marín desate la magia de escribir y dirigir su propia sinfonía.
Marcia Dumont (Caracas, Venezuela, 1970). Egresada de la Escuela de Idiomas de la Universidad Central de Venezuela. Reside en Playa del Carmen, donde ejerce la docencia en materias como Español e Inglés.
Si leíste esta reseña, tal vez te interese leer:
Reseña | Sal entre las mujeres | Agustín Labrada

