Fer de la Cruz
La vida cotidiana en la colonia Roma en los años 60, 70, en Ciudad de México…, el trabajo comunitario en los kibutz de Israel… Tan sólo con esto, mi curiosidad lectora se activa, y pronto descubro que hay mucho más cuando me dejo llevar por el hilo conductor de la identidad múltiple: como mexicano, como mexicano judío, como judío de ascendencia siria y como un muchacho que sale de su terruño y se avienta a la aventura.
En Por tierras extrañas (UNAM, 2019) Jacobo Sefamí nos comparte no sólo los sabores, aromas y texturas de dicha identidad policroma: la comida sirio-libanesa de su familia —el pan árabe inflado y crocante recién salido del horno, emanando la fragancia del ajonjolí; los rollitos hojaldrados de baklava; los kipes que él adereza con chipotle o guacamole, por ejemplo—; también los sinsabores, como la incertidumbre espeluznante al hallarse sin dinero ni hospedaje en las calles de alguna ciudad europea (pues, extraña), o la tragedia familiar que mucho después lo impulsó a escribir el poemario Mili, en lo inacabado mutante. Pero no se queda ahí, en la anécdota, la descripción o en el impacto emotivo. También refulge la prosa reflexiva en torno a la pérdida de los espacios comunitarios judíos en Siria, y en torno al ladino o judeoespañol que hoy se rescata y se cultiva con resultados poéticos notables, o la defensa de la identidad sefardí con raíces sirias.
Además del poemario citado, Jacobo Sefamí ha publicado la novela Los dolientes y por lo menos una docena de libros que compilan ensayos, antologías y muestras poéticas comentadas y analizadas, entre ellos su célebre Medusario, junto con Roberto Echavarren y José Kozer. Por tierras extrañas, nos presenta un viaje personal que parte de la exploración de su identidad, en la adolescencia. Este viaje se mueve, por supuesto, por la noción del regreso a casa, de varias maneras: La mera presencia en Israel de ese chavillo que se inicia en el amor conlleva el regreso mítico de una errancia milenaria. Hay también un regreso literal, el regreso a México, a la colonia Roma y a la casa de sus padres y, más tarde, otro regreso más, uno simbólico a la Siria de sus abuelos cuyas costumbres, expresiones y comida, desde que tiene memoria, lleva en las entrañas. Me resulta doblemente significativo leer Por tierras extrañas mientras yo mismo vuelvo a casa a visitar a mi familia: en el avión a Yucatán y luego en el avión a Tijuana y en el tren que me trae a Irvine. Lo leo mientras me desplazo y me hace sentir acompañado, a menudo salivando con los antojos de las delicias que describe o riendo como loco en mi asiento, con el libro en el regazo.
En efecto, hay escenas de humor de quien se ríe de sí mismo en una voz franca y lúcida que caracteriza al narrador viajero, como al autor y académico que conocemos. Hay mucho más, por supuesto, para descubrir gozosamente en este viaje literario de ida y vuelta. Sus tres actos se titulan así: De ida, Pasado en ruinas y De vuelta, divididos en subtítulos intrigantes como “En busca del horno primigenio” y “Las llaves de un pueblo fantasma” y “Mili, desde el columpio”, que remite a la portada y a la línea final.
Hay elementos del bildungsroman, hay pasajes oníricos en la espejeante concavidad de la memoria, juguetones y poéticos, hay búsqueda de pistas y tesoros ocultos en algún museo que será devorado por una zona de guerra… In other words, it reads like a novel. En este “libro peripatético” —como es llamado acertadamente— Jacobo Sefamí se descubre poseedor de una historia vital única y extraordinaria que le es preciso asentar en palabras, las cuales disparan en los públicos lectores el entendimiento de los puntos de enlace que compartimos en nuestra humanidad, sin dejar de disfrutar —de paladear, si se quiere— nuestras enriquecedoras diferencias identitarias. Aprendemos del periplo de este héroe, hoy risueño y bonachón, y nos sumergimos en las maravillas descubiertas en su búsqueda, sus pérdidas y sus reencuentros.
Lo que más me cautiva es descubrir que lo que le parece importante al Jacobo Sefamí personaje y narrador —aquello que exige ser narrado—, el Jacobo Sefamí escritor consigue hacerlo entrañable para quien decide caminar en sus zapatos a lo largo y fascinante de estas páginas.

Fer de la Cruz (Monterrey, México, 1971). Es poeta y candidato a doctor en Español por la Universidad de California, Irvine. Su libro más reciente se titula Pero el mar no es de fiar. Veinte años, veinte títulos: Selección poética (2003-2023), y fue publicado por Los Cínicos Editorial. Mantiene su residencia en Yucatán.
Si leíste esta reseña, tal vez te interese leer:


Fer, ¡Qué homenaje más cautivador a Jacobo Sefamí!
Sus maravillosas aventuras y experiencias nos llevan por el mundo, espacios desconocidos para muchos de sus lectores.
Carmenmara