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Entrevista | Un collage con parches de todos los colores | Con el escritor Carlos Hurtado

(Entrevista con el escritor Carlos Hurtado (1955-2015), autor de la novela emblemática de la ciudad Cancún, todo incluido; del libro Crónicas urbanas; del relato Playa Soledad y de la novela Otra vez las margaritas.)

Por Agustín Labrada

A diferencia del canto ingenuamente optimista de Walt Whitman en torno a las ciudades, y más próximo sin excederse en el realismo sucio a esas visiones oscuras plasmadas por Charles Bukowski, Carlos Hurtado ha escrito la primera novela sobre Cancún, y en sus páginas expone como escenas para un filme con suspenso los laberintos de poder y corrupción que guarda la ciudad tras una imagen paradisíaca.

Esta comparación sólo tiene que ver con la mirada de los autores sobre el mundo urbano elegido para sus historias (líricas o épicas) y sus trazos sobre los personajes que a ellas dan vida con actos luminosos y sombríos. La sombra que predomina en situaciones y personajes hurtadianos posibilita explorar profundamente dentro de un caos verosímil, no exento, sin embargo, de cierta luz para el justo equilibrio.

En el dibujo de Cancún, todo incluido, incide la experiencia periodística de Hurtado, sobre todo en ese estilo impuesto por el estadounidense Ernest Hemingway donde el narrador se mezcla lo menos posible con la subjetividad de los personajes y permite que el relato crezca mediante sus propias acciones. Debe recordarse que Carlos publicó hacia 1996 Crónicas urbanas, libro en el cual fusiona periodismo y literatura.

El crítico Miguel Ángel Meza señala con acierto en la introducción componentes esenciales de Cancún, todo incluido, pero la curiosidad impulsa a preguntarle al mismo Carlos sobre mecanismos y referentes que lo respaldan para conformar esta historia. Él accede y, aunque sus afirmaciones pesen como golpes de tambor, abre un margen de libertad donde los lectores pueden rehacer sus propias novelas.

¿Armaste la novela basándote en vivencias personales e historias referidas o como ejercicio creativo ficcionalizador?

No se trata de situaciones autobiográficas ni de hechos tomados de primera mano de la realidad. Aunque la experiencia vital resulta útil para imaginar sucesos y personajes, lo que ocurre en Cancún, todo incluido es ficción. Para crear historias, la experiencia, la capacidad de observación y la imaginación son elementos fundamentales. Uno roba de aquí, toma de allá, encuentra relaciones entre toda esa información y lo lleva al papel. Esta novela es un collage con parches de todos colores.

A fin de cuentas, todo lo que percibes es útil para representar realidades. En todo caso, creo que no tiene importancia de dónde vienen las ideas mientras la historia se sostenga y resulte creíble. Siempre he tratado de vivir intensamente, sobre todo cuando era más joven, así que escribo sobre lo que he visto, lo que he vivido, lo que me ha tocado fibras, lo que conozco. Por eso escribo, porque mis vivencias me supuran, me lo piden, pero la novela no tiene espíritu testimonial ni autobiográfico.

¿Las denuncias que habitan estas páginas tienen una intención moralizante?

No, mi intención fundamental de ninguna manera ha sido denunciar y mucho menos tomar una posición moralizante. A mi modo de ver, la crítica social que podría extraerse de Cancún, todo incluido es superficial. Yo no caí en la cuenta de que había una buena dosis de ella hasta que estuvo terminada. La novela tiene el propósito de entretener, de divertirnos a mí y al lector. Simplemente, expongo situaciones que a mi juicio pueden suceder en el contexto que estoy manejando en la intriga, con la intención de imprimirle verosimilitud a la historia.

Pretendo hacer una representación de la realidad que resulte interesante y mi compromiso está en ello, no en emitir juicios. Desde luego que para interpretar la realidad, el escritor (y cualquier creador) difícilmente puede extraerse de asumir una posición política, moral y hasta filosófica, si tú quieres, pero lo que yo piense tiene una importancia menor, no es más que una parte del todo. La novela quiere ser muchas otras cosas además de una mera expresión de mis creencias. En todo caso podría ser una propuesta de la moral de la ambigüedad.

Me parece que la denuncia debe tener características de otro tipo: una determinación mucho más objetiva. Creo que en la novela no sucede eso. Tiene una función expresiva comprometida con la realidad, pero la ficción que yo he empleado ahí no busca disfrazar hechos reales, sino crear trances que en la realidad podrían acontecer. Lo que sí resulta claro es que los personajes se ven atrapados entre dilemas que deberán resolver de acuerdo con su moral muy personal. La mía, la del autor, sin duda está presente, pero prefiere estar lejos de relacionarse con las de los personajes.

La intención es contar una historia en la que cada personaje va a reaccionar de acuerdo con su perfil, y se pretende que sea fiel a sí mismo, a su historia personal, a sus principios y su forma de ver la vida. La mirada sobre la realidad la proponen los personajes, y de cómo miren los personajes depende la moralidad de la obra, y la verdad es que me inclino por los antihéroes. Lo que tal vez podría prestarse a confusiones es la percepción de la “personalidad” de Cancún como personaje-escenario, que sí es mi intención presentarlo así, tal cual. Eso no lo estoy inventando.

La ciudad tiene un perfil dado. En ella, suceden cosas que son utilizadas en la novela porque forman parte de su devenir. Si bien las baterías están enfocadas hacia el lado oscuro de esos acontecimientos, es porque esa es la faceta que le interesa a la historia. La historia de Cancún, todo incluido quiere ver qué hay detrás de lo que todo el mundo conoce o cree conocer, pero no para denunciar ni regañar a nadie, sino porque eso le interesa al tipo de trama que quiero desarrollar. Los cuentos de hadas de Cancún se escriben todos los días en revistas de publicidad, eso no me resulta atractivo para hacer ficción.

Carlos Hurtado con el connotado novelista colombiano Gabriel García Márquez.

¿Estructuraste los capítulos imaginando una película?

No, de ninguna manera. Tal vez lo que te conduce a esa percepción sea que mi forma de imaginar (y seguramente la de muchos) es muy cinematográfica. Al ir hilvanando las escenas, voy rescatando una visión muy nítida, con olores, sabores y ruidos. Creo que mi apuesta está basada más en la historia y en el desarrollo de los personajes que en la búsqueda del lenguaje y tal vez por eso te pueda parecer así.

La estructura tiene muchos cortes que pueden acercarse al modo de caminar, de escena en escena, que utiliza el cine, pero creo que se debe más bien a mi modo personal de proceder a la hora de manejar la historia, pero jamás he pensado en una película. Creo que la novela es poco descriptiva en el ambiente, lo cual le resta mucho a la impresión cinematográfica que requiere una película. Los diálogos son el camino escogido por mí para ir desgranando las acciones y el perfil de los personajes.

¿Cómo lograste construir personajes de perfiles sicológicos, léxicos y medios sociales tan diversos, que a su vez tengan puntos de contacto en un estudiado azar?

Bueno, pues, supongo que conociendo a esa clase de personajes, conviviendo un poco con ellos, observándolos y tratando de guardar fidelidad (como ya dije) a la forma de actuar de cada uno, imaginando las actitudes a las que responderían en las diversas circunstancias. Disfruto más ese ejercicio cuando se trata de situaciones límites. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar alguien en circunstancias críticas y el resultado (afortunado o no) incide en la credibilidad. Cancún es un lugar en el que no es difícil que los individuos de diversas clases sociales tengan contacto entre sí. La historia misma tenía esa intención, contraponer ideas e intereses de personajes diversos porque me parece una característica (no sé qué tan singular) de esta ciudad.

Dossier en torno a la vida y obra de Hurtado, publicado por el portal Grupo Pirámide en 2021.

¿Por qué decidiste narrar en tercera persona?

No lo sé, creo que cuando me di cuenta ya estaba trabajando sobre esa voz narrativa. Supongo que la trama que yo imaginé requería de un manejo del suspenso adecuado y la tercera persona me facilitaba, a mí en lo personal, esa intención. En un momento quise enriquecer con una voz distinta, en primera persona, pero al final decidí que no la había logrado, que estaba de más y que la estructura misma la estaba rechazando, así que simplemente decidí hacerla a un lado con algunas adecuaciones.

¿Cuál es la justificación de las notas periodísticas que abren cada capítulo?

El recurso de las notas periodísticas surgió en el momento en que decidí perfilar a la propia ciudad como un personaje de la trama. Encontré que mataba dos pájaros de un tiro: Cancún tendría una voz y, al mismo tiempo, el lector lograría cotejar versiones y de ese modo nutrir la interpretación de los personajes y los hechos. Me resultó útil para enfocar la trama desde otro punto de vista y de manera más amplia. También me ayudó a echar luz sobre algunos aspectos aleatorios que no se me antojaba manejar en el relato, pero que resultaban interesantes para el argumento.

¿Se desdobla Carlos Hurtado en algún personaje de Cancún, todo incluido?

Supongo que hasta cierto punto sí, supongo que en todos los personajes. Uno no puede penetrar en la sicología de un personaje sin meterse bajo la piel de cada uno de ellos. Cada cual tiene forzosamente un asomo de la personalidad del autor, que este le imprime en el momento de hacerlo actuar, por más objetivo que sea. Sin embargo, creo que los personajes responden más a la acción que a un enfoque personal del narrador.

¿En cuáles zonas de tu narrativa incide tu experiencia periodística?

Mi experiencia periodística no es muy amplia. Se limita a haber escrito una columna durante varios años y editar una sección de cultura durante otros tantos. Si bien la columna que yo he manejado en diferentes etapas de mi paso por el periodismo requiere de información fresca de índole periodística, mi estilo siempre fue un tanto relacionado con el cuento, con la crónica, con la narrativa de intenciones literarias. Y creo que la zona que más experiencia me dejó este tipo de trabajo periodístico logra incidir en el manejo de los diálogos. Mi columna Crónicas urbanas se sostenía, en gran medida, a partir de diálogos ficticios de diversos personajes reales de la vida política del estado.

¿El happy end de tu historia es interpretable como ironía?

Puede ser, pero a mí me parece que un happy end lleva implícita una buena dosis de concesiones al lector, y creo que no es el caso de mi novela. Si bien al final de ella encontramos un nuevo acomodo de las cosas, creo que nadie resulta ileso después de la batalla. Creo que hay demasiadas bajas. Todos han perdido algo sustancial.

Además, no creo que el final sea algo que espere el lector, pienso que termina desconcertado y creo, además, que ni siquiera termina, que las cosas se colocan en un punto tal en el que la trama logra desenmarañarse, pero el final es abierto. El lector puede pensar muchas cosas menos que alguien ganó algo para estar feliz.

Todos fracasan en lo fundamental, su modo de vivir se ve afectado por pérdidas irreparables que no creo que hagan feliz a nadie. Sin embargo, si este final conforta de alguna manera a algún tipo de lector, pues no es mi intención. Para mi gusto no hay tal final feliz, yo no coincido con esa interpretación.

¿Sientes a tus personajes como arquetipos que representan distintos sectores sociales o como entes más singularizados?

Ambas cosas. No están reñidas. Los políticos, los empresarios, los clasemedieros y hasta los lumpen pueden tener características que los identifiquen plenamente como tales, pero dentro del desarrollo de la trama, por las características de situación extrema, son sus historias personales las que determinan sus acciones y las reacciones correspondientes.

¿Reconoces alguna influencia literaria en tu creación?

Yo no lo sé, supongo que uno es un poco de todo lo que ha leído. Cuando uno escribe con regularidad, ya no solamente lee por puro placer sino en busca de efectos y tips para el trabajo propio. Cuando encuentro algo que me atrae, que me estimula, trato de asimilarlo para después reproducirlo en mi interpretación. Por otra parte, el orden de mis lecturas ha sido un poco atípico. Yo no fui el tipo de niño que se emocionó leyendo las aventuras de Emilio Salgari, mi infancia fue muy traumática y, a pesar de que en mi casa se leía y había libros, no se dieron las circunstancias para eso.

Yo comencé leyendo primero a José Agustín y a Juan García Ponce que a Robert Louis Stevenson y Alejandro Dumas. Leí antes a Gabriel García Márquez y a Mario Vargas Llosa que a Dostoyevski o León Tolstoi. Me entusiasmaron antes Henrry Miller y Charles Bukowski que los clásicos, y descubrí a Gustave Flaubert y Guy de Maupassant después de Ernest Hemingway y William Faulkner. Yo no sé si eso me ha deformado o me ha sido de utilidad, pero no alcanzo a percibir en mis escritos la infiltración de los materiales de otro, que pudiera suponer una influencia.

Además del escenario, ¿qué otros elementos le confieren a tu libro la condición de ser la primera novela cancunense?

Yo estoy seguro de que Cancún, todo incluido no es la primera novela cancunense. En Cancún, hay novelas publicadas con bastante anterioridad. Lo que puede ser (y no lo aseguro) es que sea la primera novela que tiene un desarrollo completamente situado en esta ciudad, su intriga es propia de este contexto geográfico-social y en ella se describe el paisaje humano de Cancún.

¿Identificas campos temáticos literaturizables del entorno local que aún no han sido explorados por los escritores?

Claro, muchísimos. Cancún es una ciudad en la que convergen muchas culturas. Ese encuentro de ideas y las características de ciudad naciente le confieren innumerables temas muy interesantes y explotables para la literatura. No sé, la vida nocturna, el acomodo social, las condiciones de soledad y falta de arraigo, la influencia extranjera, los abismos sociales, el entorno natural paradisíaco, la historia milenaria, la política en pañales, folclórica por decirlo de alguna manera. En fin, creo que hay un filón grande aún inexplorado.

Respecto de la crítica: ¿la rechazas, te es indiferente o aprendes de ella?

Bueno, debo confesar que soy muy inseguro y siempre acudo a muy diversas opiniones antes de publicar algo. La crítica formal hacia mi trabajo publicado no me ha tocado aún y espero que ni la buena ni la mala me afecte negativamente. Sin embargo, estoy claro de que la crítica es uno de los caminos para crecer. De hecho, el “tallereo” al que someto siempre mis escritos es obviamente un ejercicio de crítica y como tal aprovecho lo bueno, lo que logra convencerme de que sirve a mis propósitos, y desecho lo que creo irrelevante. La crítica es la madre de la autocrítica, indispensable para cualquier escritor. De cualquier modo, creo que cada vez me resulta más fácil aceptar mis limitaciones y por eso nunca me propongo ir más allá de lo que puedo controlar, de lo que soy capaz de lograr.

¿Manejas una apuesta como novelista?

Pues de cierto modo sí. Esta novela, sus resultados, me han motivado para repetir el ejercicio, para adentrarme en una búsqueda de mayores alcances dentro del género. Me sentí bien y estoy trabajando en ese sentido; superando errores, explorando, pero definitivamente me divierte de una manera más intensa que escribir cuentos, por ejemplo. Yo tengo en mente escribir dos o tres novelas más sobre la impresión que tengo del fenómeno Cancún y –aunque como ya dije la intención primordial no ha sido denunciar– quién sabe si en la siguiente sea más directo… Lo que sin duda ocurrirá es que en ellas aparecerán personajes, trapacerías y enjuagues que a muchos no les costará trabajo relacionar con la realidad que vivimos en esta tierra de piratas.

Agustín Labrada (Holguín, Cuba, 1964). Escritor y periodista cultural radicado en Cancún. Autor de, entre otros libros, el poemario La vasta lejanía, el conjunto de ensayos sobre la literatura de Quintana Roo Teje sus voces la memoria y la novela Botas rusas.

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1 comentario

  1. estimado agustin, me interesa tu texto, podria elogiar , sobre todo tus referencias historicas y ni asi seria gusta mi opinion; le haces una respetuosa y justa critica a Carlos. Estoy trabajando en una vision plastica de esa idea de carlos, he leido varias veces la novela, cancun todo incluido y no dejo de pensar en otras cosas, sobre todo porque cuando la escribia enre sus cronicas y las platicas en su casa, mientras su hijo chack armaba un disco que grabaria en italia.

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