Entrevista con la escritora mexicana Alejandra Camposeco, formada en el taller literario cancunense “Surgir” y autora de libros como El bilé y otras ensoñaciones, y Antonia y las mariposas vampiro.
Por Agustín Labrada*
Desde su primer libro de cuentos El bilé y otras ensoñaciones hasta el poemario Génesis de la piedra, que obtuvo primera mención en el IV Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén y sus libros más recientes, Alejandra Camposeco insiste en búsquedas temáticas y perfeccionamientos estilísticos mientras urde una obra que escala paso a paso hacia su estrella y muestra ya su propio resplandor.
Alejandra nació como escritora en Cancún y Cancún figura entre sus páginas. Allí aparecieron sus primeros textos en antologías, revistas y periódicos. Causas y azares, como dijera Silvio Rodríguez, la impulsaron a vivir y crear en otras ciudades de México, pero siguen perteneciendo a la literatura caribeña su nombre y sus libros: Mientras esperas, Letras sonámbulas, Hoya de serpientes…
Sobre este último título anota Francies Metries: “Se trata de una imagen que remite a un descenso al inframundo de alimañas viscosas y ponzoñosas, que simboliza la pérdida de la tierra amada, el Mayab, desfigurada por la modernidad foránea y abandonada por la autora para exiliarse en la ciudad. Los temas del amor y el desamor, con añoranzas de la tierra maya, atraviesan todo este poemario…”
Mietres acierta, pues muchas líneas de Camposeco son el tejido inconcluso donde expone descubrimientos y dudas en torno al entramado amoroso, aunque su propuesta abarca otras regiones oníricas y reales. “Mi amor es un país inventado”, dice y luego nos descifra ese país que pueblan los signos hasta volverse historias, canciones, dibujos para encerrar el tiempo y su nostalgia.
¿Por qué escogiste un lenguaje y un nivel de sugerencias poéticas para concebir tus cuentos?
Comencé escribiendo cuentos, aunque creo que en el fondo siempre he sido poeta, y esta certeza me llegó precisamente durante el proceso de escritura de El bilé y otras ensoñaciones. Hubo momentos en que la poesía se comió completamente a la narrativa y entonces hube de desaparecer párrafos completos y a veces hasta algún que otro cuento que se salía de la forma y terminaba siendo un poema en prosa. Aún así, una vez terminada la escritura del libro, me gustó mucho el resultado. El uso de un lenguaje plagado de sugerencias poéticas le daba a los cuentos un sello muy personal, como si de alguna manera los cuentos se hubieran impregnado de mí misma, como si algo de lo que soy latiera dentro de cada personaje y encontrara su nido en la ficción de los cuentos. Pienso que, a veces, en un lenguaje sugerido se dice mucho más que con un estilo directo y explicativo, entonces siento que doy a cada lector la posibilidad de ensoñar, de imaginar, de concebirse en este universo poético y comenzar a crear otra realidad a partir de la mía. “La poesía, nos dice María Zambrano, crea su unidad con la palabra, con esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante.” Y un poco eso es lo que he tratado de lograr en mi narrativa, el darle a cada lector lo más distinto de cada instante.
¿Fue intencional que el escenario de algunas historias sea impreciso o sugerido?
Por la temática de mis historias, un escenario realista o demasiado explícito se vería completamente fuera de contexto. El centro de las historias es exactamente esa imprecisión que viene de los ambientes y a veces hasta de los personajes mismos. Parte del ambiente que se va tejiendo a lo largo de la historia ayuda a crear los finales sorpresivos de algunos cuentos (como en el caso de “El beso”), y en otros casos ayuda a los personajes a moverse más libremente a través de la trama (como en “El rito”). No pienso mucho en los ambientes, ellos van surgiendo a través del proceso creativo que es la escritura, se van urdiendo y van de alguna manera ayudándome a sostener a los personajes en esa realidad fantástica en la que viven y con ello le entregan al lector la posibilidad de desentrañar sus propios laberintos.
¿Cómo decidiste el punto de vista que requería cada relato?
Los puntos de vista en los relatos llegaron por sí mismos, incluso en algunos cuentos el narrador cambia una o varias veces y eso se dio durante el proceso de escritura cuando el personaje o a veces la historia me pedían el cambio de voz. Algunos textos pasan de la segunda persona a la primera (“Confusión”, “El robo”), otros van de la tercera persona a la primera (“El rito”, “La princesa de las nieves”) y otros se mantienen en la misma voz todo el tiempo. Mi favorita es la segunda persona, aunque es una voz un tanto difícil, pero con ella siento que la historia se comunica directamente con el lector, como si de alguna manera este fuera el personaje mismo. La primera persona es más personal, más íntima, nos dice algo del personaje y nos permite entrar en sus pensamientos de una manera más directa, mientras que la tercera persona se vuelve más narrativa e impersonal. La idea en este libro fue explorar las diferentes personas según le convenía más a cada cuento, y dar con ello un mosaico de las diferentes voces que pueblan la vida de los personajes.
En ciertos textos de El bilé y otras ensoñaciones, se rebasa levemente el enfoque realista y se entra en la fantasía. ¿Has incursionado en la tendencia fantástica en otras narraciones?
Sí, creo que casi todas mis narraciones tienen algo de fantástico. He sido durante muchos años una lectora de este género y debo confesar que me atrae mucho. Me gustan los cuentos de Ray Bradbury, de Lovecraft, de Asimov, de Poe. La metamorfosis, de Kafka, es uno de mis favoritos. Entre los latinoamericanos me gustan Bioy Casares; Aura, de Carlos Fuentes; Jorge Luis Borges; y, por supuesto, algunos cuentos de Elena Garro. Específicamente, Los recuerdos del porvenir me parece una novela fantástica. Creo que todas las personas necesitamos algo de fantasía en la vida para romper la rutina de lo cotidiano y poder encontrar esa línea finísima que existe entre la realidad y la fantasía. México es un país lleno de magia, de símbolos, de fantasmas, ¿qué mejor lugar para comenzar a explorar lo fantástico que nuestro país?
¿Cuál es el significado de los colores con que divides las tres partes del libro?
Esos tres cuentos, los que abren los colores, vinieron a mí después de leer El cuento azul, de Marguerite Yourcenar. Entonces me dije: Si ella lo puede hacer, pues yo también. La idea de esos cuentos era la de hacer una bandera mexicana, pero muy del sureste. El cuento verde habla del narcotráfico en Quintana Roo, el blanco de las sectas en Yucatán y el rojo de la guerrilla en Chiapas. Después, cuando mandé el libro a Tierra Adentro, el editor me dijo que convenía más dividir el libro en colores, porque se dio cuenta de que mis textos estaban llenos de los mismos colores. Admito que esa selección la hicieron ellos, cuando vi el libro fue cuando me di cuenta de que tenían razón, y de que inconscientemente había escrito los cuentos invadidos de los mismos colores que los tres de la bandera. Incluso había un epígrafe del águila con la serpiente, pero me dijeron que eso ya era demasiado y lo sacaron. Siempre hay que escuchar a los editores ¿no?
¿Qué aprendiste en el taller literario Surgir?
Alicia Ferreira fue una luz en un momento muy difícil de mi vida. Llegué a su taller por pura casualidad y admito que es lo mejor que me ha pasado. Después, he estado en muchos talleres, pero con ella aprendí cosas que no he vuelto a ver. Principalmente, aprendí que lo más importante para escribir es explorar lo que traes adentro, que no se debe sentir miedo de decir las cosas como son y que todos tenemos una capacidad inmensa de imaginar y de sentir, la cual, si se le permite, comienza a fluir e impregnar los textos dándole una vida paralela a la nuestra. Me enseñó que los personajes existen porque nosotros se lo permitimos y cada uno de ellos se lleva una parte nuestra. Algo así como un exorcismo. Ojalá todas las personas tuvieran la oportunidad en su vida de encontrar una maestra como ella. Nunca nos criticó los textos y siempre nos dio la libertad de escribir lo que teníamos adentro sin que su escritura (la de Alicia) influyera en nuestro estilo. Esa libertad es casi imposible de encontrar en los maestros que dan talleres. Yo vivo mi escritura gracias a ella, creo que le debo mucho y para mí siempre será una gran maestra y una excelente amiga.
¿En qué lecturas ha encontrado afinidad tu espíritu creativo?
Como todos, según pasan los años, nuestras lecturas van cambiando. Aún así, hay libros que permanecen y viven con nosotros por mucho tiempo. Varios libros han sido de mucha importancia en mi vida: Fuegos, de Marguerite Yourcenar; La llama doble, de Octavio Paz; los diarios de Anais Nin; la obra completa de Sartre; los “trópicos” de Henry Miller; El obsceno pájaro de la noche, de Donoso; Junta cadáveres, de Onetti; la obra completa de Faulkner; En el camino, de Kerouac; la poética de Aristóteles; obviamente El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Cervantes. Me gusta mucho también leer la Biblia y el Dhammapada tibetano, y varios libros más que seguramente olvido. En poesía, me encantan las obras de Olga Orozco, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Charles Baudelaire, Hölderlin, Enriqueta Ochoa, José Gorostiza, Alejandra Pizarnik, Rimbaud, Pessoa, Ginsberg y una lista inmensa, pero, si tuviera que resumir, me quedo con Dostoievski (¿ves?, lo había olvidado), con Faulkner y con Marguerite Yourcenar. En poesía, me quedo con Luis Cernuda, con Baudelaire y probablemente con Olga Orozco.
¿Tus experiencias plásticas se entremezclan en tu obra literaria?
Creo que sí, supongo que por eso los cuentos quedaron llenos de
color. De todas las vanguardias artísticas creo que el surrealismo es mi favorita, en ella se maneja lo onírico, el flujo de conciencia, la interiorización del espíritu y el humor (a veces bastante negro). Cuando descubrí a los surrealistas (en la pintura) fue como un gran golpe de luz. Además de Dalí, me encanta Giorgio de Chirico, Marcel Duchamp y René Magritte, también hay un escultor que me llama mucho la atención, se llama Hans Bellmer, vale la pena ver su trabajo. Todas esas pinturas, mezcladas con mis sueños, fueron dando forma a los cuentos, creo que incluso algunas personas han definido mis relatos como surrealistas. En vez de molestarme, me halaga, pues es una vanguardia que admiro profundamente. Cada viaje al interior regresa en un sueño y después, mezclado con la vigilia y el proceso creativo, este toma la forma de un cuento, un poema o un cuadro. Es como lo que ya había dicho, el encontrar lo más distinto de cada instante.
¿El entorno caribeño influyó en tu escritura cancunense?
Estuve casi catorce años en Cancún, ahí dejé de ser adolescente y me convertí en mujer, en este proceso, la ciudad influyó considerablemente en mi personalidad y en mi manera de pensar y ver las cosas. Ahora que estoy lejos, me doy cuenta de qué tan diferente es la vida en el Caribe y de que mi aprendizaje es muy diferente al de las personas de la Ciudad de México o de Querétaro. Casi todos mis cuentos están ambientados en el Caribe, con excepción de algunos que se salen, como “Invitación al cine” y “La princesa de las nieves”. El trópico tiene una influencia muy fuerte en los artistas, los cuadros se llenan de mucho color, los textos se impregnan de ambientes de selva y de mar, la música se hace más rítmica, más cadenciosa, como las caderas de una mujer. De alguna manera, este ambiente entra en la piel y se instala para nunca abandonarte, no importa adónde vayas, siempre lo llevas dentro, como un tesoro, como una moneda, como lo más íntimo y florecido.
¿Cuáles son los temas que más te atraen?
Las historias que exploran la línea de la locura, siempre de la mano con la realidad; las de género fantástico y de horror; me gustan mucho también los seres fantásticos, como esos que se encuentran en los bestiarios.
¿Qué piensas de la revista Tropo a la uña?

Desde que Miguel Ángel Meza comenzó con el proyecto de la revista me pareció una excelente idea. Al principio, dudé de si iban a poder sostener la publicación, pues llevar a cabo un proyecto de esa magnitud requiere de un gran esfuerzo, dedicación y, obviamente, dinero, pero salieron airosos y eso es digno de una gran admiración. La línea de la revista me gusta mucho, se puede ver que cuidan mucho el contenido de los artículos, el espacio que reservan para los artistas plásticos es importante, y el tiraje tuvo una gran calidad de impresión. Aunque en algún momento tuvimos problemas Miguel y yo, nunca he dudado de la excelente calidad de su trabajo y de la disciplina y amor con que llevó a cabo el armado y el tiraje de la revista. Ahora la leo con gusto y con un dejo de nostalgia por saberme tan lejana de toda esa gente que colabora con su trabajo y su creatividad para darnos un aliento del Caribe mexicano.
¿Te consideras una escritora quintanarroense?
Sí, Cancún existe en mi corazón. Hay días en que la nostalgia me gana y quisiera hacer mis maletas y regresarme. Lo que no extraño es el calor y los mosquitos. Por lo demás creo que sí, siempre voy a ser quintanarroense, pues (como dije antes) pasé gran parte de mi vida allá y en lo que escribo siempre está presente el Caribe. Un escritor siempre le pertenece a lo que escribe.
¿Recuerdas los libros que leías siendo niña?
Siempre fui una niña muy solitaria, creo que fue debido al divorcio de mis padres, el cual me afectó mucho, por eso crecí en un silencio poblado de libros. Me leí la obra completa de Emilio Salgari, de Luisa May Alcott, de Julio Verne, de Alejandro Dumas. Después comencé a leer todo lo que cayera en mis manos. Un libro que se llama El país de las sombras largas, sobre la vida de los esquimales, es uno de los que recuerdo con cariño. También leí muchos cuentos, los de los hermanos Grimm, los de Anderson, los rusos, los indios, los chinos y como a los doce años leí Las mil y una noches y El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Siempre he tenido un libro entre las manos, no me imagino de otra manera.
¿Está tu vida íntima en lo que escribes?
Casi siempre aparecen cosas mías en lo que escribo. Cada personaje de los cuentos tiene algo mío que a veces se cuela inconscientemente. En la poesía siempre soy yo, ahí es donde puedo confrontar todos mis miedos, mis obsesiones, mis pasiones, pero en los cuentos también aparecen estos sentimientos, sólo que son menos personales porque se trasladan a personajes de la ficción y entonces ya no los siento tan míos. Otras veces un cuento puede ser una anécdota (bastante cambiada) de algo que me sucedió, como en el caso de “Vestigios”, que es un amor de preparatoria que tuve y en “Invitación al cine”, que viene de un domingo en que un padre americano —que venía a trabajar con el padre Chinchachoma—me invitó al cine en Tepoztlán, el resto del cuento es un invento mío. De hecho, ese día fuimos a ver Blancanieves y no pasó nada de lo que escribí, sólo la descripción de la casa de asistencia en la que vivía y el viaje en autobús.
¿Con qué sueña Alejandra?
Casi siempre olvido mis sueños, aunque sueño muchísimo durante la noche y en el día también sueño mucho, ensueños les llaman. A veces, vengo caminando y me asalta un personaje y me pierdo tanto en él que cuando me doy cuenta ya me perdí o me pasé del lugar al que iba. Otras veces es un ambiente o un olor o un color que me invade y entonces me dejo llevar por la sensación y ahí, en su núcleo, aparecen unas historias estupendas. Además de eso, sueño con seguir escribiendo, tengo una rutina inamovible en la que trabajo. Comienzo a escribir todos los días a las diez de la mañana y termino a las dos de la tarde. Por las noches leo mucho. No se puede escribir sin haber leído mucho. Escribir para mí es más que una necesidad, es mi vida entera, no me imagino pasar un día sin haber escrito algo, aunque sólo sea un borrador o la página inconclusa de mi diario, pero lo más increíble de los sueños es que cuando se trabaja en ellos casi siempre es posible hacerlos realidad.

Agustín Labrada (Holguín, Cuba, 1964). Escritor y periodista cultural radicado en Cancún. Autor de, entre otros libros, el poemario La vasta lejanía, el conjunto de ensayos sobre la literatura de Quintana Roo Teje sus voces la memoria y la novela Botas rusas.
Si leíste esta entrevista, tal vez te interese leer:

