Enrique Saínz

Al conmemorarse, en 2002, los cien años del nacimiento de uno de los grandes poetas cubanos, la Editorial Letras Cubanas publicó, en dos voluminosos tomos, su Obra poética, con compilación, prólogo, cronología, bibliografía y notas de Ángel Augier, ilustraciones del propio poeta y distribuida de la siguiente manera: Tomo I: 1922-1958 y Tomo II: 1958-1985.

Los lectores tienen en sus manos una cuidada edición de los textos de este importante creador de las letras hispanas, por más de una razón una voz singularísima de cubanía esencial. Ángel Augier, estudioso durante muchos años de la obra de Guillén y autor de las ediciones que se hicieron con anterioridad (1972-1973, 1980-1981 y 1995), aclara en una breve introducción cuál es la diferencia de esta que ahora comentamos.

Nos dice al respecto: “Se enriquece la presente edición con la sección final que denominamos Otros poemas rezagados, la cual reúne composiciones de distintas épocas, no incluidas en las ediciones anteriores de esta obra, y cuyas circunstancias aparecen en las respectivas notas.”

En el extenso prólogo, que abarca las páginas VII a XLII, Augier se adentra, mediante un análisis histórico-literario, en la caracterización de la poesía de Guillén desde los textos iniciales de Cerebro y corazón (1922), y lo hace con una bien elaborada prosa del mejor didactismo que los lectores y estudiosos agradecen por su claridad y el riquísimo caudal de información que nos entrega.

En el voluminoso cuerpo de notas y variantes, en la cuantiosa cronología y en la rica bibliografía, el primero al final de cada tomo y las otras dos al final del segundo, hallamos una impresionante cantidad de utilísima información para estudiar, desde su época y las múltiples circunstancias en que se gestó, la poesía de este magnífico creador de las letras cubanas. Creo que la crítica ha subrayado con más insistencia la importancia de la poesía de Guillén que sus calidades, virtudes que no siempre coinciden en una misma obra o figura.

Un poeta puede ser muy importante en la historia de la cultura nacional o en la del género y no dejar, sin embargo, un libro de calidades perdurables. Puede suceder también que el libro verdaderamente trascendente, en el plano estético, con enorme carga de futuridad, de ese poeta, no sea el que le da su relevancia en la historia de la literatura nacional.

Tal es el caso, en mi opinión, de Regino Boti, cuya obra Arabescos mentales (1913) enriqueció la poesía cubana de su momento y fue determinante en su proceso evolutivo posterior en la medida en que reabrió el camino a las nuevas maneras traídas años atrás por el modernismo, transformaciones que los poetas cubanos de finales del siglo XIX y comienzos del XX habían pasado por alto hasta sumergirse en un empobrecedor romanticismo decadente y tardío que nada tenía ya que decir.

A pesar de ese aporte sustancial, Arabescos mentales no es un libro perdurable más allá de su valor histórico. Sólo leído a la luz de su contexto adquiere relevancia y un sitio destacado en la historia de la cultura del país, virtud nada desdeñable, por cierto. Ese no es el caso de Nicolás Guillén. Su poesía mejor acoge extraordinarias calidades formales que le permiten trascender en el tiempo y constituirse a su vez en un poeta de enorme importancia histórica.

Motivos de son (1930), Sóngoro cosongo (1931), West Indies, Ltd. (1934), Cantos para soldados y sones para turistas (1937), España. Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937), Elegías (1977), integran una obra de enorme importancia para Cuba, suficiente para considerar a su autor el Poeta Nacional, y poseen asimismo una incuestionable riqueza estética que permite que volvamos a esos textos una y otra vez como puras piezas artísticas, sin pretensiones de otro tipo de lectura. Y por otra parte, su poesía de amor, ajena por completo a toda intención política, tiene ejemplos perdurables dentro de esa modalidad.

Las razones de esa coincidencia las hallamos en el hecho de que Guillén es un poeta mulato de enorme talento, un poeta que ha asimilado creadoramente las mejores lecciones de los clásicos de la lengua –una virtud en la que tampoco insiste mucho la crítica, atenta casi siempre a los contenidos revolucionarios y socio-políticos de esta obra– y ha sabido aprehender los rasgos fundamentales del cubano y llevarlos a su poesía.

No sólo ha sabido captar esencias de lo cubano, sino, además, ha plasmado en magníficos poemas otras problemáticas de significación latinoamericana y de la lucha de ideas en un plano universal, como en España. Poema en cuatro angustias y una esperanza.

Poesía y denuncia política, poesía y cubanía, se fusionan en sus mejores textos, aquellos que mayor fama han alcanzado a lo largo de los años. La agudeza de su especial sensibilidad para la facturación de su poesía más acabada la hace trascender y ser leída con incuestionable fruición.

Político y hombre de ideas de izquierda, que lo llevaron, de manera natural, a militar en el Partido Comunista de Cuba durante décadas, Guillén fue también, y en sitio de similar rango, un poeta de gran creatividad, abierto a la renovación, como lo demuestra el carácter transformador, en su momento, de su libro Motivos de son, y más tarde los textos de El gran zoo (1967), La rueda dentada (1972) y El diario que a diario (1972).

Sería muy beneficioso, para una más plena intelección de la obra guilleniana, que nuestros mejores críticos y otros de los muchos que en el extranjero reflexionan y escriben sobre su obra y en general sobre la poesía cubana, se detengan en análisis inteligentes y penetrantes para continuar ahondando en los aciertos y calidades formales de esta obra, un camino en cuyo tránsito se pondrán de relieve, con toda seguridad, valores perdurables.

Con la celebración del centenario de su nacimiento y la publicación de estos dos tomos de su Obra poética, se inició un período de reconsideración de su quehacer, olvidado por buena parte de la crítica y de los poetas jóvenes durante algunos años. Si los académicos se acercan a sus textos para estudiar su importancia desde una perspectiva integral, la cultura cubana y, en general, las letras hispánicas se enriquecerán notablemente.

Enrique Saínz (La Habana, Cuba, 1941-2022). Autor de, entre otros libros fundamentales de ensayos críticos: Diálogos con la poesía, La obra poética de Cintio Vitier, Indagaciones, La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación, Silvestre de Balboa y la literatura cubana, La literatura cubana de 1700 a 1790, y Trayectoria poética y crítica de Regino Boti.

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