Ramón Fernández Larrea
ARIADNA
A Thelvia
Has apresado todos mis relámpagos
las espinas que el aire me ponía
El tiempo ya no azota ni las piedras
aquellas tristes piedras
de dolorosa sombra me sacuden
Ésta es tu voz y el mar es otra cosa
espléndida y marchita ante mis ojos de perdido
De vez en vez la noche que mordía las paredes
me hizo trampas urgida por quién sabe qué rostros
y siempre siempre entraba tu llovizna
tu mensaje de sábanas y yo volvía a respirar
Seis años en el tiempo con mi pie tembloroso
seis vueltas seis humeantes dulzuras sobre el pecho
son más que una señal
¿Será el deseo esta constancia al caminar?
¿en qué túnel mis huesos van a arder
y soltar la cuerda no volverá ya a verte?
Eso es cosa del sueño
Sigue lloviendo ahora
tenaz y firmemente sigue lloviendo sobre mí
que el ruido de tu aliento gobernará mis pasos
Esta noche otra noche otra vez el mundo
cualquier mes de la sombra destruiré la pared
pero sigue lloviéndome
vigilando mi abismo
que al final estás tú
Al final de este sueño estarás tú.
ANIVERSARIO
Si no fuera una asquerosa mentira
podría decir tus senos de paloma y etcétera
y nunca fueron otra cosa que senos pequeños
en medio del ardor alguna que otra noche
Podría decir la vida es una zanahoria
o este trébol marchito que sentimos
con cara de conejos cuando la tarde invade la ciudad
La vida no es un trébol ni otra cosa
que ese temblor que mancha nuestros pasos
Hace frío hace frío tus manos están cerca
No tienes ojos de almendra tus manos no son
pájaros moribundos
yo tengo ojos de recién fusilado
con el cielo deshecho dentro de ellos
y tú al centro de todo llena de todas las preguntas
Nunca he podido hacerte un poema de amor
siempre me ha parecido una agria deuda
Recuerda ahora no tienes senos de paloma
ni manos distintas ni ojos almendrados
y que la vida es un disparo del que morimos juntos
un brillo de estúpidas navajas donde va nuestro sueño
humo en los ojos de un gato
que sale de la sombra.
PARA GINA CON AMOR Y ESCUALIDEZ
I
El alba es como un oso vomitando relámpagos de oro
sobre tus piernas que cabalgan
junto a la atrocidad de cuatro paredes ajenas
sin amparo
animalito verde te asesinan el rostro
doscientos hombres sudan sobre tus tetas en verano
con las tripas desechas por la esperanza de tu pelo
sus lenguas se desprenden cuando cruzas soñando
con un parque de fondo donde tiemblo
entre dioses borrachos
ahora me miran de reojo tres maricones húmedos
ahora apareces matadora con el último trago
todavía en las mejillas
quisiera descubrirte bajo el carmín melocotón
yo me agito las hojas comienzan a bailar
es el aire o tu sueño tu resplandor hiriente
no eres la vida vida mía
tu blúmer air mail tu clítoris de furia
no eres la vida te destroza la madrugada de borrachos
en que hundes tu carne inclinando los ojos
escapa de mi sombra hacia la aurora que no cesa
voy a morder tu lengua de inesperado cáliz
te voy a destrozar en ese tiempo que me cedas
voy a quemar llorando tu corazón de media hora.
II
Saludo esa explosión
de treinta caballos milagrosos
que salen de tu sangre al finalizar cada aventura
ese gesto de horror cuando boquea la noche
en una asfixia inmensamente larga
Un espejo se rompe cuando comienzan tus orgasmos
y entre tus piernas ruge un rostro anónimo
Tú y los treinta caballos de la infamia
sobre los precipicios
Tú y tus dientes que se mueren de frío
de soledad desconocida
No me pediste un poema mis huesos se
derrumban sobre el humo
No me pediste una palabra y tus caderas crujen
como una pared rota
No contabas conmigo y estás entrando al soplo
de esta magia irritante
con tu oscura inocencia llena de manos asesinas
y no eres Molly la cantante de las bandas del sueño.
III
Oh esos mugrientos corazones
que huelen a hierba envejecida
esos deseos hirientes que te cercan
Ésta es la danza de las antiguas madrugadas
ésta es la danza de los abortos silenciosos
un semen con espinas rueda por tus zapatos
y brilla inútilmente en el atisbo de una lechuza cómplice
Tu cuerpo entra susurrando
a la humareda triste de los clubes nocturnos
allí están los vampiros soltando coplas de esperanza
allí te espera ese muchacho ebrio
que te penetrará con los ojos perdidos
mientras le abofetea un silencio de plomo
tú te sumerges en un vaso
yo espero entre los árboles
y un hombre en el campanario quiere ahorcarse
con el rumor del alba
su cuerpo será el bronce que repique en la plaza.
ESCRITO SOBRE UN PEDAZO DE MADRUGADA
A Omar Kessel
De tanto ver mi nombre en los papeles y en el cielo
de tanto saludar con mi mejor mueca feliz
estoy pareciendo casi un tipo normal
un caníbal contento un profesor de humanidades
Soy un pedazo de carne con ojos
Camino por el día hasta su luz destrozada
Digo adiós a las casas a las cebollas del mercado
Veo en definitiva que la felicidad no tiene manos
Por eso no voy a pensar en ti
mi puta cotidiana mi pequeñita desmemoriada
Seré el entretenido el recepcionista obsequioso
el hermano chiquito de Clark Kent
cuando aparezcas a las tantas y tu cabello
esté lleno de noche
de turbios sueños turbias cascaritas
desprendidas del cielo
Diré qué bien qué bien abajo todas las barreras
viva la noche esa parienta pobre
de la sed más antigua
te abrazaré para salir de la estampita
Pobre entonces de mí y el agua del silencio
me llene suavemente los pulmones
Me voy a estar morado hasta el amanecer
Seré ceniza y no tendrá sentido
polvo y polvo seré mi incandescencia rota
Viva el amor el año ochentaycuatro
esta ciudad en que siempre me faltas.
Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba, 1958). Son algunos de sus libros El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Kabiosiles… En 2015, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero, en España. Vive en Estados Unidos.
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