Las asociaciones ecológicas han denunciado que se comercializan departamentos y lotes sin ningún permiso.

En la zona periférica crece un cordón de asentamientos irregulares, al igual que sucedió en los años 90 con Cancún.

Luciano Núñez

 

Por Luciano Núñez

Quintana Roo experimentó en los años 90 la eclosión del fenómeno Cancún, así también, la mayor pérdida de superficie de su selva y recursos naturales.

El reporte “El desarrollo turístico en Cancún, Quintana Roo y sus consecuencias sobre la cubierta vegetal”, detalla que la superficie apropiada para la población en Cancún se duplicó en detrimento de la selva, que disminuyó en un 7.1 por ciento. “Aunado a ello, surgieron los asentamientos irregulares paralelos a las vías de comunicación carretera” (*).

Un fenómeno con características muy similares acontece en Tulum y con la mirada omisa de las autoridades: crecimiento urbano desordenado y sin ningún control, además de la proliferación de asentamientos irregulares que bordean la zona urbana y conformaron un cinturón de pobreza. Allí se construyen torres de hasta siete pisos en zonas de anidación de tortugas aún con sellos de clausura. Tulum es tierra de nadie que crece sin control ni ley.

Auge turístico en vuelos

El auge turístico-inmobiliario en Tulum se refleja en vuelos. El último reporte de Estadística Operacional de la Agencia Federal de Aviación Civil dice que el Aeropuerto Internacional de Tulum “Felipe Carrillo Puerto” ha movilizado en los primeros seis meses del año un total de 212 mil pasajeros internacionales, así como 138 mil nacionales. Es decir, entre las 10 primeras del país y podría cerrar el año con más de 1 millón de pasajeros para así colocarse entre las primeras cinco con mayor número de pasajeros internacionales en 2025.

Desde hace unos años el estilo Tulum ha ganado un mercado de alto poder adquisitivo, con fiestas electrónicas de talla internacional, hoteles de super-lujo y una variedad de fiestas exclusivas en parajes aislados, rodeados de una exuberante belleza que mezcla cenotes, selva y altos consumos de drogas.

Sin embargo, ese auge tiene un revés de la moneda: la urgencia inmobiliaria ha desatado una fiebre de construcción, con más de 300 desarrollos, según contabilizó la propia Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), es decir, seis veces más que el líder de Latinoamérica, Cancún, con apenas 60 desarrollos programados.

Comercializan, sin permisos de construcción

El problema es que la gran mayoría de estos nuevos desarrollos están ya en fase de comercialización, aún sin ningún permiso de construcción, de acuerdo a la denuncia de la asociación Defendiendo el Derecho al Medio Ambiente Sano (DMAS).

¿Cómo es posible?, ¿no existe ninguna autoridad de los tres órdenes de gobierno que ponga orden al caos inmobiliario, aún cuando las alertas se encendieron por varios frentes?

Meses atrás Grupo Pirámide publicó un amplio reportaje en el que, varios de los funcionarios del actual gobierno que encabeza Diego Castañón, fueron señalados de despojo y diversas irregularidades, sin embargo, nada ha pasado. La Fiscalía del Estado ha sido omisa. No sólo siguen en sus puestos (e incluso en campaña), sino que al parecer tendrán continuidad después de que en el pasado proceso electoral el alcalde fuera electo, eso sí, con escaso margen.

Uno de los especialistas consultados no quiere revelar su nombre: “Uno ya ha denunciado estas malas prácticas y, de todas maneras, hacen lo que quieren”, se lamenta. Pero deja en claro que existen severas irregularidad en la zona que comprende Tulum-Coba y Muyil. “Yo entiendo el desarrollo, pero hay maneras de construir. No se puede arrasar con todo y cenotes”. Para el profesional, los desarrolladores están plenamente seguros de que no habrá castigo, “ésta es la realidad. Pagarán una multa y aquí no ha pasado nada”, lamenta.

Tankah Cuatro y millonarios desarrollos en zonas de tortugas

A las denuncias sobre el desarrollo «Adamar Solimán” (que se construye en una zona de desove y anidación de la tortuga marina, que consta de 24 departamentos en la bahía de Solimán, y cuyos departamentos tienen un valor que oscila entre los 800 mil y un millón de dólares), la fuente de esta columna agrega que no menos peor es la situación en Tankah Cuatro, donde se construye a todo vapor sin ningún miramiento a los planes de desarrollo y mucho menos a la ecología. Los terrenos ya escalaron a más de 80 millones de dólares. Uno de ellos se describe con 326 hectáreas, con 432 metros lineales de playa y 654 metros de fondo.

Consultado si Tulum podría soportar un desarrollo vertical, confirma que sí, siempre y cuando se respeten las áreas verdes y se realicen cálculos de servicios además de estructurales para vientos huracanados.

El modelo turístico que ha dominado a Quintana Roo: bienestar para unos pocos a costa del arrasamiento de las reservas ecológicas y la generación de desigualdad social, en Tulum tienen un nuevo Cancún, con aeropuerto propio e idénticas características de crecimiento desigual.

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