
Por Luciano Núñez
En política nada es azaroso, nada. Y la salida del ex gobernador, Mario Villanueva Madrid, tiene todos los elementos que indican que su llegada a Chetumal tiene trasfondo, intención y cálculo político.
Lo que no pudieron sus correligionarios que fueron presidentes, lo ha conseguido Andrés Manuel López Obrador con Morena. Se supo que el vástago del conspicuo periodista, Julio Scherer (ya fallecido), Julio Scherer Ibarra, Consejero Jurídico de la Presidencia de la República y la Secretaria de Gobierno, Olga Sánchez Cordero, tuvieron una álgida participación en la salida de Mario.
Sin embargo, en su agradecimiento el gobernador que pasó 19 años preso, dio el calificativo de «amigo» al actual gobernador, Carlos Joaquín, es decir, no viene con un ánimo abiertamente belicoso ni revanchista.
Inclinar la balanza
Negar el peso político que tiene todavía en el Sur del Estado, asi como en la Zona Maya e Isla Mujeres, sería un supino error; pero también lo sería inferir que lo tiene en la Zona Norte, donde el crecimiento poblacional irracional y los años se tragaron ya su figura; donde incluso han permeado las historias de abusos contra la CROC, ampliamente narras por Salvador Ramos.
La justicia juzgó al ex gobernador y el ánimo de estas aproximaciones tienen que ver estrictamente con la proyección política de la decisión de liberarlo.

Si el gobierno federal fue quien liberó a Mario, es al que primero debe la gratitud; es decir, podría —y en este sentido uso un tiempo potencial—, podría mover el ajedrez político a favor de un candidato de Morena. Como digresión vaya este dato: dos de sus sobrinos cercanos están en el partido “guinda”: Alejandro y Luis Alamilla. El primero es cercano al diputado federal Luis Alegre; el segundo, del primer círculo de Reyna Durán Ovando, diputada presidenta de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo) del Congreso estatal.
La señal de la gratitud
Bajo el tenor de los agradecimientos, sería lógico que Villanueva no venga a sembrar un terreno de lucha, pugna o disputa con el gobernador, a quien quizás podría apoyar de facto en algunos distritos y, esto sería, claro está: sin dejar de recordar quién fue el que le dio la libertad.
Mario es un hombre de finos análisis políticos, más allá de lo que se piense de él, indudablemente ha marcado un antes y un después tras su paso por la gubernatura. Divide a quienes lo adoran hasta la idolatría, como a quienes lo odian con toda saña y encono.
Cuestión de tiempo y de cuentas

No debe dejarse de mirar que Morena ha sembrado durante años en Bacalar, donde sólo la habilidad de Alexander Zetina pudo ganar y retener la parcela del desaparecido Nueva Alianza; ahora está huérfano de dirigencia y, si sabe leer las cartas como los gitanos, podría Morena fácilmente obtener un municipio más, allá donde Rivelino Valdivia ha construido con habilidad y trabajo, al igual que el histórico Mauricio Morales Beiza.
Capítulo aparte será el efecto que causará la llegada de Mario en lo que respecta a sus propiedades; seguramente, afligirá a más de uno su llegada porque las historias de la apropiación de sus terrenos, un periódico y otros activos tras su encarcelamiento, son parte de las historias que corren como ríos subterráneos por todo Chetumal.
El tiempo de su salida, calculado con orfebrería, no podría ser mejor: todavía las elecciones no están tan cerca, pero sí a la vista. Sin dudas, AMLO ha jugado otra carta contra el BOA de Quintana Roo que ha comenzado a desplegar sus marchas, con toque «fifí», desde la comodidad de los aires acondicionado de los carros, contra los 4 millones de becas que ha sumado el Presidente a través del sistema bancario.

Habrá que esperar a ver qué otras señales llegan desde la capital del estado que, eso sí, ha recuperado con su cacique, el liderazgo político ante el repliegue del clan cozumeleño que siempre ha disputado cada milímetro de poder.
Ante la orfandad en Chetumal, el deslucido gobierno de Morena en la capital, Villanueva podría con unas reuniones movilizar, podría hacerlo, a muchos de los que esperaban un líder.
El hijo pródigo de Chetumal ha regresado y muchos han sacrificado el mejor borrego para recibirlo; otros, mastican rabia y ven peligros.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Actualmente director general de Grupo Pirámide.
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