
Por Luciano Núñez
La llamada de la tribu, de Mario Vargas Llosa, es un libro sumamente interesante si uno quiere adentrarse en complejo mundo político de uno de los mejores escritores vivo en el mundo. Si se analiza también que Vargas Llosa intentó, sin éxito, ser en los años 90 presidente de Perú, cuando perdió contra Albero Fujimori, que terminó preso y dejó al país bajo los escombros de un neoliberalismo impiadoso.
Intento presidencialista

Como en la escena del juicio de Herodes a Jesús, los peruanos escogieron en un ejercicio democrático a un ladrón por lo que podría haber sido un Cristo para su pueblo. Años después, sería la hija de Fijimori la que intentara nuevamente apelar a la repetición del error histórico para imponer la cruzada fijimorista, afortunadamente, fallida. Esa es otra historia.

Ocupo las Naderías de hoy para contarles el interesante giro en la historia política de Vargas Llosa, que pasó del socialismo al liberalismo, que en términos coloquiales lo acerca a los partidos de derecha, como su abierto apoyo al ex presidente Mauricio Macri, en Argentina.
Como él mismo lo cuenta, apoyado en su exquisita pluma, el libro describe su propia historia intelectual que lo fue llevando desde su juventud marxista e existencialista al liberalismo de su madurez. Y analiza el pensamiento de siete autores: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich Von Hayeck, Karl Popper, Isaiah Berlín, Raymond Aron y Jean Francois Revel.
El impacto de la revolución cubana

La Revolución cubana tuvo el él un impacto profundo y decisivo. Veían por aquellos años en esa gesta heroica el poder acabar con una dictadura corrupta de Fulgencio Batista, una revolución que pensaban permitiría la crítica, la diversidad y la disidencia.
Visitaría años después Cuba donde se encontró, en cambio, con las UMAP, que escondían verdaderos campos de concentración, donde convivían mezclados contra-revolucionarios, homosexuales y delincuentes comunes. “De la supuesta democracia burguesa no eran una mera apariencia detrás de la cual se ocultaba la explotación de los pobres por los ricos, sino la frontera entre los derechos humanos y la libertad de expresión”, opina y contrapone: “Con todas las imperfecciones, la democracia al menos reemplazaba la arbitrariedad por una ley que permitía elecciones libres y partidos y sindicatos independientes del poder.
Sin dudas, Vargas Llosa es un faro literario que alumbra a generaciones de escritores, desde su magistral obra Julia y el escribidor, La ciudad de los perros y Conversaciones en la Catedral, entre tantas obras del versátil escritor que jamás se repite en sus estilos y formas. Apelo hoy a él porque es interesante analizar su giro ideológico, la metamorfosis de su pensamiento apoyado, tanto en su andamiaje intelectual, como en el ver y palpar en la realidad de Cuba, la ejecución de una idea socialista en la toma de la isla.
Las banderas políticas
A lo largo de la vida todos vamos mudando de ideas; abrazando banderas que se van manteniendo en pie o se van cayendo. Lo que considero importante, es la forma de este giro, pero sobre todo, el fundamento. El cambio de ideología religiosa se suele llamar conversión, en las filas militares traición y en el ámbito político transfuguismo, que viene de tránsfuga.
En estos meses hemos visto que la política en Quintana Roo está muy lejos de elevar el nivel de discusión ideológico y político, por un discurso más simplón, como el de ir cambiando de banderas conforme las conveniencias electorales de momento.
Morena y el transfuguismo

Ahora que Morena está de moda y es el partido en el que han recalado los y las tránsfugas mayores, solicito a los dirigentes tengan un poco de piedad con el pueblo quintanarroense; esto, debido a que, si prosperan algunas precandidaturas, tendremos candidatos que han pasado por el amplio espectro de las ofertas políticas existentes. Algunos no han dejado a salvo partido de sus saltos, menos aún, sin el más mínimo reparo a las formas ni a los estilos de hacer política.
En este sálvese o salte quien pueda, lo único que importa es el partido para ganar; lo demás, pareciera sólo ser parte de un mero formalismo. “Lo que quiero es trabajar”, suelen decir. Sí, ¿trabajar para qué causas?, ¿bajo qué ideología?
En ese sentido, es un derecho elemental de los electores el saber, al menos, qué representará un político en una tribuna o en la administración. Porque sí hay una gran diferencia entre Felipe Calderón y López Obrador, entre Vargas Llosa y Fujimori y entre Biden o Trump.

Como partido hegemónico que hoy es Morena, tendrán en sus manos, tanto su dirigente, el este caso Mario Delgado, como el presidente, Andrés Manuel López Obrador, no sólo el rumbo del partido, sino del país que queremos todos los mexicanos, un país mejor hecho por hombres y mujeres que tengan claro que no se trata sólo de abrazar un partido que ofrece fácil acceso al poder, sino la oportunidad de plasmar una idea de país que, fallidamente, un grupo de revolucionarios intentó hacer en Cuba.
En épocas de transfuguismo descarado y descarnado, el elector tendrá la decisión final con su voto si salva a Barrabás o a Cristo.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide.
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