Es el rostro principal de Tv Azteca Quintana Roo desde hace 11 años. ¿Cómo llegó a Quintana Roo?, cuenta en una entrevista en la que habla de la profesión y la ciudad, sus padres y lecturas.

Por Luciano Nuñez
¿Quién es José Martín Sámano? ¿Cómo llegó a afincarse en Cancún? Desde hace 11 años su prolija estampa entrega las noticias desde Tv Azteca y ha entrevistado a cientos de protagonistas de todos los sectores sociales, políticos, empresariales, culturales y hasta deportivos de Quintana Roo. ¿Quién está detrás de esa impecable figura de saco y corbata que domina un espectacular de avenida Bonampak?
Grupo Pirámide lo puso del otro lado: ser entrevistado, para conocer más sobre su vida y sus opiniones de la profesión que desarrolla desde el Mundial 86 a la fecha. Ya parte de Cancún, suele transitar las calles, las canchas de pádel de avenida Huayacán o algún restaurante de la ciudad para no perderle paso a la realidad que debe contar todos los días.
―Cuéntanos Martín, ¿en qué entorno creciste?, si nos puedes hablar de tus padres y si tienes hermanos….
―Nací en el seno de una familia muy normal, como dirían los Locos Adams, jajaja. La verdad es que mi padre era un hombre muy trabajador y mi madre una gran ama de casa muy al estilo de la segunda mitad del siglo pasado. Ambos muy buenos padres ya fallecidos. Mi padre a los 95, en 2018, y mi madre hace un año a los 92.
―¿A qué se dedicaban?

―Mi padre, entre otras cosas, fue presidente de grupos Rotarios y fundador de una liga pequeña de béisbol, cuyos integrantes aún mantenemos una muy buena relación por redes sociales. Mi padre dejó de ir a la oficina los 92 años, ya que su jefe le dijo que nunca le daría el retiro y que sólo dejaría de trabajar hasta que se muriera. De hecho, le pagaron hasta el último día en que vivió. Esto como director de Plaza Satélite allá en el Estado de México..
―¿Tienes hermanos?
―Tengo dos hermanas. La mayor que es médico, ya en retiro; y le sigue una bióloga que vive en Estados Unidos. Ella se casó con un gringo a toda madre. Soy el más pequeño de los tres y el único de la familia al que le dio por el periodismo. Mis dos hijos viven en Estados Unidos. El mayor, Juan José está en Maui y el más pequeño José Martín vive en Los Ángeles con su mamá. Nos llevamos muy bien hoy en día y nos decimos de cariño «la familia Peluche». Tuve una muy bonita infancia. Estudié en primaria de monjas y, después cursé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Anahuac 1981-86.
―¿Cómo fue tu ingreso al periodismo?

―Fue te diría circunstancial. Durante la carrera un profesor nos habló muy mal de esa profesión… acerca de todos los sacrificios y penurias, pero sin mencionar la enorme satisfacción de las oportunidades que te brinda esta carrera. Fue así que me interesé más por la producción. Pero en el 86 cuando estaba a punto de terminar mis estudios cuando llegó el mundial de fútbol, un amigo me invitó a trabajar en el área de prensa, que en aquel entonces manejaba Televisa. Al terminar el campeonato me invitaron a trabajar a los noticieros como reportero. Yo no estaba muy seguro, pero acepte, y ahí, curiosamente encontré mi verdadera vocación.
Del Mundial 86 a Televisa
Sámano, el del eterno bigote, no sólo ha sido periodista. Su historia laboral dice que a los 16 años trabajó en una tienda en el departamento de caballeros. Su don para comunicarse con los demás lo traía en el chip de fábrica. También fue traductor de películas. Su siguiente paso fue sin escalas al Mundial 86 y estuvo como reportero de televisión durante 11 años, donde también tuvo a su cargo la conducción de programas, algunos de los cuales fueron muy exitosos a nivel nacional: «A Través del Video» (1995-1998) que fue todo un referente en los programas policiacos te los 90.
―¿Por qué salir de Televisa en su apogeo?
―Salí en 1998 cuando pensé que mejor me iba en mi carrera dentro de la empresa, pero bueno, había un oscuro y personaje que no me quería y salí en un «recorte». Entonces comencé a trabajar para grupo ACIR Radio en el noticiero Panorama informativo nacional como co-conductor en 1999. Intenté durante muchos meses entrar a TV Azteca, pero era muy complicado viniendo de la tienda de enfrente. Más tuve una idea que resultó ser muy efectiva
―Si fue tan efectiva, ¿la puedes contar?
―Yo había viajado en el 94 a Egipto haciendo reportajes para Jaime Maussan (ufólogo más reconocido en México) en «60 Minutos». Y guardé el contacto del guía en aquel país. Curiosamente lo enviaron como agregado de prensa a la embajada egipcia en México y le propuse hacer unos reportajes acerca de unos descubrimientos arqueológicos. Le dije que yo ya trabajaba para Tv Azteca. Mientras tanto, en Tv Azteca les ofrecí hacer esos reportajes con la colaboración del gobierno egipcio. Yo cerraba los ojos y me veía haciendo esos reportajes dentro de una catacumba llena de momias con el chaleco y el micrófono de TV Azteca. Tristán Canales, quien era director de noticias, me dio la oportunidad y la confianza. Cuando presenté mi trabajo de inmediato me contrataron. Hace ya más de 20 años de eso. También he trabajado para otras estaciones de radio locales y, actualmente, escribo la columna Por los Pasillos del Poder en el Periódico Espacio.
Egipto, Kennedy, Papillon y otras lecturas
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Voraz lector de enciclopedias, novelas y relatos, Sámano le esquiva a lo que llama lecturas eruditas. “Mi libro favorito es la novela Papillon, de Henri Charrière”, refiere sobre la autobiografía publicada en 1969 y llevada al cine al menos en dos ocasiones. La primera en 1973, con Steve McQueen como protagonista y Dustin Hoffman como actor secundario; y la segunda en 2017, dirigida por Michael Noer, con Charlie Hunnam como protagonista y Rami Malek como actor secundario. También figuran en su radar literario del periodista las obras de julio Verne, los cuentos de los hermanos Grimm y las historias de terror de Stephen King. Su última lectura: Homo Deus, de Yuval Noah Harari.
―¿Qué nota ha quedado plasmada en tu memoria?

―Por supuesto la cobertura en Egipto quedó plasmada en mi carrera, pero algo que me marcó fue mi investigación acerca del asesinato de John F. Kennedy. En 1988 Guillermo Ochoa me pidió viajar a Dallas, Texas, para realizar un recuento de lo ocurrido hacía 25 años en aquel entonces. Y me encontré con un panorama muy distinto, con investigadores y testigos de primera mano que me hablaron acerca de un complot para matar a Kennedy, cuando aún no salía de la película de Oliver Stone. Cuando regresé y presenté el resultado fue un boom a nivel nacional, y eso me catapultó como reportero de investigaciones especiales. Al grado que años más tarde Lanzamos un video-documento titulado: «Kennedy: la Otra Historia» que gracias a Dios fue todo un éxito. Hace poco estuve en Dallas para entrevistar a los últimos protagonistas vivos de este caso con motivo del 50 aniversario del magnicidio.
―Cómo llegas a Cancún y en qué año?

―Llego a Cancún en 2009 justo un mes antes de la primera pandemia de AH1N1 a invitación de mi actual directora, Rebeca Uribe. Yo ya había estado anteriormente un año en Monterrey y tres años en Los Ángeles a cargo de los noticieros de Azteca América, pero definitivamente no me quería quedar en la ciudad de México.
“Cancún sigue siendo un paraíso, pero definitivamente, uno que está en grave riesgo de perder esa magia”
―¿Cómo describirías Cancún?

―Soy un eterno enamorado de Cancún desde que lo conocí por primera vez, cuando tenía 12 años. Llegué con mi familia por tierra proveniente de Mérida y aún recuerdo el bellísimo paisaje de la zona de playas, cuando todavía no había ningún hotel en el horizonte. Un cuidador me dijo: “Aquí se va a levantar uno de los más importantes complejos turísticos del mundo”. Y por supuesto, todos en la familia lo miramos incrédulos. Para mí Cancún sigue siendo ese paraíso, pero definitivamente, uno que está en grave riesgo de perder esa magia. .
―¿Qué le gusta particularmente de la ciudad o qué no?
―Es una ciudad vibrante con gente que todos los días, como si fuéramos hormigas, nos levantamos desde muy temprano para trabajar y seguir cumpliendo nuestro «Sueño Mexicano»; detesto la forma desordenada en la que ha venido creciendo y la falta de espacios públicos, más allá de los centros comerciales y uno que otro parque. Me encantaría que tuviéramos una ciudad más cosmopolita, ordenada y acorde a lo que se observa en la Zona Hotelera; reducir las diferencias sociales sería todo un ideal. La inseguridad, bueno, es cosa de todo el país, ¡pero caramba!, ¿porque no parecernos a Mérida estando tan cerquita?
―¿Qué particularidad ve en los políticos de Quintana Roo?

― He conocido todo tipo de políticos a lo largo de mi carrera. Desde tiempos de Mario Villanueva cuando era gobernador, pasando por tantos otros en los tres niveles de gobierno. He aprendido a diferenciar entre quienes tienen una verdadera vocación y afán de servicio; los que después de su gestión caminan tranquilamente por las calles sin agachar la mirada; también quienes son improvisados y aun así se avientan al ruedo; los que destacan por su elocuencia y poder de convencimiento, quiénes son brillantes y astutos, hasta que caen en desgracia. ¡De todo hay en la viña política de Quintana Roo!
Un día normal
Un día en la vida…

Un día normal para José Martín Zámano es básicamente acostarse tarde y levantarse temprano. Atiende a sus dos perritos que hoy son como sus hijos y, si hay tiempo, sale a caminar. Normalmente va su noticiero Hechos Meridiano, donde casi a diario tiene entrevistas programadas o la preparación de un reportaje especial a la semana. La agenda sigue con el noticiero de la noche, más breve, y después a la radio en Turquesa para transmitir la tercera emisión, de 7 a 8 P.M, de lunes a viernes. Saliendo de la radio directo al padel tenis. También practica volibol y actualmente disfruta de las caminatas y el golf. “Éste último lo practico con regularidad, pero no con la destreza que quisiera”, reconoce entre risas. “Quintana Roo es un buen lugar para ejercitarse al aire libre. Eso me fascina. Y además para formar grupos de amigos a través del deporte”.
―Cuéntenos de su nuevo ciclo, después del éxito de A 100°

―Siempre me ha gustado el género de la entrevista. Me parece uno de los más difíciles y retadores dentro del periodismo. A 100 Grados fue mi primer proyecto de ese tipo en Quintana Roo. Después vino In Situ, con un formato visual distinto, pero al final de cuentas, seguí haciendo entrevistas individuales. El nuevo proyecto llamado Definiciones, tiene un formato de debate, lo cual, me apasiona, ya que me dará la oportunidad de explorar mis habilidades para confrontar ideas y obtener conceptos que puedan cambiar la forma tradicional de ver las cosas en Quintana Roo.
―¿Cómo ha sido realizar tu trabajo en tiempos de pandemia?
―En realidad la pandemia no ha cambiado mi ritmo de trabajo. Prácticamente ha sido mi rutina normal, aunque claro, tomando algunas medidas de prevención aunque sabemos que nunca serán las mismas que quedarse en casa. El periodismo es una actividad esencial y asumo con gusto los riesgos que esto implica.
―Escribes para un impreso, ¿cuántos años de vida pronosticas a ese formato y cómo ve el desarrollo del periodismo en los próximos años?

―Lamentablemente el papel está viviendo sus horas de agonía dentro del periodismo. Ya casi nadie lee periódicos y revistas. Y los columnistas, articulistas y opinadores tendremos que adaptarnos a la nueva realidad digital para seguir vigentes. Muchos incluso tendremos necesariamente que apoyar nuestra pluma con nuestra imagen para tener el alcance deseado. La gente hoy prefiere ver y escuchar que simplemente leer. Es más práctico. Es lo de hoy.
―¿Qué mensaje le daría a los jóvenes, y en particular, a los que quieran ser periodistas?
―Contrario a lo que me dijera aquel maestro universitario que me hizo rechazar de entrada al periodismo como forma de vida, hoy quiero decirles a las nuevas generaciones que esta profesión no tiene comparación. Que si bien se sufre, sobre todo al principio por mala paga, horarios inhumanos, trato esclavizante en algunos medios, muchísimo estrés y algunas otras penurias, nada se compara con el orgullo y el privilegio de ser los ojos y los oídos de nuestra audiencia o nuestros lectores; y de momentos que muchas veces se convierten en parte de la historia. Ser cronista, y a veces, analista de los acontecimientos que forman parte de nuestras vidas, es un privilegio que ninguna otra profesión en el mundo te puede dar.
―Se necesitan herramientas para serlo…
―Claro, no basta con la intención. En un mundo tan competido el periodismo no es la excepción, y a las redacciones llegan infinidad de jóvenes que quieren ser periodistas pero que ni siquiera tienen buena ortografía. Así que mi principal recomendación es prepararse siempre y en todo momento, y sobre todo, a través de la lectura. Cualquier tipo de lectura. Conocer del mundo para poder hablar de él.




















