Cancún, Quintana Roo.- Tres trabajadoras de la Cancillería de Colombia en Cancún -identificadas como Marta, Lucia y Ana, para salvaguardar sus nombres reales- denunciaron maltratos y abusos por parte de la canciller María Soledad Garzón.
«Recordar esos momentos es difícil. Aún tengo ansiedad, no ha sido fácil”, dice en una entrevista con el diario El País, en la que recuerda los comentarios de su jefa sobre su peso, sobre su forma de coger las cosas, sobre el tiempo que se tomaba para almorzar.
El diario recuerda que María Soledad Garzón es hermana del satirista Jaime Garzón, asesinado por paramilitares hace casi 30 años. Al nombrarla como funcionaria del gobierno colombiano en Cancún, el presidente Gustavo Petro tomó una decisión de fuerte carga simbólica, aunque actualmente el Consejo de Estado ha suspendido a Garzón de su cargo, tras una denuncia del sindicato de trabajadores de la carrera diplomática, que ha cuestionado varios nombramientos de personas sin experiencia en la materia.
«Mientras avanza el debate legal sobre la designación de Garzón, quien ha apelado su suspensión, cuatro mujeres la denuncian por acoso laboral. Cada una por su lado, coinciden en que les hacía críticas groseras a diario, muchas de las cuales llegaron incluso a gritos de quien era su jefe», indica el texto del diario español.
Una de las extrabajadores comentó que sufría de sobrecarga laboral y que Garzón la perseguía si pedía permiso para asistir a citas médicas haciendole llamadas incesantes, lo que la orilló a recurrir a atención psiquiátrica.
«‘Cuando suena el teléfono tengo flashbacks, sufro de ansiedad’, explica, y cuenta que Garzón le decía cosas como ‘Usted no sabe hacer nada, todo lo hace mal’”, relató.
Otro de los trabajadores del consulado, que pide la reserva de su identidad, asegura haber sido testigo de ese maltrato. Ante cualquier error de ella, pues la cónsul reaccionaba «iracunda”, afirma.
Marta señala que el acoso laboral se agudizó tras su negativa a acoger peticiones de Garzón que, a su juicio, eran ilegales, como hacer facturas de servicios que no se prestaban”.
Lucía, quien estuvo nueve meses en el consulado, acusa a Garzón de ejercer una manipulación emocional y sostuvo que fue testigo de los malos tratos de la entonces cónsul a otras colegas suyas.
“Todo el tiempo me hizo sentir humillada, que no sabía hacer mi trabajo, pese a que siempre cumplí”.
Además, afirmó que fue contratada para un objeto totalmente diferente al que realmente cumplía, por decisión de Garzón, y por ello le pagaban bajo un rubro absolutamente inexacto.
Las mujeres consideran que Garzón era consciente de esas irregularidades y de la violencia que ejercía, por eso no se les dejaba entrar los celulares a ninguna actividad ni a su oficina cuando las citaba para tratarlas mal, relata el texto.
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Ana, otra exempleada, señaló que el mal manejo de Garzón no solo era en la esfera laboral, pues en una ocasión, en su presencia, llamó a una colombiana que había acudido previamente al consulado en busca de ayuda ante la violencia de género que sufría, y la excónsul le sugirió que lo vivido era su culpa.
En otra ocasión, narran Marta y Lucía, designó a una funcionaria dedicada a temas administrativos como interlocutora de la hermana de un colombiano asesinado en Cancún.
Además, los malos tratos que denuncian se daban en una situación de inestabilidad contractual, que daba más poder a la cónsul. Ana, Lucía y Carmen concuerdan en que trabajaban con contratos de prestación de servicios a tres meses, por lo que llegaron a sumar hasta cuatro contratos al año.
«Esa precariedad las llevaba a sentirse altamente presionadas, e incluso implícitamente chantajeadas, cuando Garzón les pedía tareas adicionales o distintas a las que habían firmado en su contrato», indica el texto periodístico.
La reportera de El País, indicó que dn la oficina de control interno disciplinario de Cancillería también está la queja de Marta por violencia de género, acoso laboral y presunta corrupción, además de que Lucía y Carmen hicieron lo propio ante la Cancillería por violencia laboral y adicionalmente, adelantaron una demanda laboral en la Secretaría de Trabajo del Estado de Quintana Roo.
Allí, al estar contratadas por un tercero, una empresa mexicana, el Consulado inicialmente logró ser eximido de responsabilidad. Apelaron y el proceso continúa, contra el Consulado y la empresa.




















