
La creciente demanda de turistas que privilegian la sustentabilidad y una menor huella de carbono comienza a modificar la oferta hotelera en el Caribe mexicano.
La presidenta del Grupo Ecologista del Mayab (GEMA), Araceli Domínguez Hernández, explicó que existe un mercado turístico que ahora exige prácticas responsables y mayor respeto por la vida silvestre.
Aunque no hay un anuncio formal, la activista sostuvo que varias cadenas —que “entre comillas no tienen delfinarios”— buscan ahora posicionarse como opciones más sostenibles.
El antecedente más emblemático fue el caso del hotel Barceló en la Riviera Maya, cuando el delfín «Mincho» se impactó contra el concreto de un delfinario y perdió la vista en mayo de 2025.
Última generación de delfines en cautiverio
El hecho derivó en el cierre de ese recinto y aceleró cambios legales en México: actualmente se considera la última generación de delfines en cautiverio, sin posibilidad de reproducción ni apertura de nuevos delfinarios; en Quintana Roo, al menos tres han cerrado y ya no pueden reabrir.
Domínguez Hernández recordó que, además, existe un decreto del expresidente Vicente Fox que prohibió la captura, exportación e importación de primates y mamíferos marinos, luego de que Quintana Roo fuera señalado como punto de tráfico de delfines provenientes de sitios como Islas Salomón, Cuba y Holbox.
A partir de esos antecedentes se generaron normas más estrictas para el manejo de los delfinarios. Como el caso de Eduardo Albor, señalaro por presunto maltrato animal en Florida, Estados Unidos y el deceso de varios ejemplares. El 12 de febrero pasado fue detenido y enviado a la Ciudad de México ya que enfrenta acusaciones por fraude y disputas legales por el control de la empresa Dolphin Company, en quiebra.
La presidenta de GEMA subrayó que la tendencia mundial apunta a dejar atrás el uso de fauna silvestre como atractivo comercial. “No se trata de castigar a los hoteleros, sino de fomentar el turismo responsable”, afirmó.
Buscan turistas hábitats conservados
Cada vez más viajeros no buscan nadar con delfines ni fotografiarse con boas o guacamayas, sino experiencias en hábitats conservados, con vegetación nativa y menor consumo energético.
El llamado, agregó, es a que las empresas turísticas den el siguiente paso en el reconocimiento de derechos de la naturaleza y de los animales, más allá de la normativa vigente. “De su libertad depende el equilibrio ecológico y la calidad de vida de la humanidad”, señaló.
Para GEMA, el legado del delfín Mincho trascendió su tragedia: su caso impulsó reformas que hoy limitan el cautiverio y abren paso a un modelo turístico que busca compatibilizar desarrollo con bienestar animal y reducción de impacto ambiental.
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