
David Lara Catalán
Una de las polémicas de nuestros días líquidos, y de una época pulverizada por más que el simple desencanto, es la de ser vegano o carnívoro. Tal como si fuera una especie de disputa trascendental, casi al nivel del “To be or no to be” de Shakespeare, o de una gran invitación a la reflexión (a ser vegano, claro) como la expresada en aquella frase atribuida al oráculo de Delfos de Conócete a ti mismo.
En “modo reflexivo”
Para muchos, si eres vegano estás a la moda y alineado con un conjunto de valores tan hechos para parecer preocupado por el medio ambiente, los animales, así como por un profundo y total respeto por todos y todo. No es para menos, debemos preocuparnos por nuestro planeta, aunque tal vez deberíamos hacerlo de modo más reflexivo y con la cautela que el caso exige, revisar los datos duros, examinarlos y contrastarlos con ojo clínico con tal de no parcializar la información que tenemos para favorecer la postura por la que nos inclinamos.
Sufrimiento del animal
Al vegano le preocupan, entre otras cuestiones, el sufrimiento de las pobres reses al momento de ser sacrificadas que muchos carnívoros inconscientes consumimos consuetudinariamente. Y la verdad puede ser que tengan razón. Yo, por ejemplo, cuando me como un Sirloin o un Rib Eye o ya, aunque sea, una arrachera, no me pongo a pensar en lo que ha sufrido ese pobre animalito en el proceso que ha tenido que experimentar hasta llegar a la mesa. Sólo lo disfruto y si se puede me pido otro más. Tal vez sea necesario exigir que los que se dedican a esta actividad tengan más cuidado al momento de sacrificar a las reses, es decir, hacerlo de modo menos doloroso. En una palabra: que las reses sufran menos. Porque no creo que se trate de dejar de comer esta delicia o de evitar que otros lo hagan sólo porque no coincide con mis prácticas.
Dudar de los productos
Por su parte, muchos veganos, creo que es bastante probable, no se han puesto a pensar que, aunque en el mercado les digan que el producto es orgánico, bien podrían considerar en dudar un poco respecto a la calidad de los productos con que se alimentan. En una de esas les están dando gato por liebre. Y sería penoso ver cómo las enfermedades gastrointestinales van en aumento por la falta de higiene en el riego de frutas o verduras. El sector agrario consume, según el Instituto de Geología de la UNAM, el 65 por ciento del agua potable. Por lo que ya se considera la posibilidad de “usar aguas residuales para irrigar terrenos rurales, el punto es que esa agua contiene patógenos (coliformes fecales) que pueden traer enfermedades, así también estas aguas contribuyen a la emisión de gases invernaderos y a la contaminación de los mantos acuíferos”.
Emisión de gases
Pero, si el tema tuviera que ver con las emisiones de dióxido de carbono y para efectos del cambio climático, y acusar que las vacas, es decir, sus estómagos rumiantes aportan de manera significativa al calentamiento global, habría que decir que sólo son responsables en un 5%. Aunque la FAO diga que cada año todas las vacas del planeta liberan a la atmósfera 100 millones de toneladas de metano que tienen el mismo efecto que 2 500 millones de toneladas de CO2. Así leído alarma y mucho. De pronto pensar en 2 500 millones de toneladas de CO2 es como para ponerse a temblar, pero eso es poco si comparamos el carbón utilizado para la generación de electricidad que superó las 10 giga toneladas, donde 1 giga tonelada equivale a mil millones de toneladas, lo que representa un tercio del total de emisiones, y la mayor parte de esa cantidad provenía de una serie de centrales eléctricas de carbón de países en desarrollo de Asia.
¿Qué hacemos con los asiáticos? ¿Los eliminamos por contaminar tanto? Las plantas de energía que ellos usan suelen tener una media de 12 años de antigüedad, lo que representa décadas por debajo de la vida media de una planta, que son alrededor de 50 años. Pero para muchos son las pobres vacas las únicas culpables de lo que nos afecta el cambio climático.
Estar a la moda
¿Es cuestión de gustos y preferencias y estar a la moda o es cuestión de datos duros? Me parece que, en buena medida, esto de ser vegano es un rasgo de la frivolidad de un buen número de personas de nuestra época, se trata de estar a la moda no importando lo que sea e incluso enarbolando la bandera que sea, solo con la finalidad de estar a la moda, casi como aquel personaje de Milan Kundera, Jaromil, en su novela La inmortalidad, que señalaba la imperiosa necesidad de ser absolutamente moderno. Aunque estoy seguro también de que habrá muchos veganos conscientes de que se puede ser carnívoro o respetar a los que lo son siempre que exista un equilibrio en el manejo de los datos, de las experiencias y de los gustos de cada uno en una sociedad plural, heterogénea y tan diversa que exige respeto y tolerancia hacia la diversidad. ¿Qué le parece?
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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.
Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.
Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com
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