David Lara Catalán

 

En los últimos años el concepto de resiliencia cobra más y más interés en las discusiones académicas y las no tan académicas. Ser resiliente ante todo y todos es la consigna. El interés de una buena parte de las orientaciones de la resiliencia estriba en que de manera estoica el ser humano sea capaz de resistirlo todo, negar el sufrimiento y sobreponerse a la más grande de las tragedias humanas y naturales.

Ser pobre, parte del destino

Pero, ¿es la resiliencia una virtud, una capacidad innata, o nos podríamos educar para ser resilientes? En un mundo capitalista, pareciera una buena excusa para justificar la pobreza, la falta de equidad económica y social, así las grandes disparidades de todo tipo. Sólo falta que alguien de modo explícito diga: “ser pobre es tu destino, asúmelo y mantén un espíritu resiliente. Tal vez en otra vida te toque ser rico o al menos no tan pobre”, podría ser muy bien la promesa.

Siempre que escucho hablar de la resiliencia, a la cual quiero presentar como este rasgo conductual que nos permite rehacer o superar la desgracia, viene a mi mente la idea de Sísifo, aquel personaje de la tragedia griega que fue condenado a subir una piedra sobre sus hombros a lo más alto de las montañas, una y otra vez, por toda la eternidad.

Ese era el castigo que los dioses le impusieron por haber sido avaro y mentiroso. (Muchos políticos y muchos gobernantes deben estar contentos de que este tipo de castigos ya no se apliquen). Según algunas versiones de la tradición griega, Sísifo fue también un hombre sumamente astuto y sabio. ¿Pero, por qué relacionar el concepto de resiliencia con Sísifo?

La resiliencia como proceso terapéutico

La resiliencia me parece que podría ser entendida, además, como proceso antes que como producto. Se requiere de ella en los momentos más difíciles de nuestra existencia. Así, la resiliencia conlleva un proceso formativo, terapéutico. Dicho proceso va dando forma a nuestras personalidades y a nuestras condiciones de contingencia, es decir, de posibilidades.

La resiliencia da sentido a nuestros afanes de complitud, porque no somos, estamos siendo en cada participación en el mundo. Nos ofrece la paradoja de que ante la falta de certezas en el mundo lo único cierto es nuestro carácter contingente que exige, por lo demás, aprender de nuestras experiencias y superar, no del modo fácil con el que se exponen las grandes panaceas en los medios de información, sino a fuerza de caídas y puestas en pie, una y otra vez, pero en cada momento con mayor sabiduría. Entonces aparece Sísifo como un ejemplo de resiliencia. Me explico: ¿Debemos ver el vaso medio lleno o medio vacío? Lo cierto es que el vaso sólo tiene la mitad de agua, lo demás es perspectiva. ¿Debemos ver a Sísifo frustrado y amargado por cargar sobre sus hombros esa roca que debe llevar a la cima? ¿Podríamos ver a Sísifo viviendo cada subida y cada bajada con una intención de aprendizaje?

Nueva forma de entender la tragedia

Estoy seguro de que el vaso lo vemos, en algunas ocasiones, como un vaso medio lleno y, si exageramos un poco, hasta lo vemos lleno. También estoy seguro de que en otros momentos no lo vemos sino como un vaso casi vacío. Bien podríamos ver a Sísifo como ejemplo de frustración y cansancio, ya que todas las mañanas se tiene que levantar temprano y empezar con su tarea y a veces ya no sabe ni por dónde empezar, pero también sería buena idea verlo como un personaje que aprende de la experiencia y le permite, su aprendizaje, nuevas formas de ver, hacer y entender la tragedia, es decir, su tragedia.

No me quisiera imaginar a Sísifo tirando culpas por todos lados. Por ejemplo, culpar a Homero por haber escrito la historia de esta manera en como la conocemos. No me lo quiero imaginar culpando a Zeus de su castigo, o a Hades. No me lo imagino maldiciendo o buscando ignorar lo que bien sabe que tiene que hacer: subir sobre sus hombros una roca hasta lo más alto de aquella montaña del Hades debido a que ese es su castigo. Me gustaría pensar en Sísifo como un hombre responsable de su historia. ¿Cómo y en qué medida podría equipararse Sísifo con nuestros diversos grupos sociales?

En medio de nuestras tragedias, de todo tipo, usted póngale el apellido que guste, ¿Por qué no pensar en un espíritu resiliente y responsable como posibilidad de crecer de modo más armónico y no quedarnos fulminados al pie de la montaña sin saber qué hacer con la roca que nos ha tocado cargar? Dijo Píndaro: “No aspires oh alma mía a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible”.

Tal vez esta sea nuestra tarea.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibe con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

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