Por Ignacio Alonso Velasco
El hecho de que un gobierno exitoso pueda continuar con las riendas del quehacer político en el ámbito municipal puede traer consigo beneficios para el desarrollo de políticas públicas. Pero, por otra parte, también se sabe el respeto que existe entre la ciudadanía al principio constitucional de no reelección inmediata, debido a que la historia del pueblo mexicano está plagada de personajes que no han querido dar una alternancia política, sin importar el sentir de los mexicanos, yendo en contra de los fundamentos más básicos de toda democracia.
Las consecuencias negativas que se derivan de que, hasta hace una década, no hubiera reelección inmediata de los miembros del gobierno municipal son palpables. Traía consigo que, cada tres años (que es lo que dura el periodo de vigencia de un ayuntamiento en México, por lo general), empieza de cero la gestión de políticas públicas, debido a que el nuevo gobierno trae sus propias ideas y gentes. No se daba continuidad a lo que quedó a medias con el anterior gobierno, ni siquiera cuando eran del mismo partido político. Ello era debido a que cada ayuntamiento quería dejar su propia huella en el municipio y no continuar algo que proyectaron otros. Este panorama es al que regresará México a partir del 2030, cuando ya no será posible la reelección inmediata de ningún cargo de elección popular, como lo son las autoridades municipales.
Al inicio de la administración municipal, el nuevo personal que llegará al gobierno no estará capacitado, al faltar un servicio profesional de carrera, así que se necesitará tiempo, dinero y experiencia para que alcancen, al menos, la habilidad que tenían aquellos a los que sustituyeron. Tras ello, llegará el momento de planear y diseñar buenas políticas públicas, lo cual lleva su tiempo.
En definitiva, para cuando un ayuntamiento ya está en disposición de ejecutar, se encuentra, generalmente, en su último año de gobierno, lo cual lleva consigo que su realización corra riesgos de quedarse inconcluso o que se termine, pero de manera atropellada. Y todo ello, para volver a ser reemplazados por otro gobierno municipal, que tendrá que volver a pasar por lo mismo que el ayuntamiento saliente.
Por lo tanto, cada tres años en México empieza una nueva vuelta de la rueda a nivel municipal, que impide que el desarrollo llegue a ser palpable. Si el país quiere progresar, habrá de hacerlo desde sus bases, que son, nada más y nada menos, que los municipios.




















