Por Hugo Alday Nieto

Quienes pertenecemos a la generación X (1965-1981) tuvimos la oportunidad de vivir las transformaciones más representativas de la modernidad y postmodernidad, derivados de grandes cambios sociales e industriales.

Desde la caída del muro de Berlín y la muerte de Fidel Castro, pasando por la Guerra de los Diez años en los Balcanes o el primer presidente de oposición al PRI en México, hasta el nacimiento de la era tecnológica y del gobierno digital.

Cambios tecnológicos

A nuestra generación le tocó pasar de las clases de mecanografía, en una Olivetti, hasta aprender como descargar y usar el Office en un teléfono móvil, dependiendo del sistema operativo, es decir, pasamos del MS-DOS al IOS cerrando una brecha tecnológica que nos retó epistemológicamente para lograrlo.

De la misma manera, los pertenecientes a la generación X tuvimos la fortuna de ser parte del desarrollo social y humano para comenzar a romper el paradigma del machismo, comenzando por la tan combatida paridad de género en los espacios públicos, que se logró instrumentar gracias a la participación decidida de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como del reconocimiento de la diversidad sexual y la revalorización de los pueblos originarios, que hoy, se encuentra en marcha.

Erradicación de la violencia de género

Sin embargo, una de las más complicadas transformaciones que estamos presenciando es la erradicación de la violencia de género, que pareciera cada día tomar nuevos matices en una población mexicana que, desde su célula básica, como es la familia, parece destinada a un paternalismo impositivo.

Prueba de ello, fue la férrea defensa que generaron grupos de derecha y de izquierda, no progresista o confundida, para evitar la despenalización del aborto, un delito que estigmatizaba únicamente a las mujeres, pero que, en ninguna parte de su marco justificativo contemplaba política pública alguna que incluyera al cómodo embarazador.

Violencia machista

Hoy en día, aun cuando la ONU arroja cifras alarmantes respecto de la violencia machista, el lugar más peligroso para una mujer sigue siendo su casa, y su peor enemigo, su familia.

Hoy, muchas voces se levantan en contra del feminismo, y sin embargo, el feminismo aun no mata a nadie.

Hoy, como padre de tres niños estoy consciente de lo privilegiados que somos en este país, en este planeta.

Ya que a los hombres no nos matan solo por serlo, no nos mutilan, no nos despiden por estar embarazados, no sufrimos acoso sexual, ni tenemos que ir por la calle con gas mostaza o en un asiento o vagón especial por seguridad.

Aun cuando sabemos que en México y en Quintana Roo, gran parte de los hogares son sostenidos por mujeres; por mujeres solas que pasan todos los días por las miradas, comentarios y ataques lascivos; por mujeres que son hechas a un lado en el trabajo solo porque son mujeres.

Seguimos sin entender, haciendo énfasis en esa tristemente célebre frase: “no entendemos que no entendemos”.

Hoy, nos corresponde a nosotros, a la Generación X, hablar con nuestros hijos para mostrarles la peor cara del patriarcado

Para mostrarle a nuestros hijos el valor de una mujer y la equidad.

Para enseñarles el respeto por las personas, independientemente de su sexo o sus preferencias.

Hoy nos toca a nosotros, los arriesgados de la generación X, acabar con el patriarcado enfermizo del cual voluntaria o involuntariamente, todos formamos parte.

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