Por Fernando Castro Borges

«Si me muero, quiero volver a nacer y quiero ser futbolista. Y quiero volver a ser Diego Armando Maradona”.
Diego Armando Maradona

 

Grande siempre será. Es un nombre que recorre el mundo en segundos. El futbolista que ha revolucionado el planeta tierra se ha ido, partió por un paro respiratorio grave.

Armando Maradona fue de todos. De él se conoció todo, no se guardó nada, su vida totalmente pública sirvió para llenar miles de páginas en cada rotativa que alcanzaba hasta el último punto del globo terráqueo. Un hombre alegre, de un sinfín de anécdotas que hacían las delicias de cada uno de sus contertulios. Siempre fue el centro en cada plática, ya sea en la cancha o en una charla.

Lo sabemos, siendo aún niño el Pelusa siempre tuvo como ídolo a Maradona, tenía claro lo que iba a ser y como iba a trascender en el mundo. De los potreros de Villa Fiorito con los cebollitas pudo llegar a cada una de las más importantes catedrales del futbol, en todos los continentes donde se paraba las miradas estaban puestas en él, deseando que la genialidad del momento irrepetible llegara a a fijarse en la memoria para que nunca se escape de ahí como un tesoro que solo se puede medir cuando se relate el momento.

Llueven lágrimas en el mundo, el planeta está triste, la pelota está triste, los más de diez millones de jugadores registrados por la FIFA deben de estar de luto, se ha ido la inspiración. Generaciones de hombres y mujeres que han relacionado a este hombre de magia con el deporte más practicado en todo el orbe tendrán hoy un único tema de conversación: En cada plática que se hable de Diego nos remitiremos a una vida llena de excesos: exceso de regates, exceso de alegría de tocar la pelota, exceso de campeonatos, exceso de dribles en el 86, exceso de buen futbol.

Oraciones de todos los que te disfrutamos en las canchas te guiaran. No habrá otro como tú. Pueden aspirar a ser el rey o el príncipe, el referente de una generación, pero estoy seguro que Maradona has partido con el deseo de otro jueguito. Gracias por regalarnos tu talento, tu ímpetu, tu liderazgo en la cancha. Tu futbol se quedará por siempre y lo demás pues ya se fue.

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