Fernando Castro Borges
No hay duda de que José Rómulo Sosa, es un hombre que dejó huella en la sociedad, que su voz penetró en el colectivo. Al escuchar sus interpretaciones nos lleva, inexorablemente, a esa reunión con amigos, donde tomábamos fuerzas para cantarle al amor, al desamor, a lo platónico y hasta lo prohibido. Nunca se pretendía alcanzar las tonalidades de su voz, todos modestamente nos conformábamos en sacar el sentimiento más puro, en forma de música; en compañía de los cómplices que le rendían tributo al príncipe, solidarizándose en el sentimiento, cantando los coros a todo pulmón.
Este artista, nacido en una colonia popular de la capital del país, en el seno de una familia con un respetable acervo cultural en música, se dejó influenciar no solo de la ópera, género que cantaba su padre, sino también Bossa Nova, Big Band, Rock and Roll, Boleros y Jazz.
De ahí que «Satin Doll» de Duke Ellington la interprtetaba extraordinariamente con su contrabajo, era un músico completo,”. En cierto modo la vida de José José, fue como el jazz… fue mejor cuando improvisó.
Su voz e interpretación, es la que lo hizo conocido en todas partes. Admirado y respetado en cada concierto, incluso en cada sala de todas las casas en donde se apreció su música. Un artista que tocó millones de almas, que vendió más de 100 millones de discos, en su carrera.
Este Príncipe de la canción, ha sido muy generoso con cada uno de sus seguidores, nos ha dejado un gran legado: Más de 5 decenas de discos grabados en estudio, cientos de presentaciones en el centro nocturno “El Patio”, un continente que lo admira y reconoce como una de las mejores voces de todos los tiempos y un México que lo llora desconsolado por tantas experiencias compartidas, en reuniones con amigos, en la intimidad, en una cantina, manejando el carro o en el transporte público en la que millones de mexicanos cantaron su desahogo.
Su voz, siempre característica, que sabía enviar el mensaje para que abriera el corazón de quien lo escucha y se lo apropiara en el alma por siempre. Tom Jobim, uno de sus más grandes influencias en Bossa Nova, afirmaba que: “Toda música es la reflexión de una época.”. Y con las canciones de José José, es la era de una balada cantada magistralmente al amor que se nos presentó de innumerables formas para cantar y gritarla, porque los sentimientos se deben mostrar.



















