Por Hugo Alday Nieto

Uno de los principales filósofos en exponer crudamente la post-modernidad, por allá de 1980, fue Marshall Berman, autor de una fabulosa obra denominada “Todo lo sólido se desvanece en aire”, que llegó a mis manos para confundirme del todo aproximadamente en año 2000.

En esa obra nos expone el fracaso hacia el que se dirige la sociedad política posmoderna en su conjunto dado que, todas aquellas ideas y conceptos que se solidificaron después de la ilustración, y que se afianzaron con el Capital y el Manifiesto del Partido Comunista, hacia una sociedad más justa y progresista, se convirtieron de pronto en una sociedad política absorta sobre sí misma, en la que la tecnología y la deshumanización de todos los procesos la alejaron definitivamente del espíritu de los movimientos sociales y políticos, creando un nuevo y más agresivo sistema de explotación.

Atentado a la democracia

Un ejemplo de ello, lo tenemos sin lugar a dudas en terrible atentado a la democracia y al Estado de Derecho en los Estados Unidos que se vivió con el caso Donald Trump, en el que la sociedad inmersa en las redes sociales y, en-si-misma-da, no supo lo que estaba eligiendo. Éste fue un error de cálculo en el sistema político de ese país. Éste, que es considerado por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en “Cómo mueren las democracias” (libro obligado para cualquiera que pretenda saber algo sobre Trump y los sistemas autoritarios modernos), como producto de una desafección pública y del fracaso del partido republicano al permitir que un “demagogo extremista” (así dice) llegara al poder. Trump fue, en resumen, un error en la Matrix.

El desierto de lo real

Retomado éste último enunciado, Slavoj Zizek en “Lacrimae Rerum”, nos hace una alusión a la Matrix en la que compara esta historia con la alegoría de la caverna de Platón y que comparto: “la serie se remonta hasta la República de Platón: acaso no reproduce la Matrix.

Por el escenario platónico de la caverna, donde los seres humanos ordinarios se hallan prisioneros, y obligados a contemplar el espectáculo de sombras que toman por realidad.

La diferencia crucial, sin embargo, es que, cuando algunos individuos se escapan de la caverna y salen a la superficie de la tierra, lo que encuentran ya no es la brillante superficie iluminada por los rayos del sol, supremo, si no el desolado desierto de lo real”.

Es así que, retomando a todos los autores aquí citados y, parafraseando a Norberto Bobbio en “El futuro de la democracia”, es urgente retomar el camino del imperio de la Ley, el camino del Estado de Derecho, para evitar que fallas en la Matrix como Donald Trump y otros más, vigentes y futuros, sigan pisoteando cualquier sistema jurídico establecido para manipular con herramientas tecnológicas a la opinión pública, porque una vez que la persona autoritaria asume el poder se comienzan a dinamitar los frenos y contrapesos, como lo son los poderes públicos, las instituciones que garantizan el estado de derecho, las oposiciones o grupos de librepensadores y, por ende, se busca disminuir a la Constitución que sostiene el pilar del Estado democrático para tratar de imponerse como figura autócrata.

Hoy más que nunca, como exponen Levitsky y Ziblatt, debemos defender la Constitución, y esa defensa no solo debe realizarse desde los partidos políticos y la ciudadanía organizada, sino desde Universidades, el sector empresarial, sociedades masónicas, sindicatos de trabajadores y de patrones, y debe materializarse con normas jurídicas democráticas sin tantos candados que permitan, en un momento dado, a las mayorías poder cambiar el rumbo, antes de que también el Estado se desvanezca en el aire…

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