Por Ignacio Alonso Velasco
Desde que en 1902 se constituyera el Territorio Federal de Quintana Roo en la Península de Yucatán, existe una disputa por una franja de tierra superior a los 10 mil 200 km2. Dada la coyuntura política, no se vislumbra una pronta solución al problema, ya que la Suprema Corte de Justicia de la Nación sigue sin pronunciarse al respecto, por la vía contenciosa, y las entidades federativas implicadas no se ponen de acuerdo sobre la delimitación de sus territorios estatales, por la vía de un convenio amistoso.
Quintana Roo puede o no tener frontera con Guatemala

Uno de los elementos que propician la disputa entre los Estados de Campeche y Quintana Roo es que, según el mapa que se consulte, Quintana Roo puede tener o no frontera con Guatemala.
El origen de esta problemática se debe a las turbulencias de mediados del siglo XIX y a la falta de precisión cartográfica de aquella época. El problema fundamental estriba en la falta de acuerdo acerca de la ubicación del conocido como Punto Put (Punto de Unión Territorial) que señalaría la intersección de las colindancias simultáneas de los tres estados peninsulares.
En tanto, pobladores de la franja en disputa carecen de muchos servicios

Los pobladores de las localidades ubicadas en la franja en disputa tienen muchas necesidades y, para que éstas sean gestionadas, piden al gobierno más cercano, el municipal, que las atienda. Los Ayuntamientos tienen la intención de satisfacer las demandas de su población, pero temen incurrir en responsabilidades debido al conflicto territorial en curso.
La inexistencia de un “modelo de gestión intermunicipal consistente” entre las Entidades Federativas de Yucatán, Campeche y Quintana Roo está generando ineficiencia y falta de respuestas oportunas para lograr el desarrollo sostenible de esta área rural y turística del estado mexicano, lo que, a su vez, está generando situaciones de “ausencia de estado” o de “intervención desordenada” del mismo.
La dinámica poblacional de Calakmul ha sido fluctuante
Los colonizadores de la selva que existe en la Península de Yucatán fueron principalmente campesinos e indígenas, sin tierras, originarios de otros estados de la república, especialmente de Chiapas –tzeltales, tzotziles y choles desplazados por la erupción del volcán Chichonal-, Tabasco, Veracruz, Oaxaca y Michoacán, que accedían a la selva aprovechando los caminos que en el pasado se abrieron para la extracción de las maderas preciosas, como la caoba y el cedro, así como el chicle.
En concreto, la dinámica poblacional del Municipio de Calakmul, perteneciente al Estado de Campeche, ha sido fluctuante. Tuvo un rápido crecimiento a partir de la década de los 80, cuando se fundaron 60 comunidades, y a principios de los años 90 se sumaron 18 más, con inmigrantes procedentes de 23 estados de la República, principalmente de Tabasco, Veracruz, Chiapas y Michoacán, atraídos por los programas gubernamentales de reparto de tierras en la década de los 60.
Existe un ambiente de pobreza extrema
Al adentrarnos en la región, podemos percibir el ambiente de pobreza extrema de los hombres, mujeres y niños que habitan ahí. Existe una gran diferencia entre los grandes hoteles de Cancún y la Riviera Maya, donde los turistas gozan de grandes lujos y las condiciones de pobreza en las que viven las personas de la zona limítrofe.
Ello es debido a que viven en una zona que está en conflicto legal desde 1997 y después de más de dos décadas aún la solución a la controversia parece estar muy lejos. El verdadero problema no debería ser a qué Estado deben pertenecer estas comunidades, sino las condiciones deplorables que día a día enfrentan las personas que ahí viven, sin oportunidades de trabajo, excluidos de los programas federales y con falta de atención por parte de las autoridades municipales.
Este conflicto limítrofe provoca que sus habitantes no puedan ingresar a programas de apoyo social
El conflicto limítrofe entre los Estados de Campeche y Quintana Roo provoca que los habitantes de estas comunidades rurales no puedan ingresar a programas de apoyo social, becas o programas de mejoramiento de vivienda. Esto es debido a que esta dependencia federal emite metas anuales con base a las estadísticas marcadas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), institución que considera que estas localidades no son de Quintana Roo. Además, la atención se concentra en las cabeceras municipales, así como en las comunidades aledañas, haciendo a un lado las zonas rurales que colindan con Campeche.
A pesar de estas privaciones, los pobladores manifiestan sentirse satisfechos de vivir en la zona en disputa. En donde cuentan con tierras propias, en las que cosechan todo lo necesario para su subsistencia, lo cual no tenían en sus lugares de origen, en donde trabajaban el campo a favor de un patrón. Aquí, los campesinos son sus propios jefes y dueños de su tiempo, lo cual les reporta una tranquilidad que les compensa la ausencia de los satisfactores que se derivarían de contar con buenos servicios públicos.
Podría funcionar la figura de la intermunicipalidad
Lo que propongo, como medida para atenuar las consecuencias derivadas del conflicto, es la figura de la intermunicipalidad, la cual tiene un gran potencial que se ha de estimular con el fin de que los municipios puedan incrementar y mejorar sus capacidades en sus ámbitos de competencia. Por medio de este modelo se podrían, probablemente, ejecutar proyectos sin importar ideologías políticas, limitantes económicas o periodos de gobierno, tan solo es necesario tener como objetivo prioritario alcanzar el bienestar de la población, por medio de la construcción de procesos, proyectos y optimización de recursos, gracias a las economías de escala y el aprovechamiento eficiente del territorio.
La democracia local puede construir la paz en escenarios de conflicto
Ya hay ejemplos de cómo la democracia local ha servido para construir la paz en escenarios de conflicto, incluso armado, por medio de asociaciones de gobiernos locales y el apoyo y la solidaridad internacional. Este es el caso del norte de Cauca (Colombia), en donde sus pobladores, indígenas nasas, a modo de metáfora, identificaron la diplomacia de gobiernos locales con un lazo que los une, trenzado entre dos, que para ser fuerte y robusto requiere de la participación de ambos tejedores “porque nos necesitamos mutuamente para tejer la vida y caminar la palabra”.




















