David Lara Catalán

 

Dice el General Astucia; es decir, Lorenzo Cabello, personaje de la obra de Luis G Inclán Astucia y que lleva como subtítulo El Jefe de los Hermanos de la Hoja o los Charros Contrabandistas de la Rama, publicada en 1865 que, “con astucia y reflexión se aprovecha la ocasión”.

¿Cuánto de lo mexicano se refleja en tal expresión? Yo creo que mucho. Él mismo agrega: “En este pícaro mundo, todos de arriba a abajo, chico o grande, no somos más que contrabandistas, que estudiamos el modo de sacar ventaja de cuantos modos podemos, y si me encuentro hoy sin recursos, es por haberme olvidado de esa prevención tan precisa para subsistir; cuantos (…) con la astucia y la reflexión han aprovechado la ocasión para estar figurando bien colocados…” (p. 518).

Pasan los años y la frase con la que el general Astucia describe nuestras formas de hacer en la mitad del siglo XIX sigue tan vigente, tan real. No es para menos. No es tarea fácil hablar de evolución moral de la sociedad y resulta mucho más complicado pensar en educarnos en el marco de una sociedad más justa, más equitativa y, en consecuencia, interesada en un cierto nivel de desarrollo colectivo.

Sin duda que sólo creer que podemos convivir de modo más ético y racional es una quimera. Parece que, de alguna manera, a lo largo y ancho de nuestro ADN, de generación en generación, transcurre la manera de cómo “sacar ventaja de cuantos modos podemos” para hacer de la corrupción casi una forma de vida; como si ésta, nuestra forma de vida, no pudiera crecer, fortalecerse, obtener metas plausibles, de modo más honesto.

Anticorrupción corrupta

Sirva como preámbulo todo lo anterior para resaltar una de las notas más relevantes publicadas el día de hoy martes 27 de agosto de 2019 y que tiene que ver con la denuncia de corrupción dentro de un organismo dedicado, precisamente, a la lucha anticorrupción.

La nota destaca irregularidades en el manejo de recursos, así como varias inconsistencias administrativas, tales como duplicidad en la compra de boletos de avión, errores de sumatoria de los montos y captura de las comisiones, sólo por citar algunos detalles. No es de sorprender, aunque debería, tal nivel de corrupción.

No sorprende porque la corrupción parece que es un modus vivendi en todos los niveles, tanto gubernamentales como ciudadanos. Se minimiza y se recita: “así somos, ¿quién en su sano juicio no lo haría?”. Debería sorprendernos y esto supone cierta capacidad de sentir vergüenza. Tener ejemplos como el citado: el que un organismo encargado de combatir la corrupción se vea involucrado en este tipo de prácticas, sin duda, es deleznable.

La voracidad de la corrupción

Y no se trata sólo de cortar cabezas como si éstas estuvieran envenenadas y tuviéramos por ahí listos los reemplazos, limpios y transparentes, para incorporarlos a la lucha anticorrupción. La corrupción es un sistema que devora a los sujetos, no reconoce individualidades, ni edades ni sexo ni ideología, solamente arrasa porque, como todo sistema es autorreferencial y autopoietico, es decir, se refiere y se nutre de sus propios elementos. Ni siquiera parece servir preguntarnos al respecto de si ¿existe alguien realmente interesado en hacer las cosas de modo honrado? En un sistema corrupto las individualidades con intenciones de transparencia y honradez no hacen mella.

Las palabras del general Lorenzo Cabello siguen resonando y muy fuerte en nuestra muy peculiar cultura: “No somos más que contrabandistas, que estudiamos el modo de sacar ventaja de cuantos modos podemos. Y si me encuentro hoy sin recursos, es por haberme olvidado de esa prevención tan precisa para subsistir; cuantos (…) con la astucia y la reflexión han aprovechado la ocasión para estar figurando bien colocados…”.

Cabe decir que esta problemática no es cuestión de escolaridad, es una cuestión educativa y, particularmente, es una cuestión de vergüenza. Y la vergüenza parece que sólo ha quedado como ruina de lo que algún día se pretendió construir.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

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