
Luciano Núñez
El pasado 6 de junio falleció una de las leyendas de la música mundial: el brasilero João Gilberto. Además de un exquisito guitarrista y compositor, formó parte del movimiento musical bossa nova, en el que fulguraron gigantes como Tom Jobim, Toquinho y el enorme poeta Vinicius de Moraes, entre tantos otros. Sin dudas, la canción Chega de Saudade, incluida en el primer disco de Gilberto marcó un parteaguas en la música que trajo la libertad del jazz a la samba y los ritmos cariocas para conformar este nuevo rimo en los años 50. “Ve mi tristeza/ y dile a ella que/ sin ella nada puede ser”, reza la primera y amorosa estrofa de Vinicius.
¿Qué es la saudade?
Según la Wikipedia, Saudade es un vocablo de difícil definición que expresa un sentimiento próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá. Dada la dificultad de su traducción y su extensa y ambigua definición, el término fue incorporado en su forma original al habla española y se utiliza también en otros idiomas.
¿Qué se extraña en el Caribe Mexicano?
Por mucho que el presidente de la república, Andrés López Obrador, diga que el sargazo no es un problema, la imagen de las playas de Cancún deja un sentimiento de saudade, de algo se está lejos y que, quizás, tarde en regresar. Para quienes vivimos en Cancún, ver el turquesa era una maravilla a tiro de piedra. Sin embargo, conozco gente que vive en este paraíso y rara vez pisa la playa, incluso, yo mismo he pasado meses sin siquiera asomarme al espectáculo natural que era es la tibieza y el color de su mar, de tonos turquesa, azules, verdes según la luz de día.
Recorrer las playas hoy no deja más que tristeza y esa melancolía de añorar lo que ya no se tiene. La vista se enturbió de un marrón que mancha por parcelas la belleza que supervive como en isla de lo que fue. La briza marina quedó aplastada por un nauseabundo olor del alga que se pudre en casi todas las costas. Nadie camina por las playas de Solidaridad sepultadas de sargazo. Tulum ha quedado con montañas alojadas, que para el presidente no son un asunto que no se pueda resolver. Así de fácil, como dijo es recoger la basura de la Ciudad de México, en el caribe esperamos que atienda esta contingencia lo antes posible.
Lo perdido
¿Cuántas veces en la vida damos por seguras ciertas cosas, ciertas personas y ciertos momentos que tenemos y luego ya no están más en un abrir y cerrar de ojos? Ir hoy a ver el mar turquesa -que estaba todos los días para nosotros, los que íbamos y los que no-, ya no es posible. Entonces llega la saudade, como la cantó João Gilberto, mejor que nadie en el mundo y él tampoco está. Y a veces “la tristeza no tiene fin”, como dice en otra canción Vinicius. No me gustan las columnas que dejan moralinas, porque confío en que cada quien debe tener información y criterio para tomar decisiones, pero ¿en qué hemos contribuido para que el mar nos regrese esta tristeza hecha alga? No sólo el gobierno deberá hacer la recolección de esta señal de la naturaleza. Los efectos tienen siempre una causa, y la causa de tanto desequilibrio, somos nosotros. Ahora, ¿qué podemos hacer para mitigar el daño que heredamos?
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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.
Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.
Chega de saudade João Gilberto
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