Luciano Nuñez

En la última entrega de los premios Oscar, la película surcoreana Parásitos se llevó las estatuillas mayores como Mejor Película y Mejor Director a Bong Joon-ho. Joker, otra de las favoritas, sólo el premio a la mejor actuación de Joaquín Phoenix. ¿Qué hilo conductor une a estas dos realizaciones? La violencia social: ricos contra pobres.

En la primera, una familia afincada en una casa búnker, intenta sobrevivir doblando cajas de pizzas hasta que encuentra la manera de ingresar, bajo todo tipo de engaños, en la casa de una familia adinerada. Eso sí: los escrúpulos morales son dejados de lado por los humildes con tal de escalar un poco en esta escalera cada vez más empinada del ascenso social.

En la segunda, un joven es sometido a brutales y consecutivos desprecios: comenzando por su madre hasta el entorno en el que trabaja y trata de sobrellevar una vida como payaso.

Cambio de mirada

La mirada de la Academia en esta última edición dio un giro hacia las formas de violencia sociales que, de uno y otro extremo, se fraguan día con día. En Joker es un adinerado el villano que desprecia al joven que intenta buscar a su padre: se burla de él y hasta lo abofetea; en tanto en Parásitos, los ricos revelan su desprecio al olor de las clases bajas, lo cual tiene que ver con la resolución del drama y pico de tensión más alto del filme.

Sin embargo, acaso la mirada cruda del director oriental no es condescendiente con los pobres, sino que refleja al final una batalla en donde la lucha es a todo o nada, donde los valores sociales son dejados de lados a un costado de uno y otro bando para abrazar una guerra. Ninguno siente culpa ni compasión por el otro. Los empleados son despedidos sin conmiseración y, a su vez, los empleados mienten con tan de fagocitar algo de esa riqueza tan inalcanzable.

Desigualdad creciente en el Mundo y México

El premio Oscar ha centrado la mirada crítica, en el caso de Parásitos, en un creciente fenómeno que es la desigualdad social y la violencia. Cada vez más abrumadora y lapidaria. Un completo reporte comparativo de 2015, reveló que 0.7 por ciento de la población mundial, es decir, unas 34 millones de personas, poseía el 42, 4 por ciento de la riqueza mundial; y un 7.4 por ciento, unas 349 millones de personas, el 39,4 por ciento. Esto quiere decir que el 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto.

Para Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), México encabeza la lista de países en América Latina donde hay mayor concentración de la riqueza en pocas manos, “en un contexto donde uno de cada diez habitantes de la región vive en pobreza extrema”, explicó recientemente a La Jornada. Y según las estimaciones la repartición de la riqueza apunta a que es el país más desigual de la región, por arriba de Chile y Uruguay; debido a que 20 por ciento de la riqueza de los activos físicos y financieros.

26 personas concentran la riqueza de 3,800 millones de personas

De acuerdo con la organización Oxfam (formada por 19 organizaciones no gubernamentales nacionales), en el 2017 unas 43 personas poseían la misma riqueza que 3,800 millones de personas; y en 2018, el número de miembros de este selecto grupo se redujo a sólo 26 personas.

Una de las razones, dice la conclusión, es que las políticas económicas de los gobiernos del mundo han favorecido a los capitales en detrimento de los pobres. Y que para revertir esta alta concentración, es acabar con los programas de baja en los impuestos sobre la renta empresarial y de las personas físicas, contrario a lo que hizo Donald Trump en Estados Unidos, país con altos índices de desigualdad. Además, pide terminar con la privatización de los servicios públicos, aumentando la inversión pública en programas destinados a mejorar las condiciones de vida de todos los pobladores.

Serie 2008-2018 | Nacional

Otro de los indicadores de desigualdad es el coeficiente de Gini. Según datos de la Cepal, del 2017, México presentaba un coeficiente de 0.79, uno de los más elevados de América. Coneval señaló en su Informe de evaluación de la política de desarrollo social 2018, que la cifra de personas en la pobreza alcanzó en 2014 su cima: 55.3 millones de mexicanos pobres. Para el 2016 el número disminuyó a 53.4 millones de personas. Datos de 2018 revelan que México tiene 52.4 millones de pobres, es decir, el 41.9 por ciento de su población.

Desigualdad y guerras

Lo concreto es que tanta desigualdad genera violencia. Lo dice la historia con la Independencia de los países Americanos en el Siglo XVI, la Revolución Francesa (1789), y más cerca en el tiempo y la distancia, La Guerra de Castas en la Península de Yucatán, donde existían las tiendas de raya y el cobro de uso de puertas y ventanas.

Recientemente en una mesa de amigos se criticó crudamente la asistencia social a los pobres, como si el dejar de hacerlo dejara una consecuencia social positiva. La inconformidad a tanta desigualdad ha estallado ya en Chile, donde los macronúmeros son de maravilla, pero la realidad en la calle y los hogares es otra.

Si el premio Oscar ha sobrevivido a todo es porque ha sabido ver el reflejo, no sólo de la realidad, sino de lo que viene; en este año, puso el dedo sobre la llaga en lo que genera tanto rechazo, tanta violencia y tanto desprecio; sobre todo, tanta desigualdad.

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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi.

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún. Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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