Luciano Núñez

 

¿Fue acertado liberar al hijo del Chapo Guzmán? ¿Se evitó un mal mayor? Es complejo tomar partida sobre dos opiniones cuando, la verdad, está igualmente dividida.

Uno de los filósofos más grandes de la humanidad, Sócrates, quien participó en muchas batallas, le preguntó a un soldado qué debía hacerse para ganar, la respuesta fue que avanzar en las líneas, ir siempre hacia adelante. Siguió su investigación y un soldado de mayor rango le respondió que muchas veces se retrocede para poder luego avanzar. Es decir: no siempre ir adelante tiene como consecuencia ganar.

Sin dudas un sector de la sociedad se inclina por la idea de haber avanzado en esta detención, con el consecuente derramamiento de sangre de soldados y civiles. Una lucha que podría haber durado días, quizás semanas, y convertir a México en un país en estado de guerra. La decisión del presidente y su equipo de seguridad fue evitar el mal mayor, preservar a la ciudadanía de tan violento desenlace. Tiene como respaldo el antecedente de la fracasada campaña militar de Felipe Calderón, con el resultado de más de 100 mil muertos y la imposibilidad de erradicar a los grupos que siguen tan fuertes como antes.

Estado debilitado

Por otro lado, ha quedado en evidencia un Estado que está superado por fuerzas fácticas que cuentan con cientos, miles de integrantes, bien armados, organizados y pertrechados listos para responder cuando sus intereses son tocados. Es notorio que ahí el estado ha perdido su manto de poder y control. La embestida, mal planeada, dejó un duro golpe a la credibilidad y la institución como el Ejército; una contundente muestra del estado de situación que ha mostrado sólo un punto purulento que tiene tentáculos en todos los estados, en unos más fuertes que otros.

La solución no es fácil ni de corto plazo. Avanzar es a veces retroceder para analizar el campo de batalla, como dice Sun Tzu en el Arte de la Guerra, para librar una batalla que es inevitable para México como Estado, no necesariamente con armas, sí con estrategias firmes, inteligentes.

Otros países han podido combatir estos grupos: Italia en Europa, Colombia en nuestro continente, donde la imagen del país ha cambiado radicalmente y el mismo Perú, décadas atrás.

Por ahora, nos queda la lastimosa certeza de que hay sectores donde el Estado no manda.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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