Por Luciano Núñez

Hay una bellísima historia que ha sido harto adaptada y ha ido mutando como todo en la vida; sin embargo, su esencia esperanzadora no ha cambiado. El Lanzador de Estrellas (The Star Thrower) del estadounidense Loren Eiseley, cuenta –en un resumen muy apretado- que un escritor vio que un muchacho devolvía estrellas de mar al agua para que no murieran al sol. Ahí las había dejado la marea.  “¿No ves lo grande que es esta playa?”, le preguntó. “Hay miles de estrellas y nunca tendrías tiempo para salvarlas a todas. No tiene sentido”. Entonces el joven lo miró fijamente, recogió una estrella, la lanzó con toda su fuerza por encima de las olas y exclamó: “Para ésta… ¡sí tiene sentido!”.

Este breve relato regresó a mí cuando asistí -el sábado pasado- al evento de la asociación civil Huellas de Pan, un comedor infantil que se fue agrandando, y hoy, es un club social donde los niños, además de alimentarse, viajan y tejen esperanzas para ellos y los que vienen, como si lanzaran estrellas en la Región 96 en este Cancún todavía tan violentamente desigual.

Zapatos para los estudiantes

María Elena Ortegón Ojeda junto a su equipo de trabajo.

 

María Elena Ortegón Ojeda es la fundadora de Huellas de Pan  y comenzó todo hace diez años viendo las carencias alimenticias de su propia colonia. La ceremonia consistía en la entrega de zapatos a niños que inician sus clases. El pago que harán los estudiantes es con las calificaciones que obtengan para que, al año siguiente, puedan volver a recibirlos de su padrino. Entre esos niños, hay uno que deja el programa porque comenzará la universidad. Se llama Roberto Manuel Díaz Polanco, tiene 18 años y va a ingresar a la Universidad Tecnológica de Cancún para estudiar Mercadotecnia. “Para mí Huellas es una familia que me ha ayudado desde que entré en el 2015”; cuenta este joven que es hijo de un técnico dental y una madre vendedora. Roberto fue durante cuatro años uno entre 80 niños que se acercaron a la pequeña casita a buscar alimento, y además, un futuro.

Historias de éxito: del comedor a la universidad

Con los ojos más encendidos de todo Cancún, Evelin Montserrat Escobar, de 20 años, es otra exitosa joven que ya puso un pie en la Licenciatura de Gastronomía. Ella perdió a su padre hace nueve años y su madre se gana la vida limpiando casas. Desde el 2009 ha formado parte del comedor y ahora inicia otra etapa en su proyecto de vida. “Gracias a Huellas estoy donde estoy. Sin ellos nunca podría haber entrado a la universidad”, agradece.

Abner Orlando Chim Tuyub mientras recibe su primer mandil para quirófano.

Acaso el más emotivo de los homenajeados en el acto es Abner Orlando Chim Tuyub, en Huellas… desde 2014. Gracias a ellos terminó la preparatoria y logró una beca para seguir estudiando. “Lo que me ha dejado (la asociación) es que los esfuerzos siempre van a dejar algo positivo”, dice el joven hijo de un fotógrafo, quien empieza la carrera de medicina. El deseo por ser médico nació cuando tenía 4 años. Su abuelo sufrió varios ataques y dijo que quería ir más allá en procurar la salud de las personas.

Proyecto para 500 niños

Huellas de Pan tiene diez años trabajando en Cancún y fue en el gobierno de Carlos Joaquín cuando recibieron respuesta para tener un terreno propio. Gracias a ello, la fundación Alsea -que nuclea a varias empresas- les construirá un edificio para 500 niños que será modelo para el resto del país. ¿Qué vieron para semejante inversión?: los frutos de estos jóvenes.

Separarse del resto

Uno de los asistentes, Germán Martínez, emocionado resumió que estos jóvenes lograron separarse del resto. Evelin afirma que ese “separarse del resto” depende de la mentalidad de cada quien y de la educación que inculcan los padres. “Tenía amigos que eran como yo, que le echaban ganas y después los ves drogados, borrachos, no te reconocen. Yo dije no voy a ser así, porque me educó mi mamá y me están ayudando muchas personas y les voy a demostrar que sí puedo”.

Para Roberto es fácil: “las amistades ahí están y tú decides qué tomar”. Con 18 años sabe que, de quienes tomaron caminos errados se puede aprender una gran lección de vida, saber por qué han llegado ahí y qué hacer para evitarlo. “Existen las malas influencias, sin embargo, queda en uno decidir si tomar esa decisión”. Y finaliza: “Siempre tenemos que pensar lo que queremos hacer y decidir si lo que hacemos es favorable sobre lo que se desea del futuro”.

A lo largo de los años, Ortegón Ojeda fue sumando aliados y un equipo de trabajo: la empresa Avis le donó una camioneta, Dominos obsequió pizzas y varios políticos asistieron a donar zapatos, en realidad, muy pocos de los cientos que gastan millones en publicidad para una elección. Del gobierno del Estado asistió Rocío Moreno, secretaria de Desarrollo Social.

El momento más emotivo del evento es la entrega de calzados. Cada padrino se encuentra con su ahijado, porque durante el evento permanecen en espacios separados; el abrazo es enternecedor, lleno de toda la esperanza que puede caber en los ojos de un niño que inicia la escuela. Ahí comienzan a multiplicarse esas estrellas del mar.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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