

Por Luciano Núñez
Un profesor solía decir que cultura es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo que se aprendió. Se trata de una cita célebre atribuida al escritor francés André Maurois, aunque también a Selma Lagerlöf. Si por cultura entendemos que es todo el resultado de la evolución y que los libros son parte esencial de esa memoria colectiva, la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara ha sido otra bocanada de aire fresco para el continente y la fortaleza de nuestro idioma.
Si olvidar es parte esencial de la cultura: he olvidado cómo llegué ahí o que comí tortas ahogadas y que visité los murales de Orozco en el Hospicio Cabañas; lo que es no olvidable es el haber compartido unas horas de plática con Jorge F. Hernández, columnista siempre incómodo en El País de España y prolífico escritor de novelas y cuentos.

Fuente por la que brotan palabras
Desde que presentó su nuevo libro “Alicia nunca miente”, nos ofreció destellos de su desbordada lucidez para el humor, el sarcasmo y la chilanga picardía para darle sonoridad y ritmo a lo que dice y recuerda. Como aquella carpa con piso de tierra que era la FIL, hoy convertida en una fuente por la que brotan palabras para intentar cambiar la realidad y así el mundo tan chato. Escuché a maravillosos escritores como Liliana Blum y Bernardo Esquinca. También celebridades como Joan Manuel Serrat, Richard Gere colapsaron las laberínticas instalaciones de la FIL y en la que Alicia Bárcena, titular de Semarnat, hizo uso del espacio para llevar agua a su molino y, con poco tacto y educación, cuando corrigió al presentador que omitió decir que ella es su jefa.

Fue muy concurrido el Encuentro Internacional de Cuentistas, la presentación de escritores de Quintana Roo, con las editoriales Malix, de Mariel Turrent y Vértice, de este portal, en un esfuerzo independiente que, en algún momento, el Estado por sí mismo o a través de la Universidad de Quintana Roo deberán tomar, así como lo hacen otros estados, universidades y países que apuestan a la cultura como medio para combatir la violencia y acercar a los jóvenes a espacios de creación y libertad. Fue esperanzador ver a un joven con la mochila roída por las inclemencias del clima y la economía, sacar de su bolsillo unos pesos doblados para comprar un libro. Veo ahí un México con sed de cultura y memoria colectiva.
Sería imposible nombrar todo lo que ha pasado en la FIL, miles de personas y cientos de stands y escritores que pasaron por allí. La FIL dejará una derrama no económica, sino otra que sabe más que nada a miel porque llega a nuevas generaciones, y los beneficios son tan amplios e inconmensurables considerando que el brazo de la literatura llega a rincones insospechados.
Tuvo la feria 2025 cientos de errores, y los seguirá teniendo, sin embargo, el peso de su aporte a lo que llamamos cultura es inmenso. Incuantificable. Decía Whitman que, “…aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa…”.
La FIL nos ha transportado a otros mundos: larga vida a la FIL.
Te puede interesar: Naderías totales | Delegación de Quintana Roo estará en la FIL de Guadalajara 2025



















