
Luciano Núñez
La democracia -sistema político de libertades- en sus diferentes formas, ha dado también lugar a la creación o resurgimiento de verdaderos monstruos para la sociedad civil. Jorge Luis Borges decía que era un asunto de números. «La democracia es una superstición basada en la estadística. Toda la gente no entiende de política, como no podemos entender todos de retórica, de psicología o de álgebra».
Leer y pensar, esa peligrosa actividad
Pensando en las campañas que se desarrollan en Quintana Roo, regresó el recuerdo de Lucho; un primo al que la democracia le devolvió en formato gobernador a su peor pesadilla. Cursaba la universidad -en los años setenta, mientras leía con pasión a Lenin y a Marx- cuando el gobierno militar llegó por la fuerza (de facto) a la presidencia de Argentina. Los tentáculos del mal no tardaron en alcanzar a Tucumán, donde vivía y vive Luchito.
El escape

El entorno familiar sabía que irían por los estudiantes, sobre todo, aquellos que se involucraban en las más peligrosas de las acciones: leer y pensar. Estaba caminando rumbo a su casa cuando dos hombres se le acercan a preguntar dónde vivía un tal “Lucho Santillán”. Se rascó la cabeza, miró al horizonte y puso cara de preocupado. “No sé si será el que buscan, pero a cinco cuadras de aquí juego al futbol con un tal Lucho”, les dijo. Alcanzó a entrar a despedirse de mi tía Nely, allá en el pasaje Pueyrredón, donde alguna vez viví- y sacar algo de ropa. Se refugió en una provincia vecina hasta que las aguas se calmaron. No volvió a la universidad.
El retorno del dictador
Casi veinte años después, en el año 1995, Antonio Domingo Busi era electo -por el voto democrático- como gobernador. La gente recordaba con nostalgia las calles bien pintadas y los terrenos limpios. Lucho seguramente pensó en la pesadilla que puede ser la democracia; erigir a su perseguidor como máxima autoridad. No sólo eso: Bussi fue años después electo diputado federal, aunque no pudo asumir, ya asolado por juicios de sus latrocinios cometidos durante la dictadura. Sin embargo, sería también electo alcalde de San Miguel de Tucumán y tampoco pudo asumir.
Pasó sus últimos días de vida enfermo en reclusión domiciliaria; la justicia comprobó que durante su gobierno de calles bien pintadas, decenas de seres humanos fueron torturados y asesinados para después ser arrojados en el tristemente famoso Pozo de Vargas. Los vagabundos fueron arrastrados a los abismos de las cumbres y nunca más se supo de ellos.
Del borgismo a las boletas
En Quintanar Roo los partidos parecen haberse esmerado en buscar a lo peor de lo peor de la cantera política, incluso, algunos con serias acusaciones en la justicia en sus espaldas, o de fresco pasado borgista. Hasta hace pocos años algunos participaron de la fiesta infame de persecuciones, clonaciones de revistas, cuentas públicas ficticias y robos de toda índole (tierras privadas, hoteles y hasta terrenos del estado), y hoy, son relucientes candidatos, unos en Morena, otros en PAN-PRD.
No sea que nos pase como a Lucho, que nos toque revivir –al amparo de la estadística, como decía Borges- la peor pesadilla en aras de esta frágil democracia.
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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.
Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.
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