Jorge González Durán (izq) y Rafael Santiago (q.e.p.d) recibieron un reconocimiento de la comunidad de periodistas.

Ellos son Jorge González Durán y Rafael Santiago Campos

 

 

 

 

Luciano Núñez

Seré injusto con mi comentario: seré radicalmente imparcial.

El pasado 7 de junio la comunidad de colegas comunicadores y comunicadoras homenajeó y recordó la labor de decenas de periodistas que hicieron un valorable aporte al gremio y, recordaron con una placa en Chetumal a algunos que ya no están en este plano y, aun así, nos siguen iluminando. En ese sentido, vaya un amplio reconocimiento a los amigos y colegas del sur por tan importante labor y muestra de cariño.

Me referiré a dos amigos que forman parte de los homenajeados, uno vivo y en activo, Jorge Gonzalez Durán y otro que se nos adelantó el año pasado, Rafael Santiago Campos, en su caso, asistió su hija Candy en representación.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Candy Campos, hija del fallecido periodista, Rafael Santiago Campos, asistió el 7 de junio al homenaje realizado en Chetumal.

De Jorge admiro su doble faceta de escritor y periodista, su gran calidad humana y generosidad a la hora de abrir espacio a nuevos colegas y mantener un espacio abierto de diálogo y camaradería. Sus libros forman parte ya de la historia de Quintana Roo, como su obra sobre los Rebeldes Mayas, y líneas de ese libro forman parte del monumento a la Historia de Quintana Roo en Cancún. Voraz lector, su casa es una biblioteca viva que se nutre con las visitas de quienes tenemos el privilegio de recorrerla. Imagino que debería ser el día de mañana (en algunas décadas) un espacio histórico para quienes quieran conocer la historia de Quintana Roo. De él conservo libros y consejos, su participación generosa en la antología de poetas de Quintana Roo que hice hace dos años.

De Rafa Santiago he hablado íntegramente en una columna, porque fue responsable de mi llegada a Quintana Roo, donde he forjado una historia que me ancló con sus paisajes y su gente. Amigo generoso, de un vastísimo conocimiento de las letras y amante de los códices mayas. Fue también responsable de abrirle las puertas a decenas de colegas que hoy nutren el periodismo que se hace en Quintana Roo. Valiente y obstinado, vaya también un amplio reconocimiento para él.

Disculpen la parcialidad del comentario, por ello la advertencia inicial.

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