La construcción de una cafetería en un espacio emblemático de Chtumal, además de las fallidas leyes y juicios de esta legislatura, revelan la decadencia de uno de los poderes del estado.

Es desde hace años uno de los congresos más caros e improductivos del país, según IMCO.

Luciano Núñez

 

Por Luciano Núñez

“Ilusiones perdidas” es el título de una de las obras capitales de un ambicioso proyecto editorial llamado «La comedia Humana«, de Honoré de Balzac. Si bien el libro se centra en el mundo editorial, a través de su personaje central, Lucien de Rubempré, quien busca primero triunfar como poeta en París, donde se enfrenta a los usureros y estafadores, la trama revela una crítica mordaz a la sociedad y a la situación política que atraviesa la Francia de la Restauración: una sociedad clasista, marcada por el signo de la pérdida, la desilusión y el poder del dinero.

Publicada en tres partes, entre 1836 y 1843, bajo los títulos: Les Deux Poètes («Los dos poetas»), Un grand homme de province à Paris («Un gran hombre de provincias en París») y Ève et David («Eva y David»), el libro narra cómo las esperanzas provincianas pronto se vean frustradas por el lujo y la compacta corrupción de los sueños.

Desatinos y otros yerros

La obra elegida en esta Nadería alude al grave desencanto que ha significado la Legislatura de Quintana Roo en los últimos sexenios.

Basta recordar aquellas sesiones en hoteles para aprobar cuentas públicas y pactos inconfesables; aquel muchachito que aprovechó —su fugaz y fallido paso— para adquirir tecnología blockchain en la fiebre por las criptomonedas; la parálisis por las luchas internas de Morena; las nóminas repletas de militantes del partido de moda o, la última afrenta al pueblo capitalino: la destrucción de su patrimonio cultural e histórico. Pareciera que Quintana Roo está condenado a supurar a través de unos de los poderes del Estado, en vez de ser faro de crecimiento y desarrollo para una mejor calidad de vida.

Escabroso final

En el último tramo de esta legislatura, encabezada por Morena, hemos visto acaso una de las peores muestras de incompetencia en los últimos años: crearon leyes que vulneran derechos humanos, intentaron enderezar un juicio a Aguakan—sin facultades para ello— con pérdida de tiempo y dinero consumidos en ello y, como epílogo, construyen una cafetería sobre un espacio emblemático de Chetumal, para lo cual, fue removida de su lugar original la estatua de Don Andrés Quintana Roo.

Aclaró Congreso que la estatua original de Don Andrés Quintana Roo está íntegramente resguardada.

Hablar del trasfondo del tema ya resulta escabroso: tamaño desinterés por la historia, la idiosincracia de la sociedad capitalina y, hasta la ley de monumentos, revela el indigente sedimento cultural y político de quienes se despiden de la noble tarea de encabezar uno de los tres poderes del Estado.

En ello, los partidos políticos tienen gran parte del peso de la culpa: eligen para representarnos a personajes que, quizás no son malas personas, simplemente no entienden dónde están parados. Porque así funciona el sistema político: los ciudadanos elegimos a quienes, en realidad, eligen en los partidos que, huelga decirlo, han fracasado en su tarea de elegir a las y los mejores para legislar.

No nos representan personajes que, inmersos en una nueva vida, como el personaje de Balzac, se pierden en los oropeles; en este caso, en las camionetas de moda y rápidamente adoptan una actitud soberbia y se convierten, de la noche a la mañana, en especialistas del derecho y en viles comerciantes, ahora hasta con negocio en el propio recinto legislativo.

Ahora que se comienza a hablar de quienes encabezarán uno de los tres pilares de nuestro sistema político, es un tiempo propicio para comenzar a dar al menos una señal de que la historia puede comenzar a ser mejor, que el sentido de la legislatura será acompañar al Ejecutivo y el Judicial para generar bienestar y prosperidad compartida, como propone la gobernadora Mara Lezama en su más que notorio esfuerzo por sacar adelante años de retraso.

Los análisis de las últimas legislaturas de Quintana Roo nos muestran —en cada conclusión de trienio— a un poder desbocado en su gasto, con representantes faltistas y una productividad que espanta, salvo en muy contadas y honrosas excepciones.

No se trata aquí, perdón por la burda ilustración, de quién repartió más Regeneración en las calles, sino de amparar a un poder del Estado que debe ser cuidado con el respeto que se merece tal investidura. Un respeto por las y los representados que, hoy por hoy, tenemos más desilusión que esperanza, a la luz de esta tristísima imagen final: Don Andrés Quintana Roo cercenado y rodando por oscuros pasillos, como una metáfora clara de en manos de quién hemos quedado.

 

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