Por Jaguar Negro

Una de las acciones de gobierno más trascendentales del gobierno de la 4T en Quintana Roo: revocación del contrato de concesión del agua potable hasta 2053 a Aguakan, pasó de noche por las fiestas decembrinas.

El poder responsable: el Congreso del Estado de Quintana Roo, evidenció una ineficiencia total para comunicar y argumentar con solidez de qué se trata todo el asunto, que se avisora, será una batalla legal de largo aliento, como ha sucedido en otros países, donde además, la concesionaria tiene récord de juicios ganados ante instancias internacionales.

La ciudadanía había votado en el proceso electoral pasado por el rechazo a la concesionaria de agua potable, es decir, había una justificación legal para echar atrás el contrato que había sido establecido hasta 2053, por un Congreso dominado por el príismo, del cual, formó parte la ahora senadora morenista, Marybel Villegas, quien como cambia de partido cambió de discurso, eso así, puntual en tiempos electorales.

Ahora, lo que se espera es que la concesionaria active su maquinaria jurídica para intentar revertir el proceso, aunque lo que ha pasado en otros países de América Latina, es que el Tribunal de la Haya ha fallado en varios casos a su favor.

Como se expuso en esta columna años anteriores, la provincia de Tucumán, Argentina, logró, así como lo hizo Quintana Roo, revertir en el plano local el contrato, sin embargo, la provincia tuvo que pagar hace ya unos lustros, una suntuosa cantidad en dólares (170 millones) por haber echado atrás la concesión. Es decir, ganó en lo político, perdió en lo económico.

Si bien Aguakan es una empresa nacional, tiene su raíz y origen de operaciones en Francia, desde la época de Napoleón con Suez. No es un hueso fácil de roer. Menos si el líder del Congreso no sabe explicar qué es lo que ha pasado, qué pasos siguen y, muchos menos, cuál es la estrategia.

Por ahora, no hubo ningún pronunciamiento desde el gobierno de Quintana Roo, ni aún después de que la empresa desplegara un duro comunicado en el que dijo: “No estamos al pendiente de las notas amarillas de los medios, ni de aquellos que buscan hacer su nombre en una carrera política, solo por utilizar nuestro nombre”, detalló.

Ya el conflicto está en marcha. Veremos qué señales da el poder que aprovechó la fiestas para tirar la piedra y esconder la mano.

Dice una canción de Fito Páez, “No es bueno nunca hacerse de enemigos, que no estén a la altura del conflicto”.

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